EL PAPA Y LOS JÓVENES: EL CASO BLESSING

Blessing presentando “El coraje de la libertad”

En un encuentro con los 300 jóvenes del pre-sínodo el 19 marzo pasado el Papa dijo: “Hoy se quiere silenciar a los jóvenes, hacerlos invisibles, anestesiarlos y adormilarlos para que no hagan ruido, no cuestionen..Por un lado se exalta la juventud y por el otro se excluyen a los jóvenes del trabajo y la vida social. Que en Italia haya un 35% de jóvenes sin trabajo es un pecado social. Se pueden imaginar las consecuencias”. A los jóvenes sentados en el suelo alrededor del Papa, Francisco les dijo: “Ustedes no sirven para recibir el premio Nobel de la prudencia. Tengan una cara dura para decir toda la verdad que tienen adentro y también humildad para escuchar. Si se equivocan, otros los corregirán. Cuando alguien hace campaña (política) alaba a los jóvenes pero se cuida de escuchar sus propuestas o protestas. La juventud no es insensata; hay que tomarla en serio. Tenemos una cultura que endiosa a la juventud, pero por otra parte no se le permite ser protagonista”. El Papa invitó a los jóvenes “a no relacionar el amor solo con el aspecto sexual, a que tengan el coraje de elegir el matrimonio y la familia, a que no se casen solo porqué dejaron a una chica embarazada y recordó que una gran mayoría de los matrimonios sacramentales son nulos”. En el diálogo de los jóvenes  con el Papa, tuvo relevancia el testimonio de una mujer nigeriana de 30 años, Blessing Okoedion, ex víctima de la trata en Italia, que denunció como la mayor parte de los clientes de la prostitución son católicos. El Papa pidió perdón a los jóvenes y a la sociedad “por los bautizados que cometen estas acciones criminales. Esto no es hacer el amor; esto es torturar a una mujer y es un crimen de lesa humanidad. Se trata de una mentalidad enferma, por lo cual es normal que la mujer sea explotada. Cuando estas mujeres se liberan de la esclavitud, queda el estigma social; no tienen el coraje de reintegrarse a su familia y andan rodando buscando trabajo”. El Papa citó la obra del difunto presbítero Oreste Benzi y de muchas religiosas y voluntarios que se acercan a estas mujeres preguntándoles no “¿cuánto cuestas?” sino “¿cuánto sufres?” y allí empieza el diálogo que las puede salvar; este es el camino. Lo de sancionar a los clientes ha tenido escasos resultados. Blessing por su parte contó: “Yo buscaba trabajo y caí en manos de las mafias por una cristiana que frecuentaba una iglesia evangélica. Llegada a Italia me quitaron el pasaporte, me pegaron y amenazaron de muerte a mi familia si yo hablaba. Denuncié todo a la policía y me salvaron unas monjas Ursulinas de la Casa Rut de Caserta. Yo también vengo de una familia cristiana y ahora trabajo para otras chicas que viven como si fueran una mercancía: compradas, usadas y descartadas cuando no sirven más”. En el mundo hay de 40 a 42 millones de personas (el 80% mujeres) esclavas de la prostitución (el 75% entre los 12 y 25 años).

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