PAPA FRANCISCO: EN PAÍSES PERIFÉRICOS

El líder budista Bhaddanta Kumarabhivamsa y Francisco en Myanmar

India, que es un enorme país gobernado por el líder nacionalista Narendra Modi, hizo de todo para evitar una visita del Papa. Francisco había hablado de la posibilidad de un viaje a la Inda y a Bangladesh en una conferencia de prensa en el avión al volver de Azerbaiyan; lo volvió a repetir en marzo de 2017 en una entrevista a la revista alemana Die Zeit. Enseguida en la India surgieron dificultades; el primer ministro tenía un calendario lleno para esas fechas. A pesar de los esfuerzos de la Nunciatura y de la Iglesia Local, el gobierno fue postergando hasta que el Vaticano optó por Myanmar y Bangladesh. El Papa renunció provisoriamente a la India como lo había hecho en el caso del Sur-Sudán.

El jesuita Cedric Prakash explica que “con el actual gobierno ultranacionalista desde mayo de 2014 se ha registrado un ataque progresivo a las minorías religiosas (cristianos y musulmanes) y contra los dalit. Este gobierno no habría recibido con benevolencia a Francisco. Hay disgusto por las visitas papales anteriores. A pesar de nuestros esfuerzos, el gobierno no invitó al Papa excusándose en pretextos”. Los 28 millones de cristianos que viven en la India tendrán que esperar. No fue así en Myanmar donde un Papa llegaba por primera vez, ni en Bangladesh. Francisco fue recibido con respeto y cordialidad; hasta los diarios chinos hablaron del “Papa de la paz”. El Papa vuelve a Asia, el continente más religioso y poblado, por ser la última frontera de la Iglesia Católica;  allí los católicos son tan solo el 3%. Elige países periféricos donde los católicos son una ínfima minoría, para demostrar que con sus viajes no busca aclamaciones y triunfos ni hacer proselitismo, sino que quiere mostrar una Iglesia en salida, con la mano tendida al diálogo para con todas las religiones y culturas, en busca de la paz, la reconciliación, la justicia para los más marginados. En Myanmar, donde hay un 1,27% de católicos sobre 52 millones de budistas, el Papa citó palabras de Buda (“derrota la rabia con la no rabia”) y de san Francisco, abogando por la compasión, la tolerancia y la verdadera sabiduría. No nombró a la minoría musulmana de los Rohingyas por escuchar el pedido de la Iglesia Local, pero ya en agosto desde el Vaticano había salido en su defensa denunciando “la persecución de nuestros hermanos y hermanas Rohingyas”. En Bangladesh donde tan solo el 0,23 es católico en un país donde el 90% son musulmanes, también abogó por el diálogo interreligioso y recibió una delegación de los refugiados Rohingyas. El desconocimiento de la religión católica es enorme en estos países, pero por ser un importante líder religioso mundial, Francisco fue atentamente escuchado y su visita puede ayudar, no solo para alentar a los cristianos, sino para superar enfrentamientos, abatir prejuicios y lograr una cultura del encuentro y de la paz entre las religiones. Uno de los conceptos más repetidos: “Las religiones no pueden ser fuente de divisiones”. El Papa, que ama visitar a países e Iglesias periféricas, visitará el año próximo a Estonia, Letonia y Lituania.

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