(cultura) Julia Esquivel: Una mística con los pies en la tierra

Continuando con la selección de escritoras latinoamericanas en diálogo con Dios, presentamos en esta ocasión a la guatemalteca Julia Esquivel (1930), poeta, líder religiosa, activista por los derechos humanos y educadora de larguísima trayectoria en intervención en proyectos sociales y culturales para atender a los más olvidados y desfavorecidos. En su poética aparece el Dios de la libertad y de la verdad, el Dios del refugio y de la recuperación frente a la tragedia de un pueblo violentado. Julia Esquivel fue testigo del sollozo y de la plegaria de un pueblo históricamente masacrado, y es ejemplo de una fidelidad y de una ética sin concesiones. Por tanto, su arte poética traduce e interpreta un sentido que se vuelve necesario y extensivo a todas las naciones latinoamericanas que han sufrido la ignominia del terrorismo de Estado.

Felizmente son muchos los textos y las ediciones bilingües que han nacido del puño de una autora que siempre dio a sus versos un tratamiento en clave femenina: “Nuestra patria, hermana, es sólo una mujer”. Una mujer ultrajada, explotada, reprimida, acallada pero con una gran capacidad de transformación y voluntad de vida. En este mundo simbólico (aunque simultáneamente tan real) asoma el amor y la fe cristiana como una característica esencial para su redención.
Uno de sus pasajes más conocidos es: “Toda Guatemala es una Rigoberta Menchú”, un texto que recuenta los acontecimientos políticos durante los gobiernos de Kjell Eugenio Laugerud García, Fernando Romeo Lucas García y  José Efraín Ríos Montt: La masacre de Panzós ocurrida el 29 de mayo de 1979, la quema de la embajada de España el 31 de enero de 1980 y la política de tierra arrasada  de 1983 llevada a cabo por “el macabro amor de Ríos Montt/ que tortura, degüella, quema y extermina/ a nuestros abuelos, a nuestra madre y a nuestros niños/ y transforma todo el altiplano en un Vietnam infernal”.  La vida de los pobres, las mujeres y los indios se entreteje con la poderosa mano masculina (“Tengo miedo del miedo de los poderosos/de la inseguridad de los burócratas,/de la egolatría de los machos,/de aquellos que disponen,/con soberbia,/y en tu nombre,/de dinero y prestigio a su antojo”). Pese a esta realidad tan desesperanzada, la tónica la marca la posibilidad de la comunicación permanente con el Dios Lliberador (“Cómo nos cuesta/ser modelados/entre tus manos/a tu imagen y semejanza! Dios de la vida/y la Vida misma, Señor de la Historia, aquí estamos,/medio lobos y medio humanos,/aquí nos tienes,/no nos abandones/te rogamos,/vuélvenos a empezar!”). La impronta y la belleza de la venida del Reino se aprecian en fragmentos como el siguiente:

 

CUANDO LLEGUE LA HORA

Cuando llegue la hora,
cambiarás mi desierto en cascada,
ungirás mi cabeza con aceite fresco
y tu fuerza conquistará mi debilidad.

Conducirás mis pies sobre tus huellas
y caminaré por la senda angosta
que conduce a tu Casa.

Tú me dirás cuándo
y por dónde,
caminaré tu sendero
toda bañada de alegría.

Mientras tanto
te pido Señor, ¡qué animes
en lo íntimo de mi alma,
La Fiesta de la Vida!
¡La de la Tumba Vacía!
¡La de la Cruz Victoriosa!

Que tu voz de Jardinero
abra cada mañana mi oído
con la noticia siempre nueva:
“Vé y dile a mis hermanos
que he vencido a la muerte,
que hay lugar para todos
allá donde se forja La Patria Nueva.

Allá,
donde la tierra, el amor y la alegría
no se compran ni se venden,
donde el vino y la leche
se comparten sin dinero y sin precio,
allá, donde todos mis hermanos pequeñitos,
se sientan como príncipes
en LA MESA DEL PADRE.”

Repítemelo fuertemente cada noche,
que has vencido
al que confunde a este mundo.

Dime que no importa
cuán amarga sea la copa de la aflicción
para que cese ya de temblar el corazón;
para que este desierto del frío desarrollo
no congele la esperanza
de estrechar Tus Manos
junto al Fuego
que crece en la Montaña,

¡Tu pueblo es la Montaña!

¡Hazte fuerte
dentro de mi,
para que los mil pretextos
con que el corazón
quiere escapar
a lo esencial,
no me hagan olvidar
que en Tu Casa,
siempre hay VINO y PAN
y que Tu Casa, Señor,
es allí en donde
los humildes buscan la Justicia,
la que brillará en la Patria Nueva,
la que ya nos ilumina
con destellos
de Tu Reino!

Otro texto fundamental es el Padre Nuestro desde Guatemala por ser una lírica que clama al Padre de los campesinos asesinados impunemente, de sus viudas y sus huérfanos y de tantas comunidades inocentes: “Qué venga tu reino de fraternidad y justicia, tu reino que no hace transacciones, tu reino que es verdad y no es mentira, tu reino que acaba con aquello que hace al hombre convertirse en una máquina y su vida en mercancía”. En este ambiente conflictivo de violencia y persecución, Julia Esquivel nos brinda su poesía insurgente como un testimonio de quien se acerca muchas veces al sacrificio. Su escritura, inspirada en la Teología de la Liberación, denuncia y encara, da cuenta de una voluntad de no olvidar, exige una revisión de los procesos históricos de Guatemala en coherencia con un presente de ruina y devastación. Solidaria con las víctimas que se ha cobrado el vaivén y el juego de poderes políticos, con agallas psíquicas para luchar contra las atrocidades de una dictadura tras otra, con una fe que no es ingenua sino esperanzada. Así podemos definir a Julia Esquivel y de ello da cuenta una propuesta literaria de alto contenido humano y metafórico pero con una dimensión contemplativa subyacente en su devenir. Florecerás Guatemala, se intitula uno de sus libros. No hay mejor nombre para una poética que vale la alegría de leerla y, por qué no, de rezarla.

 

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