NIGERIA: HISTORIA DE REBECA

Rebeca con su marido, Bitrus, y sus hijos Zacarías y Cristóbal

Junto con los familiares de Asia Bibi fue recibida en el Vaticano por el Papa Francisco el 24 de febrero la nigeriana Rebeca Bitrus, católica de 28 años. Padeció a lo largo de dos años una esclavitud brutal por parte del grupo terrorista Boko Haram y ahora contó su historia al Papa que la escuchó largamente y a los periodistas. “Me secuestraron el 28 de agosto de 2014; antes había ayudado a mi esposo a escapar para que no lo obligaran a enrolarse en la guerrilla y yo me quedé con los hijos. Me redujeron a una total esclavitud. Después de un año me pidieron que me hiciera musulmana, pero yo no renuncié a mi fe. Creo en Jesús y a pesar de cualquier cosa que me hagan, nunca renunciaré a mi fe.

Las mujeres éramos usadas también como escudos humanos cuando Boko Haram era atacado por el ejército. Trataban de convertirme al Islam con todos los medios, hasta que me encerraron en una jaula por tres días bajo tierra sin alimentos ni agua. Es la fe que me ha ayudado a sobrevivir y a luchar; es Dios que nos salva. Por represalia, porque yo no había renunciado a mi fe, tomaron a mi hijo Jonatán de poco más de un año y lo tiraron al río donde enseguida se ahogó. Me obligaron por la fuerza a tener relaciones con un nuevo marido atándome manos y pies; di a luz a una criatura en la soledad de la selva y lo llamé Cristóbal. En 2016 logré escapar durante un ataque del ejército con los dos niños que me quedaban. Caminé por 28 días comiendo hierba, fruta salvaje y tomando agua de lluvia hasta llegar a un puesto militar. Me ayudaron a reencontrar a mi marido y un alojamiento provisorio en un edificio parroquial de la diócesis de Maiduguri. Gracias a la organización católica “Ayuda a la Iglesia que sufre”, estoy en Roma. Si ahora muero, ya alcancé la máxima felicidad con ver al Papa. Todo el sufrimiento quedó atrás. La gran alegría que tengo es que no he renunciado a mi fe. No fue por mis méritos. Dios me ayudó porque cuando estuve con esas personas, me torturaron, me abusaron pero Dios me sostuvo. Durante mi prueba recordé la pasión de Jesús que fue capturado y crucificado pero perdonó a sus verdugos, incluso al ladrón. Entonces yo también quise imitar a Jesús y perdoné a todos ellos”. Rebeca y su marido acogieron como suyo también el hijo de la violación; el Papa les dijo: “También él es un don de Dios”.

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