(entrevista) AMARANTA CONTRA LA EXPLOTACIÓN

Pilar Casas

(entrevista de José M. Vidal).- 2.403 mujeres a nivel de España y unas 4.500 a nivel internacional. Son las vidas que ha salvado de la trata la Fundación Amaranta, la ONG que coordina la obra social de las Adoratrices. La directora general de dicha organización, Pilar Casas, nos explica lo importante que es que abramos los ojos a la realidad de la explotación sexual de mujeres y niñas que ha echado raíces, ahora hasta en España.

¿Quién es Pilar Casas?

Soy monja adoratriz y directora general de la Fundación Amaranta. Justo ahora, estoy terminando mi servicio.

La trata ha salido ahora a la luz por la realidad y la importancia que tiene en cuanto a falta de derechos humanos, y en cuanto a negocio económico.

El otro día, en la fiesta por los diez años de la fundación, decíamos que es un negocio comparable al del fútbol, por las grandes cantidades de dinero que mueve. La vulneración de derechos y las situaciones de esclavitud de las mujeres es sangrante. Y va en aumento.

Afortunadamente, los Estados dan voz a estas mujeres y reconocen que están ahí. Y todavía, estamos en la lucha de que los gobiernos reconozcan que no estamos haciendo nada por esas menores, que sabemos víctimas de la prostitución y de la trata para la explotación sexual, y nadie las ve. Nadie lo denuncia. Las únicas que las ven y lo denuncian son las otras mujeres a las que acompañamos, que se encuentran en contextos de prostitución y ejerciéndola, y nos avisan.

 

Ustedes, ¿tienen experiencia de que en España hay trata?

Llevo años en este espacio de acompañar a mujeres en contextos de prostitución, y cuidando de los hijos en unidades familiares con este perfil. Siempre ha habido.

En el tema de la trata, siempre hablamos de los países de origen como algo de fuera, pero, en estos momentos, podemos decir que España es uno más. Y estamos en una situación verdaderamente de alerta, porque tenemos las famosas redes sociales, en las que los jóvenes están haciendo que sus compañeras, sus novias y sus amigas, entren en una situación que, realmente, podríamos comparar a trata.

Estamos viendo cómo, en territorio español, se desmantelan redes donde participan hombres y mujeres, tratantes españoles que están esclavizando y abusando de menores españolas.

En este momento en España, hay menores en contextos de prostitución, en explotación sexual. Y no sabemos cómo responder a esa realidad, que está ahí.

Y los servicios sociales, ¿qué hacen ante ese problema? Porque ustedes, están haciendo, me imagino, una labor de suplencia adonde no llegan ellos.

Fundamentalmente, lo que estamos haciendo es dar la lata, denunciando que esto existe y que no lo estamos viendo.

¿Quieres decir que no les hacen demasiado caso, o que no tienen demasiado eco en las autoridades?

Sí y no. Nos hacen caso porque realmente estamos consiguiendo cosas. Pero no nos hacen caso porque, cuando tenemos el problema en la mano, nos faltan soluciones.

¿Soluciones, quiere decir recursos?

Sí, pero recursos también quiere decir que existan leyes que acojan y que protejan. Porque cuando tienes una ley, se puede articular un recurso. Pero sin amparo legal, esto es imposible; no podemos demandar que existe una realidad a la que hay que dar respuesta.

¿Por ejemplo, tú eres partidaria de prohibir la prostitución? ¿Crees que la ley debería prohibirla y, por lo tanto, así se terminaría con esa lacra? 

Mira, con esa lacra, no se ha terminado en otros países que conocemos: no se ha terminado en Francia porque se haya hecho una ley hace un año, donde se penaliza al cliente. Tampoco en los lugares donde la prostitución es legal, y las mujeres están expuestas en un escaparate, pero con la misma vulneración de derechos y la falta de garantías de acceso a los derechos de ciudadanía.

¿Qué solución propones tú para ese tema?

Nosotros, en concreto en ese tema, no nos definimos. Porque lo que nos interesa es acompañar a las mujeres y que ellas decidan cuándo es el momento de abandonar esta actividad. Date cuenta de que no digo ni “trabajo”, ni nada que se parezca. Porque lo importante no es la actividad. Es que la mujer se sienta con las capacidades y con los recursos oportunos para no tener que acercarse a este mundo.

¿Muchas de ellas, no lo dejan porque no tienen otra salida? 

No lo dejan, porque no hay posibilidades de encontrar una vida mejor.

¿A cuántas mujeres están ayudando directamente?

Directamente, en todos los programas que estamos haciendo, estamos ayudando a 2.403 mujeres a nivel nacional y a unas 4.500 a nivel internacional.

¿Todas consiguen dar el paso de abandonar la prostitución?

De todas estas mujeres a las que estamos ayudando, algunas consiguen abandonar la prostitución, y otras consiguen tener las capacidades suficientes para llevar una vida normal con sus hijos. Nosotros, hablamos siempre de acompañar a la unidad familiar.

Cuando una mujer tiene los medios adecuados para organizarse su vida y realizar una tarea de empoderamiento real, realizando un trabajo con el que puede mantenerse y vivir, la mujer abandona la prostitución en el 100% de los casos.

Nosotros llegamos y acompañamos procesos: la vida. Ofrecemos posturas nuevas, formación y acompañamiento en todo el proceso. Y las mujeres en uno, dos, o tres años, abandonan la prostitución.

Y en el caso de las mujeres víctimas de trata, ellas tienen que pagar una deuda de 30 o 40.000 euros a las mafias organizadas. Algunas son muy valientes y, con mucho coraje, son capaces  de denunciar, no pagar la deuda y afrontar una vida con muchas dificultades.

Otras, continúan en el ejercicio de la prostitución, haciendo formación y capacitándose. Y, al final, cuando han pagado su deuda, te dicen: he pagado mi deuda. Ya soy libre. Y por qué te dicen “libre”: porque estamos hablando de una verdadera esclavitud. De una situación de opresión y de riesgo con las mujeres.

¿Tienen recursos suficientes como para acoger a esta gente? ¿Cómo lo hacen?

Tenemos casas de acogida, programas normalizados y programas de inserción y de acercamiento al medio. Damos apoyo, primero, en casas de acogida, luego, en pisos de emancipación y más tarde, en pisos de apoyo y en pisos de seguimiento de calle. Tenemos recursos: ¿suficientes?… Nunca es suficiente.

¿La Iglesia, institucionalmente ayuda, a través de Cáritas?

No. Lo que pasa es, que como fundación, accedemos a los recursos de subvenciones y ayudas públicas y privadas. De esta manera, vamos construyendo realidad y ofreciendo los recursos que tenemos.

Lo que ofrecemos es un apoyo integral: de casa, comida, acogida incondicional, apoyo psicológico, apoyo sanitario y jurídico. Y lo más importante, apoyo para la inserción socio-laboral. Porque si no hay trabajo ni vivienda, difícilmente integramos a las personas.

En ese proceso tienen éxitos, claro. Y supongo, que también algún fracaso.

Cuando uno tiene cáncer y se cura al 60%, tú cómo lo llamarías: ¿éxito, o fracaso?

Éxito, sin duda.

Pues entonces, estamos hablamos de éxitos cien por cien. Unas mujeres llegan al cuarenta; al cuarenta de lo que a mí me parece. Algunas llegan al cincuenta y otras al cien por cien.

Hay mujeres que viven una realidad de gran presión por parte de la familia. Debemos tener en cuenta que la mayoría de las que llegan a Europa, o las mujeres nacionales que integran este mundo de la prostitución, son lo mejor de su familia, muchas veces.

Desde luego, todas las mujeres de origen no nacional, son las mejores. Las familias, las escogen para realizar este sueño migratorio de todo el grupo familiar. Ellas son las responsables de mantener a sus casas. A veces, hay mujeres que están trabajando limpiando, o de dependientas, que han hecho un proceso precioso de empoderamiento y que las ves que siempre están escasas de dinero. Si preguntas, te dicen que, si ganan doscientos euros, tienen que mandar ciento ochenta a sus casas, donde están sus padres y sus hijos.

Y en el caso de las mujeres españolas en esta situación, te dicen: “es que no tengo otra posibilidad para mantener a mi familia”.

¿La mayoría, de dónde proviene?

Tenemos un tanto por ciento muy elevado de Brasil, Rumanía, Camerún y Nigeria por supuesto. Podríamos hablar, sobre todo, de brasileñas, rumanas, República Dominicana y nigerianas.

Las de habla hispana tienen unas posibilidades muy diferentes de las que tienen que empezar con un idioma nuevo. Las de habla africana, tienen una gran presión psicológica y espiritual que las otras no tienen. Las africanas se dicen: “yo no puedo hacer esto, porque el yuyu me va a matar”.

¿Qué es el yuyu?

La práctica del vudú. Es un rito religioso que -yo siempre digo- les ata el cuerpo y el alma. Deshacerse de eso es complicado. En Nigeria hay iglesias que practican vudú. Es una especie de religión. Yo diría que es una religión.

En concreto, el rito del vudú se hace, a primera vista, para dar suerte, para propiciar. Y el juramento es: “tú no vas a decirle esto que está pasando a nadie y si lo haces, morirás. O tú, o tu familia”. Entonces, las mujeres nigerianas, que son unas mujeres tremendamente fuertes, con un coraje increíble -yo las tengo que querer- se enfrentan a muchas situaciones que les toca a lo más profundo de su ser, que es el espíritu, que es el corazón. Que es el alma. Están amenazadas con eso.

Las mujeres latinas obtienen mucha fuerza y mucho coraje, apoyándose en la religión: ellas creen que Dios las va a ayudar. La nigerianas tienen mucha fuerza y mucho coraje, apoyadas en una religión que las maldice. Cuando una mujer nigeriana decide salir de la trata, denunciar e iniciar una vida, no solo tiene que enfrentarse a una situación de fracaso con el proyecto migratorio de la familia, sino que, además, tiene que enfrentarse a la red que la amenaza con una creencia religiosa muy fuerte.

En este décimo aniversario, ¿están haciendo balance, mirando hacia atrás para tomar impulso hacia adelante?

Sí, así es. En este momento, estamos poniendo en marcha -ya llevamos un año- un proyecto de frontera que llamamos “Mujeres de arena”. Es para acompañar y ofrecer apoyo a las mujeres que están en tránsito en frontera. Lo estamos trabajando en Algeciras, en Ceuta y en Tánger, con el propósito de entrar en contacto con las mujeres que van a iniciar este periplo por el mar. Digo periplo, porque suelen llegar por este mar terrible que se traga a las personas. Es un proyecto apasionante, como digo, de apoyo, acompañamiento y de dar herramientas a las mujeres para que puedan, si así lo deciden, solicitar ayuda.

Me ha sorprendido el color de su página web…

Es color amaranta, que es una planta. Cuando quisimos darle nombre a la fundación se barajaron muchísimos nombres. Pero, de todos los que planteamos a las hermanas de la congregación, salió este. Amaranta es una flor que no se muere nunca. Dicen que los incas lo empleaban como signo de inmortalidad y de fortaleza. Y pensamos que nos representaba bien.

 

¿Y el color institucional morado?

Porque el morado es el color de esta planta, y también es el color del movimiento feminista. Pero para nosotros, es el color que nos identifica con estas mujeres que no se rinden y con estos profesionales que no se rinden. Y es un signo de empoderamiento y de coraje. De lucha y de afianzamiento: de aquí no nos movemos. Y crecemos y florecemos, seguro.

El Papa les está ayudando mucho en esta tarea. Le oigo continuamente hablar y concienciar sobre la lacra de la trata.

El Papa nos ayuda mucho a abrir los ojos, a decir: “no y no a la trata infantil”. Estos, como él dice, son niños. Y continuamente está lanzándonos mensajes.

El Papa creó el Grupo de Santa Marta, que es un grupo de obispos y de policías nacionales. Y es el que nos ha impulsado, muchísimo, a las congregaciones a dar respuesta a esta realidad. A intervenir sobre esta realidad. Nosotros conocemos al Papa. Las hermanas de Argentina lo conocen porque él, ya en Argentina, estaba muy implicado apoyando a los proyectos que trabajaban con mujeres en contextos de prostitución. Lo que quiero decir es, que este interés no le ha venido ahora, que este hombre ya lo tenía en sí. Ya tenía esta preocupación, esta alerta sobre sus feligreses: “cuidado, que hay personas que son explotadas, y hay personas que son tratadas”.

Nos sentimos muy apoyadas y muy fortalecidas. Con mucho coraje. Y a cualquier sitio que vayamos decimos: “el Papa dice..,”

¿Te gusta que sea así de claro, de profético, de valiente?

Me encanta. Porque es claro, conciso y va al grano. No hay texturas canónicas; aquí las personas se mueren, las personas son explotadas, las mujeres son masacradas, los niños son abusados…, y esto, no es evangélico.

Es Evangelio puro. En vivo y en directo.

Más claro no nos lo pueden decir: “Es que nos hemos confundido con el derecho canónico…”

No, perdona: Es, que el Papa, el jefe de la Iglesia católica, dice que esto es pecado. Pero no solo dice que es pecado, dice que es una injusticia social.

Y además, nos urge a vivir el Evangelio. Yo creo que no podemos decir más.

¿Qué pedirías, para que se concienciase más, a la sociedad española respecto a este tema?

Que se abrieran los ojos. Que miráramos por la calle y, cuando viéramos a una mujer que está ejerciendo la prostitución, que pensemos que es una mujer que está vendiendo su cuerpo pero, sobre todo, que hay un hombre que lo está comprando.

Que hay un ser humano que compra a otro ser humano, solamente por diversión. Que no podemos comprar a un perro por diversión, pero sí, a un ser humano.

Y que esta gente, cuando pase, vea que esa mujer tiene detrás toda una familia por la que ella está luchando. Que no es una mujer que está en la calle vestida con una falda corta y con unos tacones provocando a los hombres: es una mujer, que está ahí porque no tiene otro sitio donde estar.

 

¿Cómo hacen para contactar con ellas?

Tenemos diversos medios. Trabajamos con otras entidades, como en una red. Con las fuerzas y cuerpos del Estado, tanto Policía nacional, Guardia civil, policías autonómicas… Hay toda una red de trabajo, información y soporte mutuo que nos facilita el contacto con estas mujeres.

También tenemos unidades de calle, que llamamos de “acercamiento al medio”, mediante las cuales acompañamos a mujeres, o les ofrecemos apoyo a mujeres que están en clubes, en pisos o en calle.

Salen en su búsqueda, de alguna manera. La “Iglesia en salida”, esa que dice Francisco.

Diría que más que salir en su búsqueda, salimos a ofrecer un apoyo, para lo que tenemos las unidades de calle. Ofrecemos información sanitaria, social y jurídica. Y también, la posibilidad de que vengan a nuestros centros de vida, de atención… Para lo que necesiten.

¿Han tenido algún problema con los proxenetas o con los tratantes?

No. Quizás, en la calle, cuando te acercas a una mujer, inmediatamente se acerca un hombre y te aparta de ella. Pero nosotros, somos muy prudentes porque quienes corren más peligro, cuando hacemos esta actividad, son las mujeres, no nosotros.

No podemos hablar de problemas en el acercamiento en el medio, en general. Pero esto no significa que no haya que ser prudentes. No todo vale.

 

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