COLOMBIA: MÁS PASIÓN POR LA MISIÓN

Francisco y doña Lorenza

Llama la atención cómo Colombia y Méjico, los dos países más católicos de América Latina sean también los más violentos y donde más se da una persistente y solapada persecución a miembros de la Iglesia. En los últimos 30 años en Colombia hubo más de cien curas, religiosos/as, catequistas y 2 obispos asesinados, sin contar heridos y secuestrados. El Papa fue recibido con entusiasmo por el pueblo católico y en Cartagena honró a todos los que luchan por la paz, la justicia, los derechos humanos en nombre del Evangelio. Visitó al barrio más pobre de la ciudad y entró en la casa de doña Lorenza Pérez, una mujer de 77 años que alimenta diariamente hace 50 años a chicos pobres; la abrazó y le dijo: “Usted vale mucho, doña Lorenza”. Allí en su comedor le curaron al Papa la herida de su pómulo izquierdo. Francisco dijo una frase que impactó mucho: “Cuando se encuentra una persona buena, hay esperanza”. Visitó la tumba de san Pedro Claver que por casi 40 años atendió a los eslavos que bajaban en Cartagena de los barcos negreros para ser vendidos y se declaraba “esclavo de los esclavos para siempre”. Los últimos 4 años de su vida los pasó enfermo en su celda abandonado y calumniado por los que se sentían amenazados por su predicación en contra del comercio de esclavos. El Papa  invitó a obispos y sacerdotes a imitar su ejemplo frente a las nuevas esclavitudes, los invitó a predicar el perdón y  la reconciliación como tarea de todos frente a la imagen del Cristo mutilado (sin brazos ni piernas) de Bojayá, un crucifijo destruido por una explosión durante el conflicto. Todo un símbolo fue el abrazo de los ex guerrilleros con víctimas de la guerrilla así como del hijo de Pablo Escobar con el hijo del ministro de justicia asesinado por Pablo Escobar. Aludiendo a las palabras de san Pedro Claver, el Papa les dijo a todos: “Sean esclavos de la paz para siempre”. En especial a los obispos los invitó a promover la renovación de la Iglesia. Sus palabras adquirieron más amplitud al dirigirse a los obispos del CELAM. Los exhortó a “no dejarse paralizar por el aire acondicionado de las oficinas o las estadísticas abstractas, a no reducir a laicos y mujeres a símbolos de nuestro recalcitrante clericalismo que los infantiliza a ellos y empobrece nuestra propia identidad; ellos son los protagonistas de la Iglesia Latinoamericana”. Recordando el mensaje de Aparecida que considera no todavía plenamente asumido, el Papa declara: “Hace falta más pasión para la misión y dejar el bizantinismo de los doctores de la ley. La Iglesia tiene que salir para encontrar y no pasar de largo, reclinarse sin desidia, tocar sin miedo. La misión se realiza en un cuerpo a cuerpo. No hay que reducir a la Iglesia a una organización dirigida con modernos criterios empresariales por parte de una casta clerical, ni con retórica u opciones escritas en planes pastorales jamás puestos en práctica”.

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