(tema central) DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

Hoy las Religiones ocupan un lugar destacado en el panorama mundial, sobre todo el Cristianismo y el Islam no solo por ser las más numerosas sino por tener desde el comienzo una proyección universal. El Judaísmo está muy ligado al pueblo judío, el Hinduismo a la India, el Budismo y el Confucianismo a la China, el Sintoísmo al Japón… Por siglos el Cristianismo combatió todas estas religiones identificándolas con el error y el mal. Si se las estudiaba, era para refutarlas y para mejor convertir a los infieles a la religión cristiana. Se partía del presupuesto que con la venida de Cristo, las demás religiones carecían de sentido y eran un obstáculo para el Evangelio que era la Palabra definitiva de Dios.

El Concilio Vaticano II, así como nos ha invitado a practicar el “ecumenismo” con las demás Iglesias cristianas, también nos invita al “diálogo interreligioso” con las religiones no cristianas. Hoy el conocimiento y estudio de estas religiones se ha vuelto imprescindible para todos (hasta para los chicos de catequesis) para vivir con competencia y autenticidad nuestra fe cristiana. Sería incomprensible que cuatro de cada cinco habitantes del planeta profesaran una fe que fuera totalmente inútil, errónea o contraria a la fe cristiana y católica. No hay que olvidar que si encontramos errores y desviaciones en ellas, también las hay en nuestras Iglesias; si denunciamos persecuciones en Pakistán o en la India, también las hubo en nuestras Iglesias. El Concilio nos ha enseñado que el Reino de Dios se extiende más allá de la Iglesia y abarca también a las religiones no cristianas como caminos de salvación para los que no conocen a Cristo. El Sermón de la Montaña es la carta magna del Reino, el mandamiento del amor es la ley del Reino, el Padre Nuestro puede ser rezado por todos los creyentes porque es la oración del Reino. Todo el que busca la Verdad en la sinceridad de su conciencia y todo el que obra movido por el Amor, está en el Reino. La Iglesia sigue siendo camino privilegiado de salvación, pero Dios da la gracia suficiente a todos y el Espíritu “sopla donde quiere” (Jn 3,8). La voluntad del Padre es que “todos se salven” (1 Tim 2,4). Esto no significa que todas las religiones sean iguales sino que en todas están presentes en mayor o menor medida las que el Concilio llama “semillas del Verbo”, es decir valores humanos y cristianos que hay que saber detectar, valorar y asumir. Esta es la base del diálogo interreligioso, que no es una estrategia de captación, sino un compartir los valores comunes, orar y trabajar juntos para el bien de todos. Este diálogo no está en contraposición con el anuncio explícito de Cristo, el verdadero Salvador del mundo; el anuncio de Cristo y de su Evangelio es un deber misionero por parte nuestra y un derecho por parte de todos. Ya lo había intuido el hinduista Mahatma Gandhi: “Cristo no pertenece solo al Cristianismo, sino al mundo entero”. También hay no creyentes y ateos. Muchas veces no creen en la religión desfigurada que se le ha presentado o han recibido una educación materialista y antirreligiosa. Pueden sentirse y declararse lejos de Dios, pero Dios no está lejos de ellos. Si son personas de buena voluntad y de bien, fieles a su conciencia, también verán a Dios.

 

¿ EN QUÉ CONSISTE ESTE  DIÁLOGO?

En el pasado, se hablaba de los pueblos no cristianos como encaminados casi fatalmente a la condenación eterna y que por lo tanto solo había que convertirlos y bautizarlos. Hoy gracias al Concilio hay una nueva valoración de las religiones no cristianas. Fue recién con el Concilio que se impuso la idea de la libertad religiosa y de consciencia, y con mucha dificultad. Nos habíamos acostumbrado a llamar “paganos”, “incrédulos”, “idolatras” o “infieles” a millones de personas de otras religiones que sin culpa propia no conocían a Cristo, pero sí adoraban a Dios y obedecían a Él en el ámbito de su religión. Dios ha estado presente en esas religiones porque siempre se ha admitido que en el caso de tantas personas de buena voluntad, hay un implícito deseo de bautismo suficiente para obtener la salvación eterna. En el Juicio Final las personas que son premiadas por el Rey no son necesariamente cristianas y de allí su sorpresa: “¿Señor, cuándo te vimos?” ( Mt 25,37). Dijo Jesús: “Quien no está contra nosotros, está con nosotros” (Mc 9,40). El teólogo Karl Rahner llegó a decir: “El camino ordinario (por mayoritario) de salvación son las religiones no cristianas”. La finalidad del diálogo interreligioso no es unificar las religiones, instaurar una ONU de las religiones o proclamar que todas son iguales porqué llevan al mismo fin. Tampoco es simplemente conocerse y simpatizar recíprocamente, más allá de ser este un punto de partida. Supone la convicción de que en la otra persona, de alguna manera ya esté obrando Dios antes inclusive de que yo le anuncie el Evangelio; esto implica un actitud de escucha sincera y respetuosa como también la capacidad de autocrítica. Si bien el diálogo no tiene como objetivo la conversión del otro a la propia religión sino la conversión de ambos a Dios, no hay que relativizar el Evangelio y dejar de anunciarlo. Tampoco hay que confundir la discreción -necesaria para no caer en el proselitismo- con el silencio. Muchas veces se trata de un falso respeto y cobardía. El solo testimonio sin anuncio,  muchas veces no es comprendido. El diálogo interreligioso no es con los bautizados sino con los no bautizados o que militan en religiones no cristianas y debe desarrollarse con el debido respeto a la libertad religiosa y de conciencia de cada persona. Refiriéndose al Islam, por ejemplo, el Concilio lo valora diciendo: “Miramos con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios a cuyos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió Abrahán a Dios. Veneran a Jesús como profeta; honran a María su madre virginal y a veces la invocan devotamente. Aprecian la vida moral y esperan el día el juicio de Dios al que honran con la oración, la limosna y el ayuno” (Nostra Aetate n.3). Según el Catecismo de la Iglesia Católica “la Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero que puede encontrarse en las diversas religiones como fragmentos del Evangelio” (n.843). Afirma también que “los que sin culpa suya no conocen el evangelio de Cristo y a su Iglesia pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan cumplir con la voluntad de Dios conocida, pueden conseguir la salvación eterna” (n.847).

 

¿PLURALISMO O CHOQUE DE RELIGIONES?

Una panorámica de las religiones en el mundo nos presenta antes que nada a tres religiones que son monoteístas (=creen en un solo Dios) y tienen un padre común en Abrahán: son el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Más de un tercio de la población mundial se dice cristiana y es la mayor religión del mundo. Los musulmanes, que son más numerosos que los católicos, ascienden a 1.300 millones en el mundo. Las dos religiones más importantes fuera de las mencionadas, son las religiones asiáticas del Hinduismo y el Budismo. Al diálogo interreligioso se contrapone el fundamentalismo o fanatismo presente en todas las religiones. Con respecto a los católicos se habla de “integrismo” porque históricamente los católicos enemigos del modernismo se llamaron “integrales” por querer defender la integridad de la fe en el marco de la tradición. Hablando de las religiones, es preferible hoy hablar de “fundamentalismo”. El fundamentalismo islámico por ejemplo, que es una corriente minoritaria dentro del Islam, impone con un fanatismo intolerante leyes anacrónicas y violentas del tiempo de Mahoma, por querer volver a los supuestos “fundamentos” del Islam. Pero cuando se habla hoy de “guerras religiosas”, en realidad se trata primordialmente de conflictos de tipo socio-económico o político y la religión suele ser instrumentalizada. No se puede hablar de “peligro islámico” para condenar a toda una religión. Los terroristas de las Torres Gemelas no eran “musulmanes” como tampoco han sido “cristianos” los terroristas de Irlanda y Serbia; eran simplemente terroristas. En 1996 el escritor norteamericano Samuel Huntington publicó un libro titulado: “El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”. El escritor prevé que tras el choque de naciones en el siglo XIX y de ideologías en el siglo XX, ha llegado el tiempo del choque entre civilizaciones , y por lo tanto también de religiones. Ya habría empezado este choque violento entre el mundo occidental cristiano y el Islam. El libro tuvo gran difusión y cinco años después ocurría la masacre de las Torres Gemelas. La ideología de Huntington influyó en la desastrosa política de George W. Bush que dividió al mundo en un eje del bien por un lado y un eje del mal por el otro; y terminó desestabilizando a todo Oriente Medio. Habló también de una “cruzada” a la que del otro lado se le respondió con la “guerra santa” contra los “cruzados”. El pretexto religioso tapaba los verdaderos objetivos económicos y políticos de Estados Unidos. Las Iglesias cristianas se han disociado prontamente de la tesis de Huntington, del imperialismo norteamericano y de las guerras fomentadas por el capitalismo salvaje. El Papa Francisco sigue luchando por una “cultura del encuentro” en la misma línea del Papa Juan Pablo II cuando condenó la guerra de 2001 de Estados Unidos contra Irak, como “ilegal, inmoral e inútil”. Francisco ha invitado a todos a no confundir Islam con terrorismo, a combatir la xenofobia y el rechazo a los inmigrantes musulmanes como está sucediendo en Estados Unidos, a favorecer una paz justa en Oriente Medio y a no usar el nombre de Dios y de la religión para legitimar la violencia. Escribe el teólogo católico de la India Michael Amaladoss: “Es posible que haya un choque de civilizaciones, pero no de religiones. Las religiones han entendido que no puede haber paz duradera en el mundo sin su aporte. El diálogo interreligioso puede ayudar no solo a crear vínculos amistosos y procesos de reforma interna, sino también a asegurar la paz mundial y la promoción de los valores espirituales comunes”.

 

LA RELIGIÓN MUSULMANA

Para los musulmanes hay un solo Dios que ellos llaman “Allah”. Cinco veces al día se arrodillan y se postran con la cara al suelo para orar. Allah es el soberano que hace lo que quiere sin dar razones de su obrar a nadie ni compartir con los hombre sus intenciones. A Él, solo se le debe sumisión (=islam). No hay trato personal con Él. Cristianos y musulmanes creen en un solo Dios, pero no es el mismo para unos y para otros. Ellos no aceptan el misterio de la Trinidad revelado por Jesús; no admiten que Dios es Amor y que por lo tanto no puede haber amor si no hay pluralidad de personas. Ellos dicen que Dios no puede tener hijos y por eso aceptan a Jesús como profeta de Dios, pero no como Hijo de Dios. Dios es inmenso y poderoso y no puede rebajarse a vivir nuestra vida terrena. Mahoma, lejos de querer fundar una nueva religión, combatió el politeísmo y quiso restablecer la fe semítica de Abrahán desvirtuada según él por judíos y cristianos.  Abrahán es el padre de los creyentes y después de él vinieron otros profetas como Moisés y Jesús para guiar al pueblo de Israel; pero el último y definitivo mensajero de Dios para todos es Mahoma. Se aceptan como libros inspirados la Torah, los Profetas, los Salmos, los Evangelios; pero el único libro dictado directamente por Dios es el Corán. El Corán menciona 31 veces a Jesús y reconoce su nacimiento virginal de María, sus milagros pero no su muerte en la cruz porque Dios lo elevó hacia Él; Jesús no pudo haber muerto de esa manera porque fue el servidor de Dios perfecto y en su vida no tuvo pecado alguno. Jesús es presentado como el “hijo de María” (Maryam) a la que se le dedican páginas intensas y conmovidas. Jesús habría fracasado porque eligió la mansedumbre; la verdadera religión debe difundirse con la lucha, la fuerza, el combate. Los musulmanes esperan el Día del Juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Jesús no es el Salvador; cada cual debe salvarse a sí mismo con sus esfuerzos. La palabra “musulmán” viene de “muslin” (= el que se somete). La Biblia del musulmán es el Corán, dictado por Dios a Mahoma a través del ángel Gabriel; hay que someterse a esa Palabra que no ha sido escrita por hombres inspirados por Dios, sino dictada directamente por Dios y por lo tanto no se  puede ni tocarla ni traducirla. La única interpretación legítima del Corán es la “Sunna” donde se encuentran los Dichos del Profeta, las costumbres éticas y religiosas tradicionales. En el Corán hay textos a favor de los cristianos y otros en los que se dice que hay que combatirlos; textos a favor de la no violencia y otros a favor de la violencia. Responden a dos etapas de la vida de Mahoma: la primera en La Meca, más pacífica y la segunda en Medina cuando emprendió varias guerras como jefe político para conquistar La Meca y los pueblos de Arabia. Para los fundamentalistas islámicos, los textos más recientes derogan los primeros. En cuanto a lo fundamental de la religión, sus cinco pilares son la fe en el único Dios y en Mahoma su profeta, la oración pública cinco veces al día, la limosna, el ayuno con total abstinencia de comida y relaciones sexuales desde el alba hasta el ocaso durante el mes del Ramadán, la peregrinación a La Meca una vez en la vida. La Meca es la ciudad de Arabia Saudita donde nació Mahoma y allí está la “Kaaba”, un santuario para los musulmanes. La Ley Islámica es la “Sharia”(= el camino), la ley de Dios que marca una moral austera en muchos aspectos. Los musulmanes varones pueden tener hasta cuatro mujeres, no beben alcohol, ni participan en juegos de azar y para los que cometen delitos existen penas muy rigurosas. El que abandona el Islam, es decir el apóstata, es un traidor y reo de muerte ya que no existe para ellos la libertad de religión y de conciencia. El Islam no conoce el concepto de laicidad del estado; hay identidad entre religión y estado y quien reniega de la religión, traiciona la patria. El adulterio se castiga con la lapidación. Para quien roba hay mutilación de mano o pie. Blasfemar contra el Islam o Mahoma merece la cárcel e inclusive la muerte.

El ISIS ha llegado a reeditar la esclavitud, en particular de las mujeres que siguen sometidas al varón, como en tiempos de Mahoma en el siglo séptimo. La Sharia sin embargo no es aplicada en todos los países islámicos de forma tan rígida e inhumana. Lo que es incuestionable es la discriminación, y a veces la persecución, de los cristianos y demás minorías religiosas en la gran mayoría de los países islámicos. También la integración de los musulmanes en occidente no será tarea fácil, especialmente para culturas aún muy cerradas.
Desde un comienzo Mahoma entendió que el Islam debía ser la religión de toda la humanidad y debía extenderse por todos lados y por todos los medios. El término “yihad” (=guerra santa) tiene dos significados: el de lucha en el camino de Dios que implica un esfuerzo espiritual sobre uno mismo (y corresponde a la primera etapa religiosa de Mahoma), pero también el de la predicación y defensa del Islam aún con las armas (y corresponde a la segunda etapa de la vida de Mahoma). Del significado violento de la “yihad” se han apropiado hoy los terroristas que actúan en dos frentes:  en el marco de una feroz guerra interna entre Sunitas y Chiitas por el predominio en los países islámicos de sus ideologías, y a nivel internacional. Esta “guerra santa” ha sido desautorizada por numerosas autoridades religiosas islámicas que abogan por la paz, ya que la historia demuestra que cristianos y musulmanes, sunitas y chiitas, por tantos siglos han sabido, a pesar de las dificultades, convivir en paz.

 

JUDAISMO Y RELIGIONES ORIENTALES

El Judaísmo se constituyó en forma definitiva después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.c. Pudo liberarse de la clase sacerdotal que dominaba el Templo y de los sacrificios de animales, para concentrarse en la Escritura y en la Ley de Moisés; hoy los rabinos no son sacerdotes ni las sinagogas son templos. Israel no reconstruye el Templo en Jerusalén porqué no quiere volver a los antiguos ritos. No es acertado para los cristianos hablar de los judíos como de los hombres de la Antigua Alianza. La Alianza de Dios es definitiva para siempre; por lo tanto, así como los creyentes de las demás religiones, ellos también son objeto de la Nueva Alianza de Cristo en la medida en que se guíen por una conciencia recta y por el Amor. No hay una “sustitución” de Israel como pueblo elegido por parte de la Iglesia; los judíos son nuestros hermanos mayores. El Concilio ha rechazado todo tipo de anti judaísmo cristiano con una afirmación tajante: “Lo que pasó con la pasión de Cristo no puede ser imputado ni a todos los judíos de aquel tiempo ni a los judíos de nuestra época. Los judíos no son repudiados ni maldecidos por Dios siendo que las promesas de Dios son irrevocables y sin arrepentimiento” (Nostra Aetate n.4). La nueva valoración de las religiones promovida por el Concilio abarca también a las religiones orientales anteriores al Cristianismo y al Islam. Quizás más que religiones sean esencialmente sistemas morales de vida. El Hinduismo popular de la India es politeísta, si bien reconoce una jerarquía de divinidades. La ética que propone es la de una conducta desinteresada y solidaria como se ve en la vida del hinduista Mahatma Gandhi, pero con estructuras sociales injustas como las castas. El Budismo igual que el Confucianismo, cultiva las virtudes, la compasión hacia el que sufre, la tolerancia y la no violencia. Sin embargo sus acciones se dirigen más hacia el interior de las personas que hacia la sociedad. También en estas religiones se ha infiltrado el fundamentalismo desde el enfoque nacionalista. Por eso se multiplican los conflictos también en la India contra las minorías cristianas y musulmanas. En general, con respecto de tantos millones de personas que practican como voluntad de Dios lo bueno de esas religiones, puede decirse que, manteniendo clara y firme la necesidad incuestionable de Cristo y de su mediación salvadora para todos, hay una real posibilidad de salvación universal. Así como en la historia bíblica hubo una etapa previa a Cristo con la Antigua Alianza, lo mismo pasa con el Islam y las demás religiones. Es importante comprender que estas religiones son hoy, por parte de sus mejores líderes, procesos abiertos y en evolución. El diálogo podrá aportar una sana convivencia. No habrá paz en el mundo si no se logra un diálogo positivo y constructivo entre las religiones. Estas pueden madurar por sí mismas sin darles o imponerles lecciones desde afuera. Todos, también los cristianos, tenemos que madurar y estas religiones tienen en sí mismas los elementos para hacerlo, reinterpretando y actualizando sus textos sagrados en un proceso evolutivo lento, pero irreversible.

                                                          PRIMO CORBELLI

 

ANEXO
ACLARACIONES Y GLOSARIO – sobre el Mundo Islámico

 

  • ACTUALIDAD

El Islam institucionalizado tiende a ser radical. El Islam vivido por las comunidades islámicas busca la convivencia y la paz.

 

  • MAHOMA (Muhammad, Muhammed)

Nació en La Meca (Arabia) en el año 575 d.c. y murió en Medina en el 632. A los 40 años se retiró al desierto, en donde creyó recibir la revelación de Dios que le hablaba a través del arcángel Gabriel. Conocía, si bien superficialmente, el Judaísmo y el Cristianismo. Se presentó como el que llevaba a cabo la obra de Moisés y Jesús, predicando la vuelta a la religión de Abrahán. En 622 huyó a Medina por ser víctima de persecuciones. En Medina, Mahoma se convirtió en un caudillo no solo religioso sino político y militar. En 630 conquistó La Meca y mandó a matar a los “apóstatas”. La conquista de La Meca le permitió imponer su dominio en toda Arabia. Los sucesores de Mahoma extendieron el dominio del imperio árabe a Palestina, Siria, Persia, Egipto y al Norte de África.

 

  • ISIS

Esta sigla de la conocida organización islámica terrorista significa: “Estado Islámico de Irak y el Levante”; y por Levante se entiende Siria, Jordania, Líbano… y todo Medio Oriente. Tras la invasión de Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados en 2003, este grupo convirtió a Irak en su centro de operaciones. Era un apéndice del grupo Al-Qaeda de Bin Laden, del cual pronto se separó. En 2013 el auto declarado Estado Islámico se expandió en Siria barriendo fronteras geográficas, para instaurar su poder político en toda la región. Y se autoproclamó “Califato”, es decir autoridad religiosa suprema sobre todos los musulmanes , igual que los “califas” que sucedieron a Mahoma.

 

  • CALIFAS

La palabra significa “representantes”. Era un título otorgado a los sucesores de Mahoma como representantes del Profeta y jefes supremos del Islam en lo civil y religioso; su misión era la difusión del Islam. El último Califato terminó con el imperio Otomano.

 

  • ARABES Y MUSULMANES

Árabe no es lo mismo que musulmán; los países de nacionalidad árabe y donde se habla el idioma árabe, son tan solo 22.  El musulmán es el que practica la religión de Mahoma. Un árabe puede ser cristiano, como un europeo puede ser musulmán. En un país árabe como el Líbano hay casi la misma cantidad de cristianos y musulmanes. Hay varios países islámicos o musulmanes que no son árabes, como Indonesia e Irán. Los países islámicos son los que tienen la religión musulmana como religión mayoritaria. En África son 27; también 27 en Asia; 3 en Europa (Bosnia, Kosovo, Albania); 2 en América (Guyana y Surinam). Hay 1.600 millones de musulmanes en el mundo con enormes diferencias entre ellos.

 

  • ISLAMISTAS

Decir “islamista” no es lo mismo que decir “islámico”. Islamista es el que propugna la aplicación estricta de la ley islámica (“Sharia”) en la vida política. Tampoco es un terrorista, sino alguien que milita en política y no tiene porqué apelar a la violencia para imponer su ideología.

 

  • SUNITAS Y CHIITAS

ISIS es un grupo “sunita” y su brutal violencia no está dirigida solo a las minorías étnicas y religiosas, sino con igual fuerza a los “chiitas”. El conflicto entre ambas ramas del Islam se remonta al tema de la sucesión de Mahoma. Han coexistido por siglos, pero siguen manteniendo diferencias doctrinarias y legales muy importantes. Con el pretexto religioso, hoy los conflictos son económicos y políticos por una cuestión de poder hegemónico en el mundo musulmán, en particular entre Arabia (sunitas) e Irán (chiitas). Los Sunitas (de “sunna”= tradición) son el 80 o 90% de los musulmanes. Los Chiitas (= el partido de Alí, el yerno de Mahoma) son una minoría pero en el diálogo interreligioso cuentan con una interpretación más abierta de los textos islámicos

.

  • VIOLENCIA EN EL ISLAM

En el Corán hay textos violentos como los hay en la Biblia. Hay que rescatar lo positivo y dejar lo caduco (propio de aquellos tiempos) para una reinterpretación o relectura del Corán.
En la historia del Islam hay muchos hechos de violencia como los hubo en la historia de la Iglesia (inquisición, cruzadas, guerras de religión).
Así como hubo una época de Cristiandad en la historia de la Iglesia donde religión y estado se identificaban, lo mismo pasa todavía hoy con el Islam al que no llegaron todavía los aportes positivos de la modernidad con sus valores de laicidad, libertad, democracia, tolerancia, etc.. Es un proceso cultural que ha de darse dentro mismo del Islam.

 

  • YIHAD

Es un término masculino que no habla de guerra (femenino) y menos de guerra santa. El yihad significa “esfuerzo” y se refiere a la lucha espiritual, al cumplimiento de la doctrina del Profeta. No se descarta sin embargo la defensa, aún con las armas, de la religión contra las agresiones de los enemigos de la fe. Los grupos terroristas usan hoy este término para justificar crímenes de lesa humanidad y guerras ofensivas contra los que consideran enemigos del Islam.

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