PARAGUAY: DESDE CAACUPÉ, LA VOZ DEL PUEBLO

el obispo Valenzuela y su guitarra.

La indignación del pueblo paraguayo se hizo sentir el 8 de diciembre pasado, fiesta de la Patrona de Paraguay, Nuestra Señora de Caacupé, por boca del nuevo obispo local Ricardo Valenzuela. Ricardo Valenzuela, a no confundir con el arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, era hasta hace poco obispo de Villarrica y fue trasladado en junio pasado por el Papa a la sede episcopal de Caacupé. Es un hombre de 63 años y es muy cercano a los jóvenes con su guitarra a cuestas. Era la primera vez que celebraba la tradicional misa en el santuario nacional a la presencia del presidente Horacio Cartes, cuyo mandato finaliza tras las elecciones de abril del año próximo. Estaba el vicepresidente, gente del gobierno y una enorme multitud. Acostumbrados a las tibias manifestaciones episcopales, la homilía de Valenzuela, constantemente ovacionada, sacudió al país y al gobierno.

Dijo el obispo: “Hay hechos que lastiman y golpean el alma. La gente está descontenta; hay una grave injusticia social y las autoridades parece que no se dan cuenta. Sin la honestidad no se gana ninguna guerra ni se supera ninguna problemática. El sector estatal y político está plagado de personas deshonestas que con sus actos de corrupción impiden el desarrollo del país. Desde los puestos oficiales e importantes cargos se producen toda clase de abusos del presupuesto general de la nación y no se denuncian. No tendremos la conciencia tranquila si no denunciamos a los corruptos. El silencio nos convierte en encubridores de quienes mal utilizan los bienes públicos. La Justicia por otra parte no es ni pronta ni barata, porqué responde al poder político de turno. La balanza de la Justicia se inclina del lado donde se ubica quien tiene más influencias”. Instó a los políticos a “desechar las componendas, a vestirse de honestidad a toda prueba y de profundo patriotismo, a no buscar el triunfo de las urnas a base de mentiras y engaños. No nos roben la última gota de esperanza que nos queda”. Se acordó del departamento más olvidado del país, Alto Paraguay, que no tiene un solo camino asfaltado. Además de denunciar la injerencia del poder político en la Justicia y las ambiciones personales y de grupo, reconoció avances en algunos sectores, pero habló de centros educativos sin techo, hospitales sin remedios, caminos intransitables y puentes precarios, falta de agua potable para mucha gente y seguridad. Pidió terminar con los “desvergonzados robos en el manejo de bienes y fondos públicos. Que haya fiscales y jueces honestos y valientes; la Justicia responde hoy directamente al poder político”. Y a los candidatos para las próximas elecciones: “No compren votos, aprovechándose de la ignorancia y la situación angustiosa del pueblo”. Toda la homilía fue interrumpida por muchos y cerrados aplausos.

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