AMÉRICA EN MISIÓN: EL EVANGELIO ES ALEGRÍA

Pablo Guerra

Estamos en la fase de preparación del V Congreso Americano Misionero, a celebrarse durante el mes de Julio de este año en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). A tales efectos, la Comisión Teológica del Congreso ha elaborado un documento de 132 páginas (Instrumentum Laboris), recurriendo para ello al método del Ver, Juzgar y Actuar. Algunos de los temas tratados tienen que ver con el Evangelio, la Alegría, la Comunión y Reconciliación, la Misión y el Profetismo. La idea del documento es que sirva como plataforma para la reflexión e intercambio entre los diferentes países y delegaciones, por lo cual se cuenta con una serie de preguntas orientadoras para cada parte del texto.

En este marco, el P. Leonardo Rodríguez, Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias, convocó a una jornada de trabajo el sábado 3 de febrero en la Parroquia de Salinas (Canelones) a la que asistieron unos 30 participantes, la mayoría laicos y laicas, aunque también hubo presencia de consagrados y consagradas.

 

el p. Leonardo, la cruz tallada y las reliquias de Nazaria Ignacia.

La jornada de trabajo comenzó con una presentación de los delegados, provenientes de las Diócesis de Montevideo, Canelones, Tacuarembó – Rivera, Salto, Maldonado y Melo. A continuación el P. Leonardo informó sobre las características del Congreso y otros detalles operativos. Respecto a la delegación uruguaya, destacó el hecho que la mayoría de los participantes sean laicos/as. El trabajo de la mañana culminó con la lectura y el trabajo en grupos del Evangelio de Juan 1,29-34. Luego de un almuerzo compartido, se definió una comisión ejecutiva para la elaboración del documento nacional y otros detalles del trabajo que se realizará para la discusión del Instrumentum Laboris.

 

 

Contenido del Documento de trabajo

Como dijimos, el Documento se organiza en torno a los ejes del Ver, Juzgar y Actuar.

A. VER

En primer lugar debemos destacar la dificultad de enumerar aspectos de la realidad que puedan ser compartibles en la heterogeneidad de las tres Américas. Es que a diferencia de otras instancias de la Iglesia organizadas en torno a la región de Latinoamérica y el Caribe, la novedad en este tipo de esfuerzo, es que se incluye al norte del continente, lo que dificulta la tarea de responder a indicadores compartidos por países que cuentan con historias, estructuras económicas y culturas bien diferentes. Tampoco ayuda en este propósito el hecho que no aparece ningún experto en ciencias sociales participando de la redacción del documento. ¿Cómo se resuelve entonces este asunto? Por momentos generalizando, por otros momentos describiendo más bien la realidad latinoamericana antes que la norteamericana y por fin, dando lugar a pasajes a veces contradictorios. Más allá de este punto de partida que sin duda podemos catalogar como limitante, el Informe señala que estamos atravesando momentos de rápidos cambios en el contexto de valores postmodernistas. En medio de esta realidad, dice el documento, “la propuesta misionera debe ser consciente de esta nueva cultura, de los imaginarios que crea, de las nuevas representaciones de la persona, familia y sociedad así como de las relaciones e interconexiones que se establecen” (N. 14). Es así que el trabajo misionero en el continente deberá “incorporar lo bueno” de este contexto así como “denunciar proféticamente” todo aquello que afecta la construcción del Reino.

Respecto a las dimensiones socioeconómicas, el Instrumentum Laboris se remite a lo ya señalado antes en Aparecida, esto es, la riqueza cultural del continente, la importancia del diálogo intercultural e interreligioso, las diferencias entre medio urbano y rural, los problemas que afectan a la familia, la violencia en todas sus manifestaciones, la problemática de la trata y tráfico de personas, o los problemas generados por “la lógica imperante del mercado” (N. 24), caso del desempleo, exclusión, pobreza e inequidades de todo tipo. Especial preocupación se exhibe respecto a la situación de la mujer, tanto en el conjunto de la sociedad como dentro mismo de la Iglesia (N. 26). También, recordando la excelente encíclica Laudato Si, se hace mención a los dramas ecológicos en el continente, caso concreto de lo que ocurre en “la Amazonía, los glaciares y el hábitat de pueblos indígenas con ecosistemas ricos en especies biodiversas”. Probablemente faltó citar la situación del Acuífero Guaraní, sobre cuyo cuidado aún resuenan las palabras del entrañable Julio Bonino.

En definitiva, se trata de un análisis de la realidad algo genérico por las razones explicadas antes y que además no parece advertir o minimiza los signos positivos que también es posible destacar en nuestros pueblos. A manera de ejemplos: si la trata de personas es un problema, también es esperanzador que miles de personas se organicen en ONGs para ponerle un freno o varios gobiernos hayan avanzado en políticas públicas en estos últimos años; si la corrupción sigue siendo un problema, también son signos positivos que millones de personas se hayan movilizado en varios de nuestros países pidiendo transparencia o que como nunca antes estos temas pasan a ser destacados por los medios de comunicación; si el desempleo y la exclusión ganan peso en varios de nuestros países, no menos cierto es que los sectores populares recurren a lazos de solidaridad para hacerles frente; si el consumismo parece dominar la escena de nuestros mercados no perdamos de vista que lentamente van emergiendo movimientos sociales que impulsan el consumo responsable y el comercio justo; si bien es cierto que los agrotóxicos son cada vez más extendidos de la mano de los intereses de los grandes grupos económicos, no menos cierto es que las redes agroecológicas han avanzando mucho en la toma de conciencia en estos años; en fin, vivimos en un momento histórico donde se pueden constatar contramovimientos esperanzadores frente a cada expresión negativa, o dicho de otra manera, a la cultura de la muerte se le resiste con una cultura de la vida y a la cultura del egoísmo se le enfrenta una cultura de la solidaridad, aspectos que merecen mayor protagonismo en nuestros esfuerzos del VER.

Acto seguido, el documento analiza el VER dentro de la misma Iglesia en el marco de una sociedad más secularizada. Le dedica a este tema todo el capítulo III, citando tanto luces como sombras. Como conclusión, se invita a “repensar” la manera de ser Iglesia misionera en la región.

B) JUZGAR

La parte dedicada al JUZGAR es la más extensa, pues se recurre a numerosos pasajes de las Sagradas Escrituras como de la Tradición. Se trata sin duda, de la sección más “teológica” del documento. Muy al estilo del actual papado, se opta acertadamente por hacer girar los argumentos respecto a una “Iglesia en salida”, desde donde va construyendo una larga (quizá demasiado larga) exposición que incluso por momentos resulta algo compleja para la lectura por parte de las comunidades. Las palabras claves aquí son “Evangelio” y “Reino de Dios” y en torno a ellas se nos invita a edificar toda la acción misional, con un profundo sentido de la ALEGRIA, voz que se desarrolla especialmente de la mano del Resucitado y las Bienaventuranzas.  Una alegría, que paradójicamente (N. 99) se da, como en el camino hacia Emaús, en medio de una humanidad “sufriente, decepcionada y deprimida”. Pero Jesús es liberación, sobre todo para esos caminantes, hoy representados en las víctimas de las injusticias, de la violencia, de la intolerancia, de las diferentes opresiones o de las lamentables adicciones ¿Cómo reaccionar ante tanto dolor? ¿Cómo vivir nuestra tarea misionera? La respuesta es nuevamente Emaús: caminando al lado del sufriente, esto es, siendo y haciendo solidaridad, con comprensión, misericordia y apertura al diálogo. Siempre en el marco de esa opción preferencial por los pobres, que el Documento vuelve a poner en un lugar central, tal como es característico en los textos de la iglesia latinoamericana (N. 112; también véase N. 182).

Otro de los capítulos de esta parte refiere a la “Comunión y Reconciliación desde la Misericordia”, donde se vuelve fundamental la recurrencia a la Parábola del Buen Samaritano, oportunidad en la que descubrimos la esencia sobre el significado del prójimo (N. 140) y traemos a colación el verbo “misericordear” patentado por Francisco, de tal manera que “aproximarse con misericordia es hacerse prójimo del otro” (N. 143). Estos son los puntos de partida para comprender luego la reconciliación.

Un nuevo capítulo se titula “Misión y Profetismo”, profetismo que viene del profundo encuentro con Jesucristo y con miras a la construcción del Reino en medio de una Iglesia a la que se define como “Pueblo de Dios” donde diversos carismas no significan jerarquías (N. 176). La conclusión desde el punto de vista de la misión es evidente: “el profetismo y el testimonio cristiano, desde una Iglesia misionera, se orienta hacia el Reino, superando la visión de una Iglesia centrada en sí misma y auto-referencial” (N. 177). Los llamados a profetizar entonces incluyen aspectos como la opción por los pobres, la dignidad humana, la migración, los problemas ecológicos y la situación de las personas mayores. Los últimos pasajes de este capítulo se destinan a analizar el Decreto Ad gentes del Vaticano II (1965).

En una suerte de línea de continuidad, le sigue un capítulo donde se describe la evolución que la Iglesia ha tenido desde el Vaticano II hasta la Conferencia de Santo Domingo (1992) lo que denominan primera etapa. Una segunda etapa es la que va de 1992 hasta la actualidad, destacándose en la región notoriamente la V Conferencia del CELAM en Aparecida (2007). Con el Papa Francisco, la temática se vuelve central cuando nos pide una “Iglesia en salida”, para llegar a las periferias, con todo el simbolismo que este término amerita.

participantes de la Jornada realizada en la Parroquia de Salinas (Canelones – Uruguay).

C) ACTUAR

Es así que llegamos a la parte del ACTUAR, que comienza con los principios fundamentales de la acción misionera, seguido de las prioridades. Digamos sobre esta sección, que corre el riesgo de adelantar las conclusiones del Congreso, en la medida que se exponen acciones muy concretas que quizá hubiera sido mejor esperar de los trabajos a realizarse in situ. En este apartado sobresale la bienvenida postura del cambio de paradigma de la misión, que debe pasar del “transmitir” al “compartir con alegría” (N. 257). También es de destacar la propuesta de un nuevo ministerio laical para las mujeres: el ginacolitado (N. 271) una suerte de diaconado femenino.  A mi manera de ver, si bien son esperanzadoras todas las propuestas que tiendan a empoderar más a las mujeres dentro de la Iglesia, creo que a esta altura lo mejor sería no crear un ministerio específico para ellas, sino invitarlas a sumarse a ministerios ya establecidos. En esta materia, por ejemplo, quizá hubiera sido mejor proponer que las mujeres puedan ser ordenadas como diaconisas, tal como ocurre con los varones.

Objetivo General del Congreso:

“Fortalecer la identidad y el compromiso misionero Ad Gentes de la Iglesia en América, para anunciar la alegría del Evangelio a todos los pueblos, con particular atención a las periferias del mundo de hoy y al servicio de una sociedad más justa, solidaria y fraterna”

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