(Biblia) Apolo:  Un predicador carismático y humilde

¿Quién era este hombre?

A pesar del nombre griego y la lógica alusión al dios griego del sol y de las artes, era un judío y probablemente dado el nombre, era de la diáspora… ¿de Alejandría, tal vez?

Sabemos sí, que predicó entre los años 50 al 53 en la época del emperador Claudio, y que sus caminos se cruzaron con los de San Pablo, o al menos con sus colaboradores.

San Pablo lo menciona como uno de los predicadores que nuclearon y ayudaron a formar la joven y entusiasta (aunque algo indisciplinada) comunidad de Corinto.

En efecto, algunos de los miembros de la Iglesia se reconocían como discípulos de Apolo, y estaban enfrentados con los otros miembros de la comunidad que se sentían partidarios de los otros predicadores que habían trabajado entre ellos.

Pero dejemos que hable el apóstol:

“Veo que hay rivalidades y envidias entre ustedes. Pues mientras uno dice: “Yo soy de Pablo”, y otro dice “Yo soy de Apolo” ¿no se comportan entonces como hombres carnales y comunes? Pero piensen: ¿Quién es Pablo, o quién es Apolo? Sólo son servidores, que recibieron de Dios dones diferentes, por medio de los cuales ustedes llegaron a la fe.

Yo planté, Apolo regó, pero quien hizo crecer fue Dios. De tal forma que el que planta y el que riega no son los importantes, sino Dios que es el que hace crecer”

(1Cor 3,4-9).

No consta que Apolo haya sembrado esa rivalidad, hasta el punto que algunos de la comunidad lo prefieran como Maestro antes que a Pablo.

Sin embargo Pablo lo reconoce como un servidor de Dios que aportó su sabiduría y su prédica para hacer crecer a la comunidad, al igual que Pablo mismo, que fue quien la fundó.

 

Primeras noticias sobre Apolo 

La primera referencia que tenemos de Apolo está en el Libro de los Hechos.

“Un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, había llegado a Éfeso. Era un orador muy elocuente, y muy entendido en las Escrituras. Le habían enseñado algo del camino del Señor, y  hablaba de Él con mucho entusiasmo. Enseñaba en forma muy acertada todo lo referente a Jesús, aunque sólo se había quedado con el bautismo de Juan.

Hablaba pues con mucha convicción en la sinagoga.

Al oírlo Aquila y Priscila, lo llevaron consigo y le expusieron con mayor precisión el camino.

Como pensaba pasar por Acaya, los hermanos le alentaron y escribieron a los discípulos, para que lo recibieran.

De hecho, cuando llegó, ayudó muchísimo a los que la Gracia de Dios había llevado a la fe, pues rebatía públicamente y con gran acierto a los judíos, demostrando con las Escrituras que Jesús era el Cristo.”

Hechos 18,24-28.

 

La sorpresa de San Pablo

Cuando Pablo llega a la ciudad de Éfeso, se encontró con algunos discípulos de Jesús.

Él no esperaba encontrarlos allí por lo que quedó muy sorprendido.

Luego al dialogar con ellos se dio cuenta que no conocían todo el mensaje de Jesús, y que no habían oído hablar del Bautismo que se daba en su Nombre. Sólo habían recibido el Bautismo de Juan. Así que completó su formación, y les dio el Bautismo.

Al recibirlo, se manifestó con gran fuerza el Espíritu Santo en ellos, y comenzaron a hablar en lenguas y a profetizar, como había ocurrido en Pentecostés, cuando había bajado el Espíritu Santo sobre los apóstoles y los primeros discípulos.

De esta forma Dios estaba confirmando que la misión del predicador que les había enseñado la Palabra de Jesús antes de Pablo, había sido de su agrado. Pablo continuó y completó la obra del predicador que no había sido otro más que Apolo. (Hechos 19,1-10)

 

Apolo: un predicador brillante, pero muy humilde

¿Quiénes eran Aquila y Priscila, los que instruyeron a Apolo?

Eran un matrimonio amigo de Pablo, y que con él colaboraba en la ciudad de Corinto.

Habían formado equipo con Pablo, pues el emperador Claudio, reinante en ese entonces, había expulsado a los judíos de Roma (Hechos 18,1-2).

El libro de los Hechos no nos dice nada de la causa de la expulsión, pero el historiador Tácito en sus anales, lo dice.

Menciona que Claudio expulsó a los judíos que se peleaban unos con otros “a causa de un tal Cresto, lo que provocó grandes tumultos y peleas”. Está ahora muy claro lo que pasaba. Fue una discusión entre los judíos cristianos de Roma y los que no lo eran. El tal “Cresto” no era otro que “Cristo” nombre al que Tácito pronunció erróneamente y que no era el nombre de Jesús sino su título, confusión que todavía hoy persiste.

Aquila y Priscila trabajaban en la confección y armado de tiendas de campaña, artículo muy necesario en aquella época donde los viajes por tierra en caravanas eran más frecuentes que los viajes marítimos, que aún estaban poco desarrollados y eran algo peligrosos.

Eso los unió para formar un equipo.

De hecho, Apolo dejó de trabajar solo para ser miembro del equipo misionero de Pablo.

La confirmación de esto es la mención que hace Pablo de él en la epístola a Tito, en la cual le recomienda a éste que reciba y atienda a Zenas y a Apolo para que nada les falte (Tito 3,13).

Como predicador era muy bueno, y Aquila y Priscila no se escandalizan acerca de su formación, sino que lo ayudan a completarla. No tienen celos de él.

Y Apolo muestra su humildad, no sólo se deja ayudar sino que trabaja en equipo y trata de unir fuerzas con los otros hermanos.

Y sobre las disensiones en Corinto, ya sabemos que no fue Apolo el que las causó.

San Jerónimo, monje del siglo IV que tradujo la Biblia al Latín por encargo del Papa San Dámaso, nos dice que la razón de que Apolo se fuera de Corinto era que estaba muy disgustado con la división en la ciudad de Corinto, por lo que prefirió dirigirse a Creta, con Zenas el abogado.

Este dato coincide con lo que dice la carta a Tito.

Jerónimo añade que cuando vuelve la paz a la comunidad de Corinto, gracias a las cartas de Pablo, regresa a la ciudad y se convierte en su obispo.

Nos admira la humildad de Apolo, y su deseo de no dividir. Podría haberse aprovechado de la situación para erigirse en gran líder religioso, y rivalizar con Pablo, pero él prefirió hacerse miembro de su grupo misionero, y se fue de la ciudad cuando vio que su presencia podría provocar divisiones.

Por otra parte acepta la ayuda de Aquila y Priscila con gran humildad.

 

Importancia de Apolo

Apolo desea trabajar por Cristo, sin esperar aplausos ni reconocimiento.

Si leemos con atención a Pablo, vamos a ver que el apóstol tuvo que luchar toda su vida con predicadores engreídos que se creían grandes personajes, y lo único que hicieron fue dividir las comunidades.

Apolo no era de esos, era un hombre humilde, un verdadero discípulo de Jesús, que no se predicaba a sí mismo, sino al Señor.

Los sacerdotes deberíamos aprender de él. También seguir el consejo del Papa Francisco:

“No sean largueros, hablen brevemente pero claro, en forma comprensible y clara el mensaje de Jesús” (como hizo Apolo).

Martín Lutero y algunos estudiosos modernos creen que Apolo fue el autor de la carta a los Hebreos, que hoy se sabe que no la escribió San Pablo.

Apolo está considerado un santo por varias Iglesias cristianas, que conmemoran su fiesta el 13 de febrero.

 

Eduardo Ojeda

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