ARGENTINA: CAMPAÑAS PERIODÍSTICAS

“Me he sentido usado por la política de mi país”

El arzobispo Víctor Fernández, rector de la Universidad Católica, escribió en La Nación: “A quien tiene formación superior se le debe exigir que cuando escribe algo que pueda afectar al otro, no se base en meras suposiciones. Ciertas afirmaciones periodísticas sobre el Papa están plagadas de imaginación. Todo se interpreta como si el Papa estuviera permanentemente pensando en el presidente Macri. El ego argentino es grande. Se le atribuyen de continuo intenciones políticas. También muchas veces se supone que todos los que tienen alguna tarea en instituciones católicas estén ejecutando órdenes del Papa cada vez que hablan. Esto no ocurre siquiera con los cardenales del Vaticano, ya que siguen pensando y hablando como si Francisco no fuera Papa. Un católico adulto puede tener pensamiento propio sobre temas políticos y sociales, sin suponer que repita lo que le ordena el Papa; puede opinar lo que quiere sobre el presidente o la oposición. No es realista pensar que alguien, por ser asesor de una oficina vaticana como Justicia y Paz (es el caso del dirigente gremial argentino Juan Grabois), esté representando el pensamiento del Papa en temas sociales. Hoy la Iglesia goza de una inédita libertad de expresión y no hay que pensar qué diría el Papa para poder opinar. Hasta lo tratan a él de hereje y cismático sin que les llegue siquiera un pedido de aclaración desde el Vaticano. Lamentablemente en nuestra sociedad han crecido la intolerancia y nuevos modos de censura; por eso muchos no opinan para evitar descalificaciones públicas y sospechas. Esto empobrece el ya limitado debate público y no habrá progreso económico que supla la decadencia cultural y social”. 

Ya en un comunicado de la Comisión Permanente del Episcopado de comienzos de enero se había dicho claramente: “Nadie ha hablado ni  puede hablar en nombre del Papa” debido a la constante instrumentalización política que se hace del Papa “hasta llegar inclusive a la injuria y difamación”. También en ocasión de los viajes papales a Chile y Perú, algunos periodistas hablaron primero de desconsideración del Papa para con sus compatriotas y después del fracaso sobre todo en Chile, las dificultades encontradas, la apatía de la gente, la falta de respuesta… Son interpretaciones tendenciosas y parciales en el marco de una ostensible manifestación de hostilidad hacia Francisco por sus críticas, entre otras cosas, al neoliberalismo, a las explotaciones mineras y por su defensa de los más vulnerables. Hasta se habló de un “ensayo” de lo que podría ocurrir en una futura visita del Papa a Argentina. Otras fueron las palabras del obispo Oscar Ojea que acompañó al Papa en Chile. Ojea es el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal y está dando una nueva orientación al episcopado como se vio con la visita por primera vez a la sede de las Abuelas de Plaza de Mayo y otro gestos. Manifestó el obispo que a pesar de las protestas previas y de la diferencia con la desbordante acogida del Papa en Perú “decir que el viaje a Chile, un país más secularizado, ha sido un fracaso por la falta de gente es absolutamente mentiroso; por el contrario la estancia del Papa en Chile fue sumamente positiva”.“Fue una fiesta de pueblo (el Papa dijo que no esperaba tanta gente). Hay que leer los mensajes papales y no las crónicas de los periódicos. En cada momento reinó un clima de alegría, de entusiasmo, de comunicación con el Papa por su enorme carisma. Varios periódicos de aquí y de allá hicieron foco en temas menores pretendiendo oscurecer lo que ha acontecido realmente. Es imposible juntar esas multitudes si no fuera por la fe y el carisma de Francisco. Al Papa y a su liderazgo aquí le tienen miedo y por eso lo escamotean”. El obispo Sergio Buenanueva: “La guerra de algunos medios locales, de algunos sectores hacia un líder reconocido mundialmente como es el Papa suena entre obscena e infantil; es como tirarle piedras a un gigante. Es una tontería domestica ficharlo políticamente; es una típica desmesura argentina”. Lo que es incuestionable es que el Papa ha sacudido sobre todo la modorra de unas Iglesias mayoritariamente conservadoras sin pretender resultados inmediatos, ya que no se le puede pedir al Papa la solución desde afuera de problemas que incumben únicamente a ellas.

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