CHILE: “NOS SENTIMOS ESCUCHADOS”

El ex seminarista Juan Carlos Cruz relató la entrevista que tuvo a lo largo de cuatro horas en Nueva York con el obispo maltés Charles Scicluna y el sacerdote español Jordi Bertomeu: “Fue una conversación con preguntas y ellos tomaban apuntes; después me enviarían el resumen para que yo lo firmara. Todo ha sido tremendamente transparente; es algo que nunca había vivido. Scicluna dos veces lloró y lloraba de verdad. También tenía en sus manos el libro que yo escribí (“El fin de la inocencia”) y me pidió que se lo firmara”. En Santiago, el p. Bertomeu , ya que Scicluna  tuvo que internarse imprevistamente por una fuerte dolencia, atendió a mucha gente, no desde la Nunciatura sino desde Obras Misionales Pontificias; también se entrevistó  ya sea con el obispo Barros como con una veintena de laicos de Osorno y  con el p. Peter Kliegel acompañado por otro sacerdote y un diácono. Resultó evidente que hubo en los últimos años dos líneas en la Iglesia Chilena, representadas una (minoritaria, que quería verdad , transparencia y privilegiar a las víctimas) por el obispo Alejandro Goic de Rancagua y la otra (mayoritaria, que se ha negado a decir toda la verdad sobre el caso Karadima) por el obispo Juan González, de san Bernardo. Se sabe que el nombramiento de Barros ha sido hecho en contra del parecer de la Conferencia Episcopal y de buena parte del clero y laicos de Osorno.

Se trata de crímenes y pecados de los que uno, callando, se hace corresponsable. El Papa insiste en la “tolerancia cero” porque en el pasado algunos obispos han sido demasiado indulgentes con los curas pedófilos para salvar el buen nombre de la Iglesia. Barros no es acusado de pedofilia sino de encubrir los abusos del cura Karadima. Fernando Karadima, de 88 años, ya condenado por el Vaticano en 2011, es impedido de ejercer cualquier acto de ministerio sacerdotal y vive retirado en un convento. A Karadima la justicia civil lo encontró culpable, pero no lo condenó por estar prescritos sus delitos. El p. Peter Kliegel que, sin cortar con el obispo Barros, trabaja en la diócesis de Osorno desde hace años, lamenta que la “unión de la diócesis ha sido destruida. Los mensajes del papa en Chile han sido muy buenos. Creo que cometió un error en su espontaneidad, pero los mensajes fueron muy claros. Nunca yo he actuado a las espaldas del obispo Barros. Siempre hablé con libertad porque la Iglesia no es una dictadura. Todos los bautizados, aunque con obediencia, tenemos voz y voto y hubo una buena cantidad de obispos y curas que me escribieron, muy conformes con mi postura”. Scicluna y Bertomeu se declararon dispuestos a seguir recibiendo aportes, también desde Roma.

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