EL SALVADOR: ROMERO, SANTO INCÓMODO

Mientras la canonización de Pablo VI ya está establecida para octubre, durante o al finalizar el Sínodo de los Jóvenes, la de Romero que también es inminente podría ser en enero próximo durante la Jornada Mundial de los Jóvenes en Panamá. Fue el papa Francisco que nombró a Romero como patrono de la juventud. Sin embargo es más probable que su canonización se realice en Roma; significará la universalización de su figura y de su mensaje para toda la Iglesia. Sin embargo en El Salvador la Iglesia insiste en que la ceremonia se realice en su tierra natal a fin de que también los pobres puedan participar, con una parada del Papa antes de ir a Panamá (si bien hasta ahora un viaje a El Salvador no está en la agenda papal).  Se piensa que podría ser un paso más inclusive para la beatificación del p. Rutilio Grande, también asesinado por los escuadrones de la muerte en El Salvador y cuyo proceso de beatificación se ha empezado hace un año; también podría quedar reivindicado el martirio de los jesuitas de la UCA. El cardenal Gregorio Rosa Chávez dijo: “Nos gustaría que el Papa canonizara en El Salvador a Romero y beatificara también a Rutilio Grande. Romero es un santo incómodo, pero es un santo actual para el mundo de hoy y el Papa ve en él a un ícono como pastor de la Iglesia que pretende: pobre para los pobres. Se dice fácil, pero eso se consigue con sangre. Romero fue alguien que siempre buscó lo que Dios quería de él; eso lo llevó por caminos impensables. El que era de carácter tímido, pusilánime llegó a enfrentar con increíble valentía a los poderes de este mundo. Fue un hombre coherente que nunca pactó con el mal ni con el poder, ni huyó de sus responsabilidades. Caminó con el pueblo, se hizo pueblo y corrió sus riesgos. Esta canonización es un regalo de Dios para que nos reconciliemos en El Salvador y cese la violencia”. Rosa Chávez también piensa que sería un momento fuerte para celebrar los 50 años del documento de Medellín, que tanta importancia tuvo en la vida del mártir y para la Iglesia Latinoamericana. Romero había tenido dificultades en algún momento con Juan Pablo II, pero su antecesor, el papa Pablo VI, le había dicho: “Comprendo su difícil tarea; es un trabajo que puede ser incomprendido y requiere de mucha fortaleza, pero sigue adelante con paciencia, fuerza y esperanza”.

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