(cultura): el sentido religioso en la Poesía de Mujeres latinoamericanas

La poesía de Rosa Cruchaga:
entre lo más distante y lo inmediato

 

En el mes de las Mujeres, Umbrales pretende divulgar a aquellas que han aportado a las Letras latinoamericanas la belleza de algunas producciones literarias que por diferentes circunstancias han sido silenciadas u olvidadas. Este rescate, que escapa a las figuras comunes y canónicas de la tradición literaria, nos interesa en función del sentido religioso de un corpus cuya subjetividad femenina explora diferentes modos de experimentar la realidad de Dios y de pensar las conformaciones culturales de una nación. En esta oportunidad nos detenemos en algunos aspectos de la poesía de Rosa Cruchaga, primera escritora en ocupar un puesto en la Academia de Letras Chilena.

La luz que se hace carne

No es lo mismo hablar del sentido de la poesía religiosa que del sentido religioso de la poesía. Son cosas muy distintas. Para este trabajo en particular nos enfocamos en la preocupación religiosa de una autora que traduce una posición vital y un tipo de manifestación artística que se orienta permanentemente a Dios. Rosa Cruchaga nació en 1931 en Santiago de Chile y fallece en la misma ciudad en 2016. Desde muy joven y hasta que se jubiló en 1995, dio clases de religión y de Catequesis en varios colegios. Ha publicado más de una docena y media de libros, y en cada uno de sus trabajos se permea una visión nueva de lo habitual. Así lo señalaba Pablo Neruda en el prólogo de Raudal (1969): “La poesía interrogativa de Rosa Cruchaga trepa por los sentidos haciéndose preguntas transparentes: es una enredadera de cristal. Inocencia y examen, conciencia y contradicción forman sus esencias, tanto el asombro infantil como la exploración metafísica no se dan tregua en su canto. Donde sea, se pregunta uno: ¿camina Rosa por un camino rural, entre álamos y ganado, o quiere subir al cielo, tocando la puerta desconocida con fervor angustioso? Lo cierto es que donde pone su mano blanca brilla el rocío, con rastros de la noche sombría, con la también fragancia de la matutina hierba. Contradictoria y delicada, dulce pero jamás almibarada, su presentimiento la rige como una conducta. Canta entre vacilaciones, indecisa entre lo más distante y lo inmediato, entre la verdad real y el misterio deseado”.

Poesía como sobremundo

Sostenida por la realidad temporal esta lírica es una sólida experiencia de fe en la búsqueda de una dimensión trascendente. Abundantes nombres de personas y lugares y un trato próximo con la naturaleza y con los objetos dan un testimonio hermoso no solo de la vida personal de la autora sino también de la temática preferente de sus versos y en su forma de ver cuanto la rodea. Apunta certeramente al Dios trino y uno, al Padre misericordioso, al Hijo que salva desde la cruz y al Espíritu al que denomina “viento enardecedor y renovador”. Orientada hacia la Persona Divina, Rosa dice con sus propias palabras que su producción poética busca: ” crear otra realidad que se sitúe de manera intermedia entre la realidad sensible y la que aún no es perceptible para mí, mientras vivo en el tiempo. Quiero que ese sobremundo sea como una antesala de la experiencia mística a la cual no me allegué en esta vida. Para lograrlo abstraigo de los objetos lo que en ellos intuyo de permanente“.

En cada verso campea la necesidad de estar cerca de Dios pero haciendo puntería con  una mirada límpida sobre el ser humano. Subsidiaria a esa proximidad divina, y precisamente por eso, aparecen en sus estrofas el desayuno, el teléfono, la silla, la siesta, el bus, el ascensor, pero no como elementos metafóricos, sino como experiencias inmediatas de lo cotidiano doméstico típicamente chileno. Entre el desenfado coloquial, el decir elíptico y el abordaje directo se dan asociaciones asombrosas teñidas de dos sentimientos dominantes y muy bien anudados entre sí: la ternura y el humor. No obstante, por encima de los variados registros lingüísticos y expresivos, Rosa se dirige hacia una meta convergente: la Gracia. Un ejemplo del conocimiento bíblico y del alcance de la presencia de Dios en la verdad interior de sus versos se puede constatar en el siguiente poema de Después de tanto mar (1963):

Isla de Trinidad

Brasero tras de tanto, tanto mar:
Trinidad encandila
Cual Moisés extenuado ya me sobra
la promesa cumplida.

——————

Transparencias de palma me remuerden
Los párpados manchados de Tobías.
Desenvainando sigilosos plátanos
Como Judith culpable: bebo heridas.

———————-

Arca después de tanto, tanto mar
Trinidad no cobija
Me sigue el agua eterna y dejé abierta
En Aarón la sed íntegra.

 

Para acceder al archivo digital de su obra completa, puede hacer clic aquí. Recomendamos especialmente la lectura de Bajo de la piel del aire (1978) y La Noche del Girasol (2000). Porque se trata de una muestra lo suficientemente panorámica para dar cuenta de una trayectoria literaria en sus diferentes etapas y porque a su vez exhibe los rasgos esenciales de su labor poética: el uso de la rima tradicional pero de original factura y contenido, una atmósfera de cotidianidad en el tratamiento temático, clara preocupación por la condición humana en su dimensión precaria y trascendente. En definitiva, en dichas obras se encuentran los motivos visibles del credo y del arte de Cruchaga, así como el tópico universal de la permanente búsqueda de Dios en los pequeños universos que diariamente nos rodean.

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