(testimonio): PEDRO CASALDÁLIGA

“MIS CAUSAS VALEN MÁS QUE MI VIDA”

 

Se han celebrado el 16 de febrero en Brasil los 90 años cumplidos  y los 50 de episcopado de dom Pedro Casaldáliga, uno de los últimos padres de la Iglesia Latinoamericana postconciliar. Queremos contar su historia.

Por un llamado de los obispos brasileños a la Congregación Claretiana de España a la que pertenecía Pedro Casaldáliga, este partió el 26 de enero de 1968 a los 40 años con otro compañero, decididos a fundar una misión en la región norte del Mato Grosso. De los 11 grados bajo cero de Madrid pasaron de golpe a los 38 grados de Brasil. Fueron necesarios siete días de camión para llegar desde San Pablo a la zona amazónica del Araguaia. Llegaron el 20 de julio a la misión que tenía una extensión de 150 mil kilómetros cuadrados (un tercio de España) entre los ríos Araguaia y Xingu. Había una única carretera roja y polvorienta y la casita de los misioneros medía cuatro metros por ocho a orillas del Araguaia. No había un solo médico en el área, ni correo, ni luz, ni teléfono; en la alcaldía de Sao Felix solo había tres jepp viejos y destartalados. Lo primero que atendieron los misioneros fueron las enfermedades que diezmaban a la población. Nadie tenía tierra propia; cundía el analfabetismo. El primer gimnasio o escuela de segundo grado fue construido por los misioneros con la ayuda de amigos de España. Se promovieron cursos de alfabetización.
De a poco Casaldáliga fue descubriendo que la zona estaba destinada oficialmente a ser latifundio de ganado bovino; descubrió la política de avasallamiento de los “posseiros” (campesinos sin tierra), indios y peones. A fines de de 1970 ya dom Pedro enviaba a las Autoridades del país, a la Conferencia Episcopal y a la Nunciatura su primer análisis escrito de la situación, con el título: “Feudalismo y esclavitud en el norte de Mato Grosso”. Escribía en aquel tiempo en su diario: “Rompimos con los fazendeiros, dejamos de viajar en sus coches y avionetas. Ningún explotador o colaborador podrá ser padrino de bautismo. Fue una opción que desgarraba mi temperamento de querer llevarme bien con todos, de cultivar la mansedumbre evangélica, de no apagar la mecha que humea… Fue un desgarro necesario que siempre me ha mantenido en una tensión dolorosa”.

 

CONFLICTO CON EL LATIFUNDIO

El 23 de octubre de 1971, fiesta de san Antonio Maria Claret, dom Pedro fue ordenado primer obispo de la prelatura de Sao Félix do Araguaia. No quería y ya tenía su carta de renuncia taxativa dirigida al Nuncio, cuando pasó por Sao Felix, piloteando su avioneta, el obispo Tomás Balduino que lo presionó para que no enviara la carta y aceptara. Decidió no usar anillo de oro, ni mitra, ni báculo. Como mitra llevaba puesto un sombrero de paja sertanejo.

No aceptó títulos eclesiásticos. Vestía como los campesinos de Sao Félix, de vaqueros y sandalias y le gustaba estar en medio de la gente. El anillo que llevaba, símbolo de la dignidad episcopal, era de madera de “tucum”, la palma amazónica. Para impedir su ordenación episcopal, los fazendeiros lo amenazaron de muerte y pusieron precio a su cabeza. La cabeza de Casaldáliga valía mucho dinero. El nuevo obispo, que seguirá siendo amenazado de muerte repetidas veces, se limitó a comentar: “La vida de un obispo no vale más que la vida de un campesino”. Por cinco veces bajo la dictadura del general Geisel se intentó decretar su expulsión, pero la intervención directa de Pablo VI (“quien toca a Casaldáliga, toca al Papa”) lo impidió. Dom Pedro repetía a menudo: “Mis causas, que son las causas de Jesús, valen más que mi vida”. Escribió a monasterios y comunidades religiosas pidiendo oraciones “para que fuera un obispo según el espíritu de Jesús. Mi vocación no es la de no equivocarme sino la de ser fiel a Jesús”. El mismo día de su ordenación episcopal, Casaldáliga dio a conocer su primera carta pastoral que llevaba como título: “Una Iglesia de Amazonia en conflicto con el latifundio y la marginación social”. La carta había sido escrita después que dom Pedro hubiera recorrido por tres años toda la inmensa extensión de la prelatura y recogido los aportes de sacerdotes, religiosos y laicos. La carta, que clamaba por una reforma agraria, fue impresa y difundida clandestinamente porque el Nuncio no quería que fuera publicada. A pesar de que la documentación nunca fue rebatida, el obispo fue tratado por la gran prensa como “delirante”, “demagogo”, “hombre de mala fe” y la carta pastoral fue prohibida por la Policía Federal. La Conferencia Nacional de Obispos (CNBB) apoyó el documento. Cuando le tocó ordenar al primer sacerdote de su nueva diócesis, dom Pedro lo hizo en un rancho de paja de un “posseiro”, rodeado de una abigarrada multitud que había venido a pie y a caballo de todas partes. Su plan pastoral: “Desencadenar y acelerar en el pueblo de la región el proceso de liberación total con que Cristo nos liberó”. Escribía en su diario: “La Iglesia debe ser más sencilla y servidora. El poder temporal de la Iglesia y en particular del Papa han sido una desgracia histórica. Llevamos ya muchos siglos de concordatos y convenios con los poderosos, olvidando a los pobres”. Casaldáliga siempre sostuvo que el Vaticano debería dejar de ser Estado y criticaba la aparatosa y burocrática Curia vaticana. “Me atrevería a calcular que un 70% de lo que se adjudica la Curia romana podría resolverse mejor en las Iglesias particulares y en las Conferencias Episcopales”, escribía. Mientras tanto los indios tapirapé de su prelatura iban siendo cercados inexorablemente por las carreteras, las fazendas, las empresas de minería y obligados a ir a vivir a los suburbios de las ciudades para morir en la miseria. Los xavantes soportaban la invasión y ocupación de sus tierras por parte de 700 fazendeiros que se habían adueñado de un área de 170 mil hectáreas homologada como “reserva indígena”.

 

EL ALA IZQUIERDA DEL ESPÍRITU

Casaldáliga fue el primer obispo que denunció en Brasil el trabajo esclavo. Fue uno de los fundadores de la Comisión Pastoral da Terra (CPT) y del Consejo Indigenista Misionero (CIMI), los dos organismos de la CNBB más comprometidos en la defensa de los campesinos y de los indígenas. En febrero de 2007, al cumplir 75 años pidió relevo y se quedó viviendo en su propia casa acompañando al nuevo obispo Adriano Ciocca que sigue las mismas líneas pastorales de su antecesor. Por 36 años dom Pedro había guiado la diócesis, quemando las naves con Europa. No volvió a su país ni por la muerte de su madre ni para recibir el Premio Príncipe de Asturias; no fue al Vaticano por 17 años seguidos, aunque fuera deber de los obispos ir al Vaticano cada cinco. Dom Pedro se defendió diciendo que los pobres no hacen estos viajes, pero también temía que al salir del país los generales no le hubieran permitido volver. Relató su encuentro con el cardenal Joseph Ratzinger cuando éste expresamente lo llamó para que viajara a Roma. “Me hizo reproches fraternos sobre la teología de la liberación, la misa indígena, mis viajes de solidaridad en Centroamérica etc. Cuando terminó, yo sugerí rezar juntos un Padre Nuestro. Y él, con un poco de ironía maliciosa me preguntó: ¿para que se convierta la Iglesia? Yo contesté: “sí, también para que se convierta la Iglesia”. Y añadí: “el Espíritu Santo tiene dos alas: el ala derecha y el ala izquierda. Hay que salvar las dos alas del Espíritu para que no vuele manco”. Casaldáliga sigue convencido de que “la salvación del primer mundo es el tercer mundo y la salvación de los ricos son los pobres” y de que  “el octavo sacramento es la solidaridad”. Lo que más le indigna es el neoliberalismo imperante, la hipocresía religiosa y el cansancio de los buenos. Sabe que “ayer como hoy, algunos hermanos del episcopado no han comprendido nuestras opciones” y al mismo tiempo reconoce que “es probable que en el ardor de las luchas hayamos actuado de manera poco evangélica”. Escribe: “Hay mucha amargura, desilusión, resignación entre nosotros. Pero esto es herejía, es pecado. Nosotros somos el pueblo de la esperanza, de la Pascua. El otro mundo posible somos nosotros, es el Reino de Dios que no puede fallar. El mundo necesita de una gran palabra de esperanza, de compasión y de ternura”.

Pidió el Premio Nobel para los indios, los campesinos sin tierra y los negros de Brasil. Y se quejaba: “La muerte de una ballena hoy es noticia. Aquí en Brasil en los primeros 80 años del siglo XX han desaparecido 80 pueblos indígenas y esto jamás fue noticia”. Ahora dom Pedro sufre de presión alta, de ataques de malaria y del mal de Parkinson que él llama “hermano Parkinson”. Puede hablar muy poco, está postrado en una silla de ruedas. Ya no puede escribir y responder a la cantidad de cartas que recibe; hay voluntarios que lo ayudan. Sigue viviendo en su pequeña casa de ladrillos a la vista, llena de objetos y recuerdos indígenas, con una hermosa capilla; no sale, pero recibe cantidad de gente y su puerta está siempre abierta. De él ha dicho el nuevo obispo de Sao Félix do Araguaia: “Solo por el hecho de estar vivo y presente en nuestra diócesis, él es para nosotros animo, fuerza, bandera, guía evangélica que nos inspira a todos”.

                                                          PRIMO CORBELLI

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