BRASIL: PRIMERO, FORMAR LAICOS

Amazonia: pequeñas comunidades

En una entrevista, de la que publicamos algunos extractos, a Miguel Modino, el obispo de Macapá, Pedro Conti de la Comisión para los Laicos de la CNBB, declaró: “El desafío hoy es retomar la iniciación cristiana de una forma nueva. Es necesario comenzar por los adultos; son los padres los que deben hacer una experiencia de fe y de convivencia con la comunidad para comunicarlas a los hijos, que de otra manera no se sentirán implicados. Esta es la novedad que tenemos que implementar. El objetivo de nuestra pastoral es la formación básica para todos, con posteriores especializaciones en liturgia, catequesis, biblia y pastoral social. Queremos ayudar a la gente a vivir su fe en comunidad, en pequeñas comunidades a partir de la Palabra de Dios, dando la mayor importancia al papel y a la formación de los laicos. Tenemos que preparar líderes que sean reconocidos oficialmente; de allí el tema de poder ordenar sacerdotes a hombres casados. Creo que los Diáconos Permanentes que ya están en las comunidades y tienen un liderazgo significativo, podrían celebrar la Eucaristía. De esa manera los sacerdotes célibes podrían tener más libertad para moverse, más tiempo y condiciones para acompañar a las comunidades y podrían ocuparse más de la formación. Espero que en Amazonia se pueda hacer esta experiencia; nos encontramos con un montón de pastores evangélicos, evidentemente mal preparados pero que viven y están presentes en sus comunidades. Por eso que hay católicos que van a la iglesia evangélica con el pastor, porqué les dicen que todos creemos en el mismo Jesús. Estamos esperando una señal positiva; no es algo imposible si investimos en personas que ya tienen una preparación y no les exigimos una dedicación exclusiva. Con la ordenación estas personas podrían celebrar la Eucaristía y perdonar los pecados, que son los sacramentos más indispensables. En Amazonia hay muchas islas; una parroquia que tiene cien comunidades, acaba celebrando dos misas por año y estas se sienten como aisladas. En las periferias de las ciudades con parroquias de 50 mil habitantes se da lo mismo; si el cura está con los jóvenes, no está con las familias, si está con las familias no está con los niños o con los ancianos o con la pastoral social; no sabe cómo hacer milagros”.

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