FIGURAS EMBLEMÁTICAS DE UNA IGLESIA EN SALIDA

El Papa Francisco viajará el 20 de abril a Molfetta en el sur de Italia, en el 25 aniversario de la muerte de un obispo extraordinario como fue don Tonino Bello, cuya causa de beatificación ya ha empezado. Don Tonino es conocido como el profeta de la “Iglesia con el delantal puesto”, de la Iglesia servidora que abría las puertas del palacio episcopal a los desocupados y a la gente de la calle. El primero de mayo Francisco viajará a Nomadelfia (Grosseto) para estar en la comunidad de familias fundada por don Zeno Saltini después de la segunda guerra mundial para todos los huérfanos y chicos abandonados; “Nomadelfia” significa en griego: “la fraternidad es ley”. También irá a Loppiano (Florencia) para visitar la ciudadela de la paz de los Focolares fundada por Chiara Lubich. Son todas figuras y experiencias proféticas que en su tiempo, igual que en el caso de los presbíteros Mazzolari y Milani, resultaron incomprendidas, incómodas, perseguidas. Para el 23 de febrero, el Papa convocó a católicos y no católicos a una Jornada de Ayuno y Oración, a la que se adhirió la Iglesia Anglicana, para la paz en Sudán del Sur y en el Congo.

Madeleine Delbrel

La Iglesia se dispone a beatificar también a Madeleine Delbrel “una de las más grandes místicas del siglo XX” según el cardenal Martini y a la vez misionera de la calle. Fue enfermera y asistente social en las barriadas periféricas de París copadas por el comunismo en el posguerra. Se convirtió cuando su padre, un trabajador ferroviario, se volvió ciego y su novio entró en seminario. “Tomé la decisión de orar, por si Dios existiera. Recé por horas y todo terminó con un deslumbramiento”, escribe. A los 20 años pensó entrar en el Carmelo, pero por la situación de su familia decidió que el mundo fuera su monasterio. Leía a Teresa de Avila, Juan de la Cruz, Charles de Foucauld.. Admiraba a san Vicente de Paul y en su nombre con unas amigas formó una pequeña comunidad secular, todas consagradas a Dios por los votos, en Ivry-sur-Seine. “Nosotros , gente de la calle”, fue su primer libro. La actividad social y misionera de Delbrel era en favor de todos, sin esquemas ideológicos. Apoyó a los curas obreros. Llegó a ver el comienzo del Concilio; fue miembro de la comisión preparatoria sobre misiones. Toda su vida fue un trabajo de frontera en el mundo obrero.

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