(editorial) mundo laboral: ganemos en derechos y en justicia social

Un reciente estudio de la OIT revela que más del 60% de la población activa del mundo, es decir, unas 2000 millones de personas, trabajan en el sector informal de la economía, la mayoría sin protección social, sin mayores derechos y sin condiciones de trabajo decente. El 93% de estos trabajadores y trabajadoras viven en países emergentes y en vía de desarrollo, lo que demuestra una vez más la desigualdad en este mundo globalizado.

Otros informes también recientes muestran que la mayoría de los trabajadores en el mundo no acceden a ningún derecho referido a la protección social. Algunos datos deben sacudir nuestras conciencias: sólo 4 de cada 10 madres de recién nacidos cuentan con alguna prestación por maternidad; sólo 3 de cada 10 trabajadores cuentan con alguna prestación para el desempleo. En definitiva, apenas el 29% de la población mundial está protegida por un sistema integral de seguridad social.

En Uruguay, el sistema de seguridad social destaca especialmente por su impacto en la región. La población protegida por al menos una garantía es por lejos la mayor del continente (94.5%) y solo superada por Canadá en las tres Américas, aunque claramente hay mucho por hacer. Las cifras sobre informalidad han mejorado notoriamente en los últimos años, aunque preocupan algunos sectores específicos en el mercado de trabajo donde sigue presente con mucha fuerza. También es especialmente preocupante el aumento registrado en las tasas de desempleo en la última medición del INE así como tendencias de más largo plazo como es el caso de la precarización en el empleo.

En ese contexto celebramos que el 1º de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, haya sido una oportunidad para detenernos en el análisis de las temáticas laborales. Como decía Juan Pablo II en su célebre “Laborem Exercens”, el trabajo tiene una expresión objetiva pero también otra subjetiva, lo que hace de esta dimensión de la vida humana una de las más importantes para el propósito de una mayor integración social. No en vano el trabajo es, luego de la familia, el ámbito más importante de nuestras vidas según evidencian numerosas encuestas para el caso nacional.

Por el trabajo expresamos nuestras potencialidades, nos ganamos la vida, establecemos contactos con otros, asumimos derechos y deberes, gestamos identidad, nos incluimos en una red de protección social, nos sentimos útiles; en el mejor de los casos, cumplimos nuestros sueños vocacionales. Pero el trabajo suele ser también ámbito de explotación, de enajenación, de autoritarismos y verticalismos, de degradación, de violencia, de pauperismo.

Desde estas páginas soñamos para que el trabajo sea un ámbito en el que ganemos en derechos y en justicia social. Y alentamos a todos aquellos que a través de diferentes espacios colectivos y comunitarios luchan para ello. Especialmente, dedicamos este Editorial a aquellos laicos y laicas insertos en el mundo del trabajo, en sindicatos, en ONGs o en políticas públicas, para que desde allí puedan contribuir a la construcción del Reino junto a tantas personas de buena voluntad que comparten sueños liberadores.

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