(tema central) Clero uruguayo: una investigación sociológica

EL SACERDOCIO, ENTRE LA PROFESIÓN Y LA VOCACIÓN.
UN ANÁLISIS SOCIOLÓGICO SOBRE EL CLERO DEL URUGUAY.

El pasado 28 de Setiembre fue presentado en la sede de OBSUR el libro escrito por Pablo Guerra que recoge una exhaustiva investigación sociológica sobre el clero católico del Uruguay. Bajo la edición de UMBRALES, el texto recoge los resultados de la investigación “Características del sacerdocio desde la sociología de las profesiones. Indagación y opinión del clero católico de Uruguay sobre los vínculos entre profesión y vocación” ejecutada en la Carrera de Relaciones Laborales (Facultad de Derecho, Universidad de la República).

 

Desde el punto de vista metodológico, el estudio combina técnicas cualitativas con técnicas cuantitativas, realizando entrevistas a una muestra de sacerdotes diocesanos de las diversas diócesis del Uruguay así como entrevistas a una muestra intencional de sacerdotes regulares. El tamaño de éstas respecto a los sacerdotes diocesanos es de 80 casos, lo que representa el 34% del universo. La muestra de sacerdotes regulares por su parte, es de menor tamaño representando 12% del universo. Se evaluaron 45 variables de estudio a través de la aplicación de un formulario de entrevista. Los instrumentos de investigación se completaron con análisis de documentos así como entrevistas a informantes calificados en las áreas de las ciencias sociales, derecho, psiquiatría y religión.

El libro presentado está organizado en dos partes, con 4 capítulos cada una de ellas. La primera parte introduce al lector  en los aspectos teóricos, históricos y conceptuales. Es así que se parte de una breve introducción teórica donde se presentan los vínculos sociológicos entre profesión, oficio y vocación. Luego, el primer capítulo analiza cómo se fue construyendo la noción de sacerdocio en la Iglesia Católica y las diferencias doctrinarias que a lo largo de la historia, luego de los sucesivos cismas, se fueron gestando con las otras iglesias cristianas. El segundo capítulo se concentra en hacer una breve descripción de la Iglesia Católica del Uruguay, presentando sus principales características. El tercer capítulo tiene como objetivo responder cómo viven los sacerdotes, pregunta que dispara la necesidad de explicar el sentido y alcance del voto de pobreza, cómo resuelven los aportes a la seguridad social, así como el asunto de los estipendios y otras posibles fuentes de ingresos de la Iglesia y de los sacerdotes. Finalmente el cuarto capítulo se focaliza en la temática de la formación sacerdotal y el papel de los seminarios. Por su lado, la segunda parte tiene como propósito mostrar los resultados del trabajo de campo. Es así que en el capítulo quinto el lector podrá descubrir cómo vivieron los sacerdotes entrevistados sus llamados vocacionales, qué sintieron cuando decidieron entrar al Seminario y qué tanto apoyo recibieron de sus familias ante semejante decisión. El capítulo sexto analiza los vínculos entre profesión y vocación. Aquí la intención fue ahondar en las características que hacen a esta profesión – vocación tan extraordinaria en el sentido de sus particularismos. Algunas de las preguntas que se trabajan aquí, son: ¿es la del sacerdote una profesión más servicial que otras? ¿Por qué la administración de ciertos sacramentos es tarea exclusiva del sacerdote ordenado? ¿Hay algún margen de acercamiento hacia el modelo reformista de sacerdocio? El capítulo séptimo, mientras tanto, analiza la opinión del clero sobre diferentes aspectos de este ministerio, incluyendo algunos de los asuntos más polémicos al interior de la Iglesia. Algunas de las preguntas que recorren este capítulo refieren a la opinión sobre la vida comunitaria con laicos/as, la opinión sobre los sacerdotes que se han enrolado al mundo del trabajo para realizar desde allí su trabajo pastoral, sobre la posibilidad de flexibilizar la condición de célibe para el ejercicio del sacerdocio, si consideran que el celibato es importante para su desempeño sacerdotal, qué opinión tienen sobre la posibilidad de ordenar mujeres y por qué consideran que se han reducido las vocaciones en las últimas generaciones. Particular importancia le ha asignado el autor en este capítulo, al tema de la madurez afectivo y sexual de los sacerdotes y su relación con la ley de obligatoriedad del celibato. Finalmente el capítulo octavo  estudia los rasgos distintivos en materia de calidad de vida laboral y cómo perciben y valoran los sacerdotes las diferentes dimensiones incorporadas en este estudio. Es así que los entrevistados responderán cuán felices están, qué es lo mejor y lo peor del ministerio sacerdotal, qué tanto se sienten acompañados por sus comunidades y obispos, cómo hacen para vivir con los ingresos obtenidos, etc. También se reflexiona sobre el uso del cuello clerical y la sotana, los cambios en la moda respecto a esos distintivos y cómo su uso o no uso se correlaciona con posturas más o menos conservadoras.

Algunos de los principales hallazgos

  • En el mundo, el número de sacerdotes se ha mantenido bastante estable en las últimas décadas, aunque en términos proporcionales desciende en relación a una mayor cantidad de fieles. En Uruguay, por su parte, el número de sacerdotes se ha mantenido bastante estable aunque con una caída en el número total de católicos así como en algunos indicadores de sacramentos. Hoy en el país, por lo tanto, se registra una tasa de sacerdotes/número de católicos bastante más favorable que en el resto del mundo. El mayor problema para el país, es por un lado el escaso número de seminaristas (en 2017 solo ingresaron dos candidatos) y por otro lado el alto número de dispensas: en el último lustro con registros, la tasa de sacerdotes que “abandonan su ministerio” es del 36%, un porcentaje superior a la media en el mundo. Desde este punto de vista, la “tasa de reposición” será negativa en el futuro próximo, aspecto que hoy es crítico en algunas diócesis en particular.
  • En materia de ingresos económicos, la mayoría de los sacerdotes recibe menos de un salario mínimo nacional para la realización de tareas que en muchos casos podríamos definir claramente como “full time” (en promedio trabajan unas 14 horas al día). A diferencia de otras iglesias donde al fiel se le cobra un “diezmo” en la Iglesia Católica el aporte de los fieles a veces es mínimo y eso dificulta las condiciones de trabajo sobre todo de aquellos curas destinados a Parroquias de zonas carenciadas. Aún así 91% considera que sus ingresos le permiten tener una vida digna. Por lo demás existe mucha disparidad acerca de los criterios de remuneración según diócesis.
  • 38% de los entrevistados creen que lo peor del ministerio sacerdotal son algunas condiciones de trabajo. Lo mejor que destacan, por su parte, es el vínculo que se genera con la gente, esto es, valoran especialmente aspectos comunitarios como el contacto con los fieles, relaciones de amistad, poder servir a los demás, etc.
  • Un aspecto crítico es que 4 de cada 10 sacerdotes del clero diocesano viven solos. El 60% de los entrevistados afirma haber sufrido soledad en algún momento de sus vidas.
  • A la hora de tomar la decisión para ingresar al Seminario, solo 43% de los sacerdotes actuales tuvieron el apoyo explícito de sus familias. Incluso familias católicas son renuentes o manifiestan dudas sobre la vocación de sus hijos.
  • El llamado vocacional es muy variado según tipo y edad. Respecto a la edad, es entre la adolescencia y juventud que se despierta el interés por el ministerio sacerdotal.
  • A 500 de la Reforma, la mayoría de los sacerdotes entrevistados (60%) son receptivos a la idea que habrá cierto margen para acercarse al menos en algún aspecto, a los modelos reformistas del sacerdocio.
  • Respecto a algunos de los asuntos más debatidos, la mayoría (58%) no tiene una opinión positiva sobre la posibilidad de ordenar mujeres. Sí hay una mayor predisposición para flexibilizar las normas sobre el celibato (58%).
  • En una escala del 1 al 10 sobre felicidad, las respuestas son abrumadoras: los sacerdotes son muy felices por la vocación elegida. En promedio se llega a 9.2, lo que confirma investigaciones de otros países que consideran a la del sacerdote como la profesión más feliz.

LA CAÍDA DE LAS VOCACIONES

Pablo Guerra señala en su estudio que hay un problema evidente en cuanto a la caída relativa de las vocaciones. Éste no es un fenómeno universal, sino que parece formar parte de un cierto contexto sociocultural. ¿Causas? Sociológicamente el autor menciona causas externas (del contexto sociocultural) y causas internas (del contexto eclesial), deteniéndose en algunas específicas, a saber, una creciente distancia entre el estatus de la profesión y las expectativas de los jóvenes; la forma incongruente en que se ha vivido el ministerio por parte de algunos de sus ministros, caso de los escándalos sexuales y doble moral, problemática que ha contribuido a una suerte de desvalorización social y caída en la imagen de la figura del sacerdote y de la Iglesia Católica; las nuevas posibilidades que se les abren a los jóvenes para poder canalizar su fe y su compromiso social por medio de otras profesiones y vocaciones laicales; las dificultades propias de sociedades que cultivan valores que afectan la posibilidad de generar proyectos de largo aliento (en ese sentido menciona que este rasgo de la modernidad tardía también explica la menor propensión de contraer matrimonio por parte de las parejas de jóvenes), etc. El autor explica, sin embargo, que estos problemas recién enumerados podrían matizarse si tomáramos en cuenta que la inmensa mayoría de los sacerdotes no han participado de escándalos; si reconociéramos que numerosos sacerdotes son modelos de vida y testimonio para muchas personas; o si constatáramos que más allá de los valores predominantes siempre hubo en las sociedades, colectivos dispuestos a cuestionarlos apostando a proyectos vitales alternativos.

En una de sus afirmaciones seguramente más polémicas, concluye desde un esfuerzo de prospectiva, y luego de repasar varios datos, que dudosamente el modelo actual de sacerdocio pueda mantenerse inmutable para dar cuenta de los nuevos desafíos que la Iglesia enfrenta actualmente y enfrentará en las próximas décadas.

¿Puede haber una correlación entre riqueza material y vocaciones sacerdotales?
Guerra señala que si nos atenemos a cómo se comportan las diversas regiones del mundo en la materia, encontraremos interesante evidencia que nos muestra cómo las regiones de Norteamérica y Europa han decrecido en el número de vocaciones. Sin embargo el análisis no puede ser lineal: en Norteamérica por ejemplo, el número de católicos ha crecido en el mismo período en que el número de religiosas se redujo un 50%. Dicho de otra manera, parece haber no tanto una crisis de religiosidad en los países ricos, como una crisis particular acerca de cómo hemos entendido hasta ahora el sacerdocio (o incluso las vocaciones de las religiosas). ¿Podemos explicar esta crisis por  cierta “falta de fidelidad doctrinal y espiritual” tal como proponen algunos autores? Una hipótesis de este tipo deja ver una concepción conservadora de la Iglesia: no es cierto que en el pasado había más vocaciones pues no se incurría en errores doctrinales. Cualquier análisis más o menos riguroso de la historia de la Iglesia echa por tierra una posición de este tipo. Otra causa generalmente atribuida a la falta de vocaciones es la denominada “crisis de la familia”, como sostiene por ejemplo el documento “Orientaciones pastorales para la promoción de las vocaciones al ministerio sacerdotal” (Congregación para la Educación Católica, 2012). Ahora bien, atribuirle a las nuevas configuraciones familiares la falta de vocaciones sin tener en consideración que en décadas pasadas muchos seminaristas ingresaban siendo niños en el marco de contextos familiares críticos, puede contribuir a confundir las explicaciones. Ciertamente que esas prácticas podían demostrar una alta religiosidad de las familias, pero también -sostiene el autor- podían presuponer una estrategia de alivio al presupuesto familiar. Finalmente, surge de la investigación que muchas vocaciones fueron gestadas en hogares con familias fragmentadas o incluso en contextos familiares donde no se vivía intensamente la fe.

¿De qué otra manera poder explicar este fenómeno? ¿Qué tal si el  sacerdocio, como se le entendió durante tanto tiempo en el seno de la Iglesia, está mostrando sus límites para hacer frente a un mundo que ha ido incorporando nuevos valores y nuevas prácticas sociales? Es decir, Guerra sugiere que quizá no debamos poner tanto énfasis en la distancia que existe entre un supuesto ideal de sacerdocio y los “anti valores” de sociedades secularizadas, sino más bien en las distancias sociológicas que operan entre una institución que se mantiene básicamente inalterada durante siglos y sociedades que naturalmente cambian y exigen de sus instituciones renovación y mayor sintonía con nuevas sensibilidades. Si bien es cierto que estamos en presencia de sociedades secularizadas, no menos cierto es que algunas prácticas religiosas y espirituales lejos de mostrar signos de  debilidad, parecen más fuertes que nunca.

Sostiene Guerra: “Podríamos aventurar en tal sentido, un escenario donde el sacerdocio cambie algunas de sus particularidades actuales para adecuarse mejor a las expectativas vocacionales de las sociedades contemporáneas. Por ejemplo, ciertas modificaciones sobre el celibato podrían entusiasmar a algunos jóvenes que no quieren renunciar a un proyecto matrimonial pero que se sienten atraídos por dedicar su vida también al sacerdocio. Otras posibilidades que podrían cambiar el escenario del sacerdocio en el futuro serían la apertura de los Seminarios a varones adultos que han sufrido procesos de ruptura matrimonial o viudez, crear nuevos ministerios para laicos/as comprometidos u ofrecer alguna suerte de sacerdocio part time. Finalmente, tampoco se puede descartar que en algún momento la Iglesia permita la ordenación de las mujeres”, aunque en este plano el autor es consciente que esto es algo lejano dada la poca receptividad que semejante planteo tiene hoy entre las jerarquías eclesiales.

Calidad de vida laboral y efectividad en el Ministerio

En el último capítulo del libro el autor desarrolla la temática sobre las condiciones de trabajo en el clero. Ciertos estudios internacionales y la evidencia recogida por Guerra concluyen que para un ministerio efectivo y coherente, la Iglesia necesita ministros sanos y con moral alta.

En este capítulo el lector podrá apreciar cómo algunas condiciones laborales afectan  la calidad de vida de los entrevistados. Algunos riesgos psicosociales deberían llamar especialmente la atención, caso de las exigencias emocionales, además de la vida en soledad y ciertas condiciones de precariedad material en la que viven algunos sacerdotes, sobre todo  del clero diocesano.

(a la derecha) Dr. Pablo Guerra, y parte del equipo de Umbrales

El trabajo se cierra con las siguientes líneas a manera de corolario: “A pesar de que algunas condiciones laborales en el clero están por debajo del estándar de un trabajador medio en el país (por ejemplo en materia de ingresos económicos y horas de trabajo dedicadas) y a pesar de que el estilo de vida que ellos llevan rompe con algunas tendencias culturales de nuestra época (por ejemplo, hedonismo y consumismo) en términos generales los sacerdotes se muestran muy felices por su vocación, no dudarían en volver a elegir ese camino y valoran de manera muy significativa las diferentes dimensiones de su calidad de vida. ¿Cómo explicar ese comportamiento en el marco de los actuales valores predominantes? De acuerdo a lo que se pudo observar en esta investigación, hay factores comunitarios, psicosociales y espirituales (además de religiosos) que explican este comportamiento. Solo como ejemplos, desde el punto de vista comunitario adquiere mucha importancia el sentirse útil y querido por la comunidad a la que se entrega el sacerdote; desde el punto de vista psicosocial la del sacerdote es de las pocas profesiones donde el egresado consigue trabajo satisfaciendo además las necesidades más altas en la escala de Maslow (autoreconocimiento y autorrealización); desde el punto de vista espiritual y religioso, el sacerdocio permite una rica vida de oración, con momentos de contemplación, de acción sacramental y de acción social según las inquietudes personales. Pero por sobre todas las cosas es interesante mostrar cómo el modelo de trabajo sacerdotal rompe también con el paradigma del homo oeconomicus, demostrando que se puede ser feliz no tanto por lo que recibimos materialmente sino por lo que damos espiritualmente, de tal manera que ese dar se inserta en una lógica de reciprocidad que sostiene y alienta al cura”.

 

¿Dónde conseguir el libro?

Librería Las Paulinas (Colonia 1591, Montevideo)

Sede de OBSUR (José Enrique Rodó 1727, Montevideo)

Gruta de Lourdes (Av. Instrucciones 2223, Montevideo)

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