(aniversario) HISTORIA DEL PRIMER PESEBRE

Greccio, la “Belén de Italia”

Hace 794 años, en la Navidad de 1223, san Francisco organizó en una zona montañosa y boscosa de Greccio, un pueblo de la ciudad italiana de Rieti (Lazio), el primer pesebre viviente. ¿Cómo se le ocurrió esa idea?

Francisco y Malik al Kamil, 1219

Cuatro años antes, Francisco había dejado Asís para embarcarse en Ancona con el Hermano Pedro en el barco de los cruzados el 24 de junio de 1219 rumbo a Damieta donde se desarrollaba la guerra contra el Islam; quería “ofrecer la paz a los infieles” y anunciarles el Evangelio. La travesía duró un mes y hacia fines de julio Francisco llegó a san Juan de Acre. Ésta era la mayor fortaleza en manos de los cruzados a orillas del Mar Mediterráneo, cerca de Haifa (actualmente Israel), del Reino Cristiano de Jerusalén. Allí se encontró con los demás frailes, que ya vivían en Palestina. Los cruzados estaban asediando la ciudad egipcia de Damieta, al norte de El Cairo. Francisco fue allí en son de paz. Ya había habido una expedición de frailes menores a Marruecos, en la que se habían puesto a polemizar y proclamar la superioridad de la religión cristiana sobre el Islam; fueron arrestados, torturados y asesinados y todo se transformó en fracaso. Por eso en la regla franciscana de 1221, san Francisco escribirá: “A los que van entre los Sarracenos y demás infieles, se les recomienda por primera cosa no crear polémicas ni disputas sino ser sujetos a toda autoridad humana por amor a Dios, confesando ser cristianos”. En un primer momento Francisco se dedicó en Damieta a desmontar el ánimo violento y lleno de codicia de los cruzados  cuya moralidad era deplorable, y quedó fuertemente disgustado. El 19 agosto los cruzados perdieron cinco mil hombres en el campo de batalla. Se iniciaron contactos preliminares para la paz y Francisco, que había ido a predicar la Palabra de Dios, aprovechó la ocasión para ir al encuentro del sultán de Egipto Malik-al Kamil, desarmado y acompañado por un solo fraile. Llegados en tierra enemiga, fueron duramente tratados hasta que lograron ser presentados al sultán.

Este no se enojó por la predicación de Francisco que invocaba la paz en nombre de Dios, lo trató bien como hombre de Dios y le dijo antes de dejarlo regresar: “Recen por mí para que Dios me revele la religión que le es más agradable”. Francisco se quedó varios días predicando el evangelio de Jesús a los sarracenos, pero sin resultado alguno. Finalmente el 5 de noviembre los cruzados se adueñaron de Damieta y hubo un saqueo feroz. Frente a esto, Francisco sacudió el polvo de sus pies y volvió a la Tierra Santa de Jesús. Pasó la Navidad de 1219 en Belén, además de una visita a Jerusalén y Nazaret. Según el historiador Juan Joergensen, la larga pausa en Belén y en la gruta del nacimiento de Jesús, el Rey de la paz, le dio la idea de lo que sería después el primer pesebre viviente de la historia.

 

EL PESEBRE DE GRECCIO

Un amigo de Francisco era dueño de un pequeño bosque en las montañas de Greccio y en el lugar había una gruta que a Francisco le pareció igual a la cueva donde nació Jesús y que había visto en Belén. Esto ocurrió en la Navidad de 1223. Francisco, que era casi ciego, le dijo al amigo: “Quiero recordar a ese Niño que nació en Belén y ver con mis propios ojos todos los detalles, tanto como sea posible, de la pobreza y las dificultades que sufrió por amor a nosotros; cómo descansó en un pesebre y cómo, junto a un buey y a un asno, fue colocado sobre la paja”. Quería un pesebre “vivo”. Todo se hizo entre unos pocos, secretamente; se encontraron a los que iban a representar a José, a María, al Niño, a los pastores. Fueron movilizados un buey, un asno y gran cantidad de ovejas y corderitos. De acuerdo con el sacerdote del lugar, a medianoche las campanas de la iglesia empezaron a tocar, a tocar… Los vecinos se fueron enterando de la noticia y con antorchas encendidas, a pesar del frío del invierno, se dirigieron al lugar indicado. Francisco había hecho construir una chocita de paja, y fue él quien recibió de los dos jóvenes esposos al niño dormido, y lo acostó en el pesebre, envolviendolo con una frazada. El sacerdote de Greccio celebró la Misa sobre el pesebre, que sirvió de altar. Francisco, que no era sacerdote, se vistió de diácono con la blanca túnica y la estola y cantó el evangelio; después entre sollozos explicó a los campesinos de los alrededores el nacimiento de Jesús. Cómo Jesús había venido para ellos, para los pobres y humildes, para traer la paz y el amor entre las personas. Todos lo escucharon con emoción, y lo que no había logrado entre los cruzados y los sarracenos, lo logró entre ellos. Francisco, ya débil y enfermo, tres años después murió dejándonos esta hermosa costumbre que se multiplicó en el mundo y llegó a nuestras comunidades hasta el día de hoy.

P.C.

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