(entrevista) “LAS MUJERES TENEMOS UNA VOZ MÁS LIBRE”

Lucetta Scaraffia

Esta entrevista ha sido hecha por la revista italiana “Famiglia Cristiana” a Lucetta Scaraffia, profesora de Historia de la Iglesia y directora del suplemento femenino “Mujeres, Iglesia y Mundo” de “L´Osservatore Romano” el 9 marzo pasado. Las preguntas fueron sobre el impacto mundial que tuvieron sus denuncias sobre discriminación de religiosas.

 

¿Cómo han surgido sus denuncias?

Desde hace siete años, es decir desde que existe este suplemento femenino, hemos recogido una infinidad de testimonios. En esta ocasión hemos dado lugar al trabajo desconocido de las religiosas, de las que hemos recibido también una gran cantidad de testimonios.

El artículo ha sido demoledor. ¿Cuáles han sido las reacciones?

Hubo un gran interés: pedidos de entrevistas, mil reacciones positivas de todo el mundo, inclusive del Vaticano. Y después de la publicación también hemos recibido otra oleada de cartas de religiosas que cuentan sus experiencias.

¿Hay una cuestión femenina entonces también en la Iglesia?

Seguramente. No por nada el Papa habla de este tema a menudo; según él hay una mentalidad machista en la Iglesia y no se entiende que el servicio no es servidumbre.

¿Hay un concepto equivocado de servicio?

El servicio de las religiosas debe ser en orden a la evangelización y dirigirse a los débiles, a los enfermos, a los pobres y no a los poderosos y a los fuertes que pueden arreglarse por sí mismos. Además hay monjas jóvenes que trabajan para poder pagar los estudios; pero en este caso debe haber un sueldo y un horario de trabajo, lo que muchas veces no sucede. Son personas consagradas, no las chicas de los mandados.

¿Y cuál fue la reacción de los que son llamados en causa?

El silencio. Nadie ha tenido el coraje de desmentir. Se defienden diciendo que las suyas son empleadas y no esclavas porque las tratan bien.

En estas religiosas hay un gran potencial que podría ser más valorado.

Seguramente. Las mujeres en la Iglesia son subestimadas, subutilizadas o su trabajo no es reconocido. No es justo ni en el caso de una pobre monja semianalfabeta que viene de Ecuador. Se le tendría que dar la instrucción necesaria y que pudiera sentarse a la mesa de los sacerdotes que sirven.

¿Hay miedo a hacerse sentir?

El problema es que en la Iglesia las mujeres no son escuchadas. No se les pide su punto de vista. No se las consultan cuando se decide algo en la Iglesia; como si no existieran. Por otra parte no es de extrañar porque desde hace siglos la Iglesia está acostumbrada a pensarse como un mundo masculino autosuficiente.

¿No hay contradicción con el Evangelio?

Es una contradicción total. Y esto lo sabemos hoy porque algunas mujeres biblistas desde hace 20,30 años después del Concilio, han releído el Evangelio redescubriendo el rol de las mujeres. Hasta ahora en los comentarios y en las homilías existían solo Jesús y los apóstoles varones. La misma Magdalena, la primera que dio el anuncio de la resurrección, siempre ha sido presentada como una pobre prostituta arrepentida, aunque el Evangelio no diga eso.

¿Cuál es el cambio más urgente y realizable?

Hay que dar más voz a las mujeres. Es increíble que el Consejo de Cardenales nunca haya escuchado aunque sea a una religiosa. Las mujeres, no pretendiendo hacer carrera en la Iglesia, tenemos una voz más libre.

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