PERSPECTIVA DE GÉNERO

(NdR): Desde hace ya varios años, portavoces del movimiento feminista vienen preconizando una igualdad de género, o sea igualdad de derechos para los hombres y mujeres en la sociedad. Pero junto a esta reivindicación -de por sí muy legítima- hay otras que se han juzgado contrarias a los valores y el estilo de vida familiar y social de los cristianos. Por otra parte, ha habido duras críticas a la llamada “ideología de género”, desde los más diversos ámbitos. Por eso Umbrales presenta una opinión distinta sobre el tema. Una opinión de una cristiana formada en filosofía y teología, que es toda una autoridad y referente para muchos de nosotros: Rosa Ramos.

Por qué no “ideología” y sí perspectiva

Agradezco en primer lugar la propuesta del Pbro. Eduardo Ojeda al invitarme a escribir para Umbrales sobre un tema candente. Acepto con temor y temblor, pero también con la parresía de mujer cristiana a la que invita San Pablo. Mi interés -diría mi vocación- por descubrir el paso de Dios en la historia, así como las oportunidades de aprendizaje y diálogo abierto(1), me han permitido ir construyendo una “mirada teológica” que comparto cuando me lo piden.

El tema candente suele aparecer bajo la expresión “ideología de género”. Yo voy a plantear una “perspectiva” de género. No quiero aburrir a los lectores y no me parece adecuado para la revista hacer un planteo filosófico sobre teorías del conocimiento, pero mínimamente debo señalar desde dónde escribo.

Hablo de “perspectiva” en el sentido de ortegueano: el conocimiento es siempre perspectiva, si superamos las posturas realistas e idealistas, objetivistas y subjetivistas. (José Ortega y Gasset lo expone en la primera mitad del siglo XX, es decir no es una novedad). Y hace ya varias décadas se viene asumiendo a nivel científico y social-humanístico el paradigma de la complejidad, difundido sobre todo por Edgar Morin. La realidad no es simple, es compleja, y es necesario para abordarla un método que no divida, simplifique y oponga –vale decir de modo muy simple hay que superar el método cartesiano y la lógica binaria (verdadero/falso)-. Este brevísimo preámbulo es necesario para pensar el tema, de lo contrario nos enredamos en posturas gnoseológicas superadas, mucho antes de los autores mencionados, ya desde Kant (1724-1804). En suma, a veces discutimos temas actuales con categorías anacrónicas.

También es necesario decir que los términos, las palabras escogidas son importantes porque son performativas: provocan sentimientos y crean realidades a veces, y fantasmas otras. Las palabras tienen un enorme poder: pueden acercar, unir o distanciar, dividir, enemistar; invitan al diálogo o lo bloquean.

El término “ideología de género” tal como se utiliza habitualmente  implica desprestigiar, desvalorizar, tildar de falso y de perverso algo que a mi juicio no lo es. Se llama Ideología a un sistema de ideas equivocado, cerrado –dogmático-, y peligroso(2). Por eso me niego a usarlo. Elijo el término “perspectiva de género” por más respetuoso, también más humilde y evangélico. Quisiera invitar a todos –católicos o no, creyentes o no- a una revisión de posturas que nos enfrentan más en un Uruguay cada vez más radicalizado en diversos temas.

A los lectores de Umbrales, seguramente católicos, invito a una reflexión serena y abierta; en este tiempo de conversión de Cuaresma y de cara a la Pascua, “dejémonos reconciliar por Dios” (2 Co. 5, 20) y “busquemos primero el Reino de Dios y su justicia” (Mt. 6, 33), antes que seguir atizando enfrentamientos entre hermanos y paisanos.

La perspectiva de género es necesaria (3)

Quizá para entrar en clima, podamos leer o recordar el pasaje de Lucas 13, 10-17 en que Jesús cura a una mujer que llevaba encorvada 18 años. La perícopa no termina con la curación de la mujer, sino con la indignación de muchos porque la curó en sábado. ¡Se perdieron el milagro!

Ni Lucas recuerda el nombre de la mujer, al menos no lo dice. Pero brevemente nos ubica en su dolorosa realidad de 18 años de vivir encorvada, doblada sobre sí, sin poder mirar a los ojos, ¿hubiera podido hacerlo de no estar encorvada? Tampoco, no le era permitido. La realidad de postergación de las mujeres es muy antigua, creo que esta afirmación no necesita demasiada explicación, llevamos siglos de cultura patriarcal, y sólo hablando de Occidente…

Las sociedades y las culturas son precisamente “cultivados”, construidos. Son hechura humana compleja, fruto de un largo proceso. Esto ha sido estudiado largamente en el siglo XX, somos creadores de cultura y creados por la cultura a la que pertenecemos, de ahí que los paradigmas culturales sean tan resistentes. Permítanme otra breve digresión conceptual.

Un paradigma –científico o cultural- tiene en su origen factores económicos, políticos, religiosos, sociales, etc, que lo hacen posible y hasta deseable en determinado momento histórico. El paradigma se autoinstituye y una vez que se convierte en dominante olvida e invisibiliza su génesis, los factores que permitieron su consagración. Más aún, se introyecta, de modo que no está –sólo- afuera sino que coloniza las subjetividades y se refuerza por diversos medios, a veces mediante recursos muy convincentes y seductores. Lo propio de un paradigma dominante es mostrarse a sí mismo como “natural, obvio, necesario, y eterno.” (4)

Las ciencias avanzan, esto lo planteó Thomas Khuhn en 1961, y las sociedades cambian cuando cambian los paradigmas. Esto supone una serie de etapas, que van desde el estado “normal” (cuando funciona y da respuestas a la realidad), hasta su sustitución por uno nuevo. Pero antes hay un período de “crisis del paradigma”, cuando los problemas y las anomalías son percibidos y no pueden ser ya solucionados dentro del mismo marco teórico y/o convenciones previas. La crisis se resuelve por medio de profundos cambios, o revoluciones –científicas y/o sociales-.

Volviendo al tema que nos interés: el paradigma patriarcal ha sido el dominante durante siglos, con todo lo dicho de la génesis e instauración de un paradigma hasta convertirse en hegemónico. El varón era el modelo acabado de ser humano, a nivel filosófico y de derechos (a modo de ejemplo la Declaración de los Derechos del hombre y el ciudadano de la Revolución Francesa). El paradigma privilegiaba al varón a todo nivel y relegaba a la mujer a la esfera doméstica, a su “función natural” de paridora y criadora, a lo sumo le permitía ciertas funciones y “oportunidades” afuera en tanto no desestabilizara el status quo patriarcal.

En el caso del pasaje de Lucas, la mujer asistía al templo, en la parte destinada a las mujeres, separada de los varones, detrás de una especie de esterilla que le permitía presenciar muda y a distancia el culto. No obstante Jesús la ve, la distingue, la llama, la pone en el centro.

Este sistema patriarcal está en crisis. De diversos modos y con distintos empujes viene siendo cuestionado desde el siglo XIX, y estamos en el XXI. Las crisis no son fáciles, muchas veces se producen excesos, actitudes duras, fruto de movimientos pendulares, de un extremo al otro. (5)

Las crisis de paradigma generan temor, angustia, desconcierto. Parece que todo está mal o que se pierde todo lo conocido y hasta todo lo sagrado. Si miramos con serenidad, lo que se pierde es un sistema o modelo humano construido históricamente. Nuevas situaciones económicas, políticas, sociales, culturales… llevan a la crisis del paradigma, es decir las nuevas realidades no pueden ser ya contenidas en los esquemas o modelos anteriores. Una crisis se da porque los odres viejos se rompen ante vinos nuevos. (Mc. 2, 22) ¡Lo dijo Jesús antes que Kuhn!

Pero a la postergación de la mujer en diferentes ámbitos: familiar, social, laboral, político y religioso, que “no da para más”, se suman sobre todo los hechos más recientes de violencia de género, por todos conocidos. El mundo ha cambiado, la cultura ha cambiado, ¡la conciencia ha cambiado! Intercalo aquí una anécdota, algo que hace pocos días me contó una mujer y que muchos reconocerán haber oído alguna vez en sus propios ámbitos.

Una señora me relató que fue testigo de las golpizas de su abuelo a su abuela, luego por parte de su padre a su madre, de tal modo que cuando ella se casó hace 25 años, daba por natural la violencia y la esperaba de su marido cada día. La primera paliza no llegaba, el marido nunca fue violento con ella, y eso la sorprendía y desconcertaba, al punto de ir a hablar con el sacerdote y plantearle esa “extraña situación”.

Aquí vemos el cambio de conciencia, el erguirse de esa mujer encorvada, al “darse cuenta” que se podía vivir en un hogar sin violencia, y más aún, descubrir que lo que vivieron su abuela y su madre fue algo injusto e indigno. De esta toma de consciencia surge una praxis a favor de la no violencia, no en contra de los varones, ni en contra de la familia, sino a favor de la vida, de la integridad física psicológica y espiritual de todos los miembros de las familias.

La mujer curada por Jesús “se enderezó y comenzó a alabar a Dios”. No dice el texto que luego fuera una de las seguidoras, no nos dice el modo en que allí en el templo alabó a Dios. Por nuestra cultura solemos creer que alababa a Dios en voz alta, con oraciones o salmos. Nada dice el texto, pero la teóloga Mariola López Villanueva (6) nos sorprende con otra mirada, una mirada con sensibilidad de mujer. Dice que la mujer curada alaba a Dios al erguirse.

¡La postura erguida es ya la alabanza a Dios! El Dios que vino a revelar Jesús es el que comunica vida abundante (Jn. 10,10), plena, digna. No de esclavos, sino de hijos y herederos…

Claro que la toma de conciencia a veces encierra peligros. Sabemos que muchas veces allí donde la mujer accede a otras formas de relacionamiento y va tomando conciencia de sus derechos humanos e inalienables como persona, crece la violencia de algunos -no quiero generalizar- varones que se sienten amenazados y temen esa mayoría de edad de las mujeres. Temen y agreden desde su paradigma de dominio, autoritarismo y “propiedad”. Como los que presenciaron el signo de Jesús y no se alegraron, se escandalizaron, pusieron por delante de la salud y la dignidad de la mujer la “ley” del sábado. ¡Que no nos suceda también hoy esto!

Ante esta nueva conciencia de Derechos, y ante estas problemáticas sociales que nos golpean cada día en los noticieros, necesitamos una “perspectiva de género”, una mirada que haga foco en las víctimas, que defienda la vida y todos los derechos humanos de las mujeres y niñas.

Eso implica muchas y diversas políticas públicas –no sólo a nivel de legislación-, que de hecho se van planteando, aunque quizá lentamente y no sin oposición y sin enormes dificultades.

¿Feminismos, teologías feministas en la Iglesia?

Parece parte del tema candente, puesto que alguien me preguntó estos días ¿Se puede ser católica y feminista? Me sonreí y en seguida recordé a San Alberto Hurtado, sus imágenes de la Iglesia como una sinfonía musical o un arco iris, y la regla que propone: Alabar a Dios por lo que yo no hago y otros hacen (o creen), “¡No medir el Espíritu divino por mis prejuicios!” . (7)

A lo largo de dos mil años la Iglesia aceptó muy diversas formas de “imitación” o “seguimiento de Cristo”. Unos quisieron ser misioneros en tierras extranjeras, otros mendicantes, otros doctores y predicadores, otros atender a los leprosos, otros a los intelectuales, otros dedicarse a los obreros, otros a la educación… unos quisieron vivir en el desierto como ermitaños, otros ser monjes en medio de la ciudad, otros vivir en el mundo, vestidos como el pueblo pobre, otros quisieron ciertos privilegios para estar junto a la realeza, otros apoyar a los combatientes en la guerras… Y pese a que a unos algunas nos generan dudas, a todos aceptó la Iglesia…

No podemos cerrar los ojos a las diferencias, a posturas incluso muy antagónicas a partir de las interpretaciones de las Escrituras subrayando un aspecto y adoptándolo como carisma. Así mismo tampoco podemos desconocer que subyacen a esas opciones factores socioeconómicos políticos y culturales. Ni desconocer la evolución histórica de la mayoría de esos grupos de cristianos, que fueron aggiornándose en sus autocomprensiones teóricas, y respondiendo a las necesidades de cada tiempo.

¿Por qué entonces no podrían ser parte de la Iglesia las feministas? Las mujeres que desde hace más de un siglo (y otros tiempos también las hubieron con peor suerte) vienen luchando pos sus derechos en un mundo que se ha empeñado en ignorarlos o pisotearlos.

¿Y no son parte de la Iglesia las teólogas feministas, muchas de las cuales son “Doctoras” en Teología, habiendo estudiado en prestigiosas universidades, igual que los teólogos varones?

De hecho existen diversas Teologías –no nos escandalicemos, se perciben ya en la redacción de los 4 Evangelios en el siglo I, -que de algún modo responden a las filosofías y culturas de espacios-tiempos diversos. Es cierto que en ciertos períodos históricos se pretendió uniformizar bajo una única teología dominante, pero la realidad es que los teólogos siguieron pensando y produciendo. Siguieron viviendo honestamente su fe en Dios desde las categorías intelectuales que iban asumiendo. Coexistieron antes y coexisten hoy diversas Teologías.

No podemos desconocer que también existen hoy diversas teologías feministas, europeas, latinoamericanas, afro, con intereses y acentos diferentes. No me refiero a teología que habla sobre las mujeres, ni tampoco sólo teología escritas por mujeres, sino a producciones teológicas sólidamente fundamentadas concebidas desde la perspectiva de mujeres creyentes, de mujeres biblistas, ayudadas también –como los varones- por las hermenéuticas disponibles para acceder a los textos y para interpretar la realidad.

Algunas corrientes reclaman el Diaconado Femenino, (8) y el Papa Francisco no ignora ese planteo, ha hablado públicamente de la necesidad de estudiarlo. Personalmente, quizá por haber elegido la vida laical, escucho y respeto el reclamo, pero me inquieta más cómo lograr la equidad y la plenitud de vida de las mujeres en la sociedad y en la cotidianidad.

Fe cristiana, praxis cristiana y convivencia democrática

Nadie puede impedirnos vivir el Evangelio”, decía el muy querido sacerdote uruguayo Pepe Bonifacino. Creo que los valores humanos y cristianos de las personas y de las familias no están amenazados en este Uruguay para los católicos; tenemos la libertad de cultivar los valores que en conciencia creamos importantes (GS 16). Así como de educar a nuestros hijos en ellos, proponiéndoles cuidar la vida, la intimidad, valorar su cuerpo y tratarlo como templo del Espíritu, cuidar a los otros pues también lo son, generar vínculos responsables, ser fraternos, estar atentos al dolor de los vecinos y del mundo, y tantos otros valores evangélicos.

Otra cosa es pretender que la legislación de un país plural, y tradicionalmente multicultural como el nuestro, se haga en función de ciertas concepciones de una religión concreta.

La legislación en un Estado democrático pretende asegurar un marco de convivencia para todos los habitantes. Al mismo tiempo es cometido de las leyes ajustarse a los cambios sociales y culturales, procurando la defensa de los más débiles, y asegurar sus derechos.

Digámoslo claro, ninguna ley ha sido promulgada en este país que obligue a las mujeres a abortar, de ahí que cualquier mujer en función de su conciencia, filosofía o religión, tiene asegurado el derecho a culminar sus embarazos y ser madre. Así como también cuenta con un Sistema de Salud y de Protección Social que tiene por finalidad asegurar su salud y la de la criatura engendrada. Por otra parte, la Ley N° 19.075 del Matrimonio igualitario, no obliga a nadie a casarse con una persona de igual sexo. Sólo da oportunidad que quienes -en conciencia y libertad- quieran, puedan hacerlo, y expresar públicamente su relación.

A mi juicio no nos hace bien a los católicos y los cristianos en general sentirnos amenazados, ni contribuimos al bien común actuando en forma apologeta. Podemos vivir encarnados en esta realidad y tiempo, con alegría y entusiasmo. Nadie nos impide vivir el Evangelio, ni ser lo que estamos llamados a ser: fermento en la masa, una pequeña porción de levadura que se hace invisible en una gran cantidad de harina, pero leuda y luego se convierte en pan para todos.

Estamos en tiempos de crisis de paradigma, sí. Busquemos con otros y otras un nuevo paradigma que asegure la vida y la igualdad de todos y todas. (9) Seamos constructores de paz, de convivencia, de relaciones más fraternas –ese Reino que Jesús anunciaba y gestaba con palabras y gestos de aldea en aldea: “pasó haciendo el bien” Hc. 10, 38)-.

Somos parte del pueblo y somos también parte del problema y de la crisis de estos tiempos, no estamos afuera del mundo en un atalaya distante, sumemos esfuerzos para que todos los uruguayos, varones y mujeres puedan ejercer el derecho a la vida y a la dignidad de hijos e hijas de Dios.

“Nada podrá separarnos jamás del amor de Dios…” Hagamos nuestra esta fe que profesa San Pablo al final de su carta a los Romanos. (8, 38-39) y vivamos con renovada esperanza el ser cristianos hoy y aquí.

 

Rosa Ramos

(Notas):
(1) Muchos me conocen por las actividades eclesiales, cursos, exposiciones, etc, pero sobre todo por mis escritos. De todos modos me pidieron aquí una presentación de mi formación, aquí va: Profesora de Filosofía; Diplomado en Educación y Pastoral Educativa; Maestría en Ciencias Religiosas (luego del sexenio de Teología para Laicos y la defensa de la tesis). Mi formación teológica en los últimos 20 años ha sido ampliada con muchas lecturas y la participación en Congresos. Ser parte de Amerindia ha contribuido grandemente a la formación permanente. También la confianza que me han brindado algunos teólogos uruguayos y extranjeros reconociéndome como interlocutora válida, ha sido de mucho apoyo y estímulo para avanzar en este camino.
(2) Aclaro, por si acaso, para lectores conocedores de Juan Luis Segundo, que dicho teólogo uruguayo utiliza el término “ideología” en un sentido bien diverso, y positivo. La entiende como un medio: “todo sistema o estructura de eficacia”. Fe e ideología son para él dos dimensiones de la existencia humana, no iguales pero complementarias, por la fe estructuro valores, apuesto por ellos, por la ideología conozco la realidad y realizo los valores.
(3)  Invito a leer en la Agenda Latinoamericana 2018 el breve, claro, y excelente artículo de la también uruguaya y colega Carolina Clavero.
(4)  Un libro muy interesante para quienes quieran profundizar el tema de los paradigmas (no se refiere en absoluto al patriarcal, es un planteo filosófico más general) es el de María J. Regnasco: El poder de las ideas. El carácter subversivo de la pregunta filosófica. Editorial Biblos. BsAs 2004.
(5) Ver la serena reflexión, profundamente cristiana, del Obispo Auxiliar de Montevideo, Milton Trócoli, ante ciertos excesos cometidos por una minoría el 8 de marzo, y sobre todo ante la catarata de comentarios posteriores que nada bien le hacen a la democracia y la convivencia, (click para leer en facebook de Milton Troccoli) 

(6) Mariola López Villanueva. Ungidas: un itinerario de oración con relatos de mujeres. Editorial Sal Terrae. 2011.
(7) Alberto Hurtado. Un fuego que enciende otros fuegos. Páginas escogidas. Concretamente me refiero al texto “Reglas para sentir con la Iglesia”. Pontificia Universidad Católica de Chile.
(8)  En este sentido llevan la delantera proponiéndolo hace años en Congresos las teólogas norteamericanas (Joan Chittister, Elizhabeth Jonson…) y europeas asociadas por ejemplo la Fundación de Intercambio cultural Alemán Latinoamericano, ICALA, presidida por una mujer, la Dra (Margit Eckholt). Algunas lo argumentan en América Latina (Virgnia Azcuy, Isabel Corpas, Consuelo Vélez…) Pero también se oye este clamor de voces de teólogos varones , yo misma he oído en varias oportunidades al sacerdote argentino Carlos Schckendantz.
(9)  Corría el año 1984, año de apertura democrática, año de grandes decisiones. En la parroquia de Pocitos, el teólogo uruguayo Juan Luis Segundo dio uno de sus ya por entonces clásicos cursos a pedido del párroco y de la feligresía. Me interesa señalar aquí que luego de hacer un examen exhaustivo de las grades cartas de San Pablo, finaliza con tres conclusiones de gran vigencia: 1. No tengan miedo; 2. No existen instrumentos puros; 3. No debemos ser simplemente críticos de los proyectos de los demás.

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