BRASIL: LA IGLESIA Y LAS PERIFERIAS

atentado contra IBAMA, en Amazonas

La Iglesia ha reaccionado fuertemente contra las nuevas medidas en favor de los latifundistas por parte de la Corte Suprema de Brasil. Solo entre  2015 y 2016 han sido destruidos 8 mil kilómetros cuadrados de selva amazónica. Se proclamó la amnistía para los que, antes de 2018, han ilegalmente deforestado la selva. El presidente Michael Temer se declaró del lado de los terratenientes y la suma perdonada, según la Folha de Sao Paulo, sería más de dos mil millones de euros. Ahora se quieren ampliar las tierras cultivables, porque el sector agrícola es uno de los cimientos de la economía brasileña y para eso no se tendrá en cuenta ni el ambiente ni la vida de los pueblos indígenas. Desde 2012, la deforestación ha crecido un 75%. Han crecido también los asesinatos de los defensores del ambiente y de los indígenas. En América Latina el año pasado han sido asesinados 116 activistas (sobre 197 a nivel mundial); Brasil ocupa el primer lugar mundial con 46 homicidios de ecologistas. En 2016, cada tres días fue asesinado un indígena. Los territorios indígenas, ricos en recursos,  son los más afectados por las industrias extractivas y agroalimentarias, la caza ilegal, la tala ilegal de bosques por parte de empresas nacionales e internacionales que se apoderan de las tierras y dañan el medio ambiente.

 

Brasil: inmigración venezolana

Preocupa a los obispos también la inmigración de los venezolanos que cada día en número de 1.200 cruzan las fronteras de los dos países. Los centros de acogida no soportan tan grande cantidad de gente y los obispos piden a los poderes públicos una acogida digna. En Roraima, una Fraternidad Ecuménica y una parroquia sirven diariamente más de 800 desayunos, para muchos el único alimento del día. Muchas veces estos inmigrantes sufren atropellos de la policía y del ejército y  la misma población los rechaza, acusándolos de cualquier episodio de violencia. Dice la religiosa Roselei Bertoldo: “Nadie emigra porque quiere. Hay falta de atención de las autoridades locales. Lo único que ellos piden es trabajo; nadie quiere nada gratis, quieren dignidad”. Estos hechos se dan en el Año del Laicado y los obispos impulsan a los laicos en este tipo de compromisos. Dice el obispo Severino Clasen: “Necesitamos salir de los centros y usar la estrategia de Jesucristo. Jesús no comenzó en Jerusalén: él comenzó en las periferias y es allí donde hizo su anuncio y de las periferias fue al centro. Nosotros estamos mucho en el centro; tenemos miedo a las periferias y por eso la Iglesia Católica está dejando de ser referencia en las zonas populares”.

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