ENIGMAS DE LA BIBLIA

¿CÓMO SABEMOS LOS CRISTIANOS, QUE LA BIBLIA ES LA PALABRA DE DIOS?

 

En primer lugar, no somos los únicos que decimos que un determinado libro no es sólo creación humana, sino que es inspirado por Dios.

Por ejemplo la religión más antigua del mundo, el hinduismo, tiene los libros Vedas y el Bhagavad-Gitá, como sus libros sagrados. Los musulmanes, el Corán.

¿Desde dónde entonces decimos que nuestros escritos sagrados son Palabra de Dios?

En primer lugar, la nuestra es una afirmación de fe, pero…

¿De dónde surge esta creencia?

Los cristianos creemos que la Biblia es la Palabra de Dios. Nuestra fe nos lo dice y la experiencia del Pueblo de Dios -tanto del antiguo (Israel) como del nuevo (la Iglesia)- nos lo dice.

 

¿Pero cómo habla Dios?

Habla de muchas maneras, la Biblia es una de ellas, y la más privilegiada.

Dios nos habló en primer lugar a través de la Creación del Mundo y de la Belleza de la Naturaleza.

Dios nos habla a través de la historia. Pero no siempre sabemos escucharle y discernir su presencia.

Era necesario que Dios mismo se diera a conocer, y así lo hizo. No lo hizo directamente, sino por mediación de un Pueblo, que tiene su cultura y su lenguaje.

Así en el lenguaje del Pueblo de Israel, en su cultura y su forma de escribir, fue que se reveló. Dios eligió a Israel para ser su Pueblo.

 

La inspiración divina

Por eso no pensamos que vino Dios en persona y se presentó al -o a los- autores bíblicos  dictándoles lo que quería decir.

Más bien creemos que los autores escribieron algo que para ellos era muy valioso, contando cómo ellos y el pueblo habían descubierto la presencia y la voluntad de Dios.

No todos los autores de los libros de la Biblia creían o eran concientes de que Dios les inspiraba.

Sólo los profetas parecen haberlo sido. Así ellos escriben: “Así dice el Señor………..” comunicando a continuación el mensaje. No dicen cómo fue que Dios lo quería expresar, o cómo ellos lo supieron.  En realidad ellos lo descubrieron mirando la vida del Pueblo con una mirada de fe, y porque eran hombres de oración. Pero con la cabeza en la tierra, no en las nubes. Porque es en la historia que Dios nos habla.

 

¿Quién dice que un texto es Palabra de Dios?

Primero, el mismo Pueblo de Dios en su devoción y fe, y lo determinan, teniendo en cuenta esto, las autoridades religiosas de Israel hasta la venida de Jesús.

Jesús y los apóstoles aceptaron como inspirados por Dios los textos del Antiguo Testamento.

Concretamente y respecto al Antiguo Testamento hay dos versiones, una hecha en hebreo primitivo, que comenzó a escribirse en el año 970 antes de Cristo, en la época del Rey Salomón. Esta versión surge de relatos orales y escritos aislados muy antiguos que dan cuenta de la historia de la relación de Alianza y amistad entre Israel y Dios.

Esta versión no se escribió de un tirón, de hecho los escritos del Antiguo Testamento son varios libros, de diversas épocas.

En el siglo IV antes de Cristo, y luego del Exilio del Pueblo de Israel en Babilonia, serán recopilados por los sabios judíos y los sacerdotes israelitas, formando lo que hoy conocemos como el Antiguo Testamento.

Pero esta versión primitiva se perdió en casi su totalidad. Tenemos sí, las copias que se hicieron de ella. Todas en Hebreo.

Las más antiguas son las encontradas en Qumram, en unas cuevas cerca del Mar Muerto, y que son del siglo I, aproximadamente. Lo más valioso es que hay libros enteros de los profetas, sobre todo, de Isaías.

 

La versión griega

Por el siglo II o III antes de Cristo, muchos judíos se fueron de Palestina, ya que hubo guerras y persecuciones contra los creyentes.

Así fueron a otras regiones y ciudades más pacíficas.

Esa fue la llamada “Diáspora” (que significa dispersión) de Israel.

Una de estas comunidades, que fue la más próspera e importante, fue la de la ciudad de Alejandría en Egipto.

El Rey Ptolomeo, que había sido uno de los generales de Alejandro Magno, gobernaba ese país.

Este Rey era un sabio, y una de sus obras más importantes fue la Biblioteca de Alejandría.

Fue él quien le propuso a los judíos de la ciudad que le permitieran financiar una traducción de sus libros sagrados al idioma griego. Él quería luego tener una copia en la Biblioteca, le daría la otra copia a los judíos, y por supuesto, al finalizar la traducción, -que era un trabajo muy costoso- le devolvería a la comunidad los textos hebreos.

La comunidad aceptó y así surgió una versión del Antiguo Testamento más clara y legible para la época, ya que el griego era el idioma más extendido en el Mediterráneo.

Cuando los romanos conquistaron el territorio, respetaron la biblioteca y a la comunidad judía.  Los textos de la Biblia griega se difundieron mucho.

Tanto es así que los apóstoles como San Pablo y los primeros predicadores cristianos, usaron esta versión de las Escrituras Sagradas, ya que todo el mundo hablaba griego.

Este es el origen de la Septuaginta, la versión también llamada “de los 70” porque se creía que la habían realizado 70 sabios doctores judíos.

Los apóstoles de Jesús consideraron inspirada a esta versión griega, y fue la que los cristianos utilizaron, y hasta hoy la usamos.

 

La Biblia Hebrea 

Los israelitas reunidos en Yamnia en el año 120 después de Cristo, adoptaron una traducción del hebreo más reciente, que eliminaba algunos libros que sólo tenían versión original en la Biblia griega, o sea los famosos libros deuterocanónicos (segundos en el canon).  Esto lo hicieron en parte por polémica contra los cristianos. Pero los católicos y los ortodoxos aceptamos la versión griega como inspirada, puesto que fue la que los apóstoles aceptaron.

En cambio los judíos y los protestantes aceptan la versión hebrea.

No hay diferencias entre ambas versiones, sólo faltan esos libros. Al conjunto de libros inspirados que forman nuestra Biblia y que son considerados Palabra de Dios, se le llama Canon Bíblico.

 

Los libros deuterocanónicos

Considerados inspirados por los católicos y ortodoxos, pero no por los Protestantes y Evangélicos son los siguientes:

Los libros de Tobías, de Judith, el primero y el segundo de los Macabeos, el libro de Baruc, el libro del Eclesiástico, y algunas adiciones griegas presentes en el Libro de Ester (Prólogo y Epílogo)

y el último capítulo del libro de Daniel.

 

¿Qué es la Vulgata?

Es una traducción -que se hizo por encargo del Papa San Dámaso- de la Biblia griega al latín, pero no a cualquier latín. No al latín erudito, sino al vulgar que se usaba en el Imperio Romano, el que la gente sencilla hablaba. Como a la gente sencilla le decían “el Vulgo” la versión recibe el nombre de la Vulgata. Se usó mucho y se usa, y es la versión que la Iglesia considera inspirada y la oficial. Proclamada por la Iglesia como la versión autorizada luego de la polémica con los protestantes (en el Concilio de Trento en el Siglo XVI).

Esta versión fue realizada por San Jerónimo en el siglo IV después de Cristo. En esa época se adopta también el latín vulgar como idioma litúrgico, porque todo el mundo lo hablaba.

Antes de eso se usaba el griego en la liturgia, pero la gente ya no lo hablaba.

Recién se dejará de rezar en latín en la liturgia luego del Concilio Vaticano II (1963) para adoptar en la liturgia oficial la lengua de cada país.

 

Declaración de la Inspiración de los libros bíblicos

Se llama Canon al conjunto de libros bíblicos considerados por los creyentes y la Iglesia entera como Palabra de Dios, obra humana y divina, inspirados por éste.

Durante los primeros cuatro siglos de vida de la Iglesia, nadie cuestionó la inspiración de estos textos, pero luego el Papa Dámaso en el siglo IV los declaró inspirados y fijó el canon.

Luego en el siglo XVI el Concilio de Trento reafirmaría lo que el Papa Dámaso había dicho.

Respecto al Nuevo Testamento, obviamente los judíos no lo aceptan como inspirados, pero fueron escritos en griego, y luego de la muerte y resurrección de Jesús. Todos los grupos cristianos, católicos, protestantes, evangélicos y ortodoxos los aceptan como inspirados por Dios.

 

 

CANON CATÓLICO DEL ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO.

 

(Este Canon es aceptado por la Iglesia Católica, y la Iglesia Ortodoxa Griega y Rusa.)

 

Libros del Antiguo Testamento.

 

Libros Históricos (o   sea  de carácter narrativo.)

Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, 1 y 2 de Samuel, 1 y 2 de Reyes, Rut, 1 y 2 de Crónicas o Paralipómenos, Esdras y Nehemías, 1 y 2 de los Macabeos, Judith, Ester y Tobías.

 

Libros proféticos.

Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Baruc, Lamentaciones, Oseas,  Habacuc, Joel, Sofonías, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Ageo, Zacarías, y Malaquías.

 

Libros sapienciales.

Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Eclesiástico y Sabiduría.

 

Libros del Nuevo Testamento.

Libros históricos.

Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Hechos de los apóstoles.

Cartas de los Apóstoles.

Romanos, Corintios (primera y segunda)

Gálatas, Efesios,  Filipenses,  Colosenses, Tesalonicenses, (primera y segunda)

Timoteo (primera y segunda) Tito,  Filemón, Hebreos, Santiago, Pedro (primera y segunda)

Juan (primera, segunda y tercera) Judas.

Libros proféticos.

Apocalipsis.

 

¿Y los libros sagrados de las otras religiones?

San Ireneo de Lyon dijo una vez que el Espíritu Santo actúa donde quiere y trata de iluminar a todas las personas. Por eso no era de extrañar que hubiera sabios de otros pueblos y no necesariamente israelitas o cristianos, que decían y afirmaban cosas que estaban ciertamente en consonancia con las verdades que las Escrituras nos revelaban.

Al decir esto, él pensaba en los sabios filósofos griegos como Sócrates, Platón, Aristóteles etc.

Él afirmó que su sabiduría era ciertamente una inspiración del Espíritu Santo, que había sembrado en sus escritos y corazones, verdaderas “semillas del Verbo de Dios” que de alguna manera anticipaban y anunciaban la salvación.

Usando este criterio y descubriendo por ejemplo lo que dijo Buda, o Zoroastro, Mahoma y otros sabios creyentes de otras religiones, incluso Gandhi, el sabio hinduista que buscó la paz entre su pueblo, y que admiraba a Jesús, o el Dalai Lama, un hombre bueno, de origen budista, podemos pensar que San Ireneo decía algo muy sabio y oportuno.

Pero Ireneo y todos los cristianos seguimos pensando que las Escrituras bíblicas son la verdadera revelación de Dios, sin dejar de respetar a los otros pensadores y creyentes.

 

Eduardo Ojeda

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