Biblia: las tentaciones de Jesús, y las nuestras

Tanto Mateo como Lucas, nos traen una historia muy interesante acerca de las tentaciones de Jesús. (Mt. 4, 1-11  / Lc. 4,1-13) Jesús aunque era y es el Hijo de Dios, no escapó a la condición humana, y a una de sus consecuencias: su fragilidad.

Es normal que a lo largo de nuestra vida nos veamos tentados a apartarnos del camino de la fe, y el seguimiento del Señor, y su voluntad.

Lo mismo le pasó a Jesús. Los evangelistas sitúan esto al comienzo de la vida pública, pero si leemos con atención los evangelios veremos que son las tentaciones que acompañarán al Maestro toda su vida. Sino no comprenderíamos porque llega a llamar Satanás a uno de sus mejores amigos. (Mt.16,22-23) Es que el enemigo usaba al pobre Pedro para volver a tentarle.

¿Cuáles son estas tentaciones? Tentaciones a las que Satanás hace aparecer como inocentes, o guiadas por un noble propósito. Propósito torcido y mentiroso, que se intenta vender como bueno. No olvidemos que el demonio es el padre de la mentira, ¡Si hasta llega a citar la Escritura para justificar sus propuestas!

 

El contexto del desierto indica por otro lado una comparación con las tentaciones que tuvo Israel cuando guiado por Moisés recorría el camino que lo llevaba de Egipto a la Tierra prometida. (Num. 20,1-13). Pero a diferencia de Israel, Jesús venció, e invita a su Pueblo (la Iglesia) a vencerlas también.

Porque estas tentaciones de Jesús son también las nuestras, la de los cristianos actuales, y la de la Iglesia. Seguiremos la lista de Mateo, para entenderlas.

Primera tentación. Ceder a nuestros deseos humanos, sin pensar en la voluntad de Dios.

Si eres el Hijo de Dios, haz que estas piedras se transformen en panes.” (Mt.4,3)

Es la tentación de la prescindencia de Dios, Satanás le dice a Jesús que no debe esperar ayuda de su Padre, y que es inútil abandonarse como estaba haciendo él a su voluntad. Es más práctico y efectivo, usar su propio poder para satisfacer sus necesidades materiales.

Es la tentación del ateísmo práctico. No pensamos en Dios y su voluntad, hacemos nuestros planes, y para nosotros son lo más esencial. No pensamos si estos son compatibles con la voluntad de Dios. Y así hacemos pasar lo que son decisiones y caminos nuestros por los de Dios.

Así hemos muchas veces construido una Iglesia muy similar a las sociedades humanas, y hemos olvidado los criterios evangélicos.

Benedicto XVI luego de haber anunciado su próxima renuncia había descargado su corazón ante los miembros de la Curia Romana, diciéndoles que había observado que en lugar de comportarnos como  pastores, que debemos servir al Pueblo de Dios, estamos muchas veces más interesados en hacer carrera eclesiástica.

Si miramos al interior de nuestras comunidades parroquiales y religiosas, veremos también muchas codicias, luchas por el poder, que son reflejo del deseo humano de ser escuchados apreciados y aplaudidos. Pero como dijo Jesús “pensamos no como Dios, sino como los hombres.” (Mt. 16, 23)

Deberíamos pensar en servir sin esperar alabanzas, reconocimientos y gratificaciones humanas. Por eso la respuesta de Jesús es muy reveladora. “No sólo de pan vive el hombre, sino de la palabra que sale de la boca del Señor.” (Mt. 4,4)

Segunda tentación.  El triunfalismo mesiánico y milagrero.

Después el diablo, lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. Luego le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, tírate  abajo: pues  está escrito: “Dios dará ordenes a sus ángeles, y te llevarán en sus manos, para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”(Mt. 4,6)

Haz un milagro, hazte ver….es la tentación más frecuente. Jesús estaba harto de que le pusieran condiciones para creerle, de que le exigieran milagros portentosos.

Usar a Dios para nuestros propósitos. Manipularle. Por eso Jesús le recuerda al tentador: También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios.” (Mt.4,7)

Pero lo observamos a cada rato, en nuestra Iglesia y en otras confesiones y denominaciones cristianas.

Monseñor Partelli que había sido párroco en Rivera nos contaba a los curas que había encontrado una familia muy pobre donde la señora viuda de un peón de estancia y que tenía a su cargo 5 hijos, le contaba un domingo en que la había visitado que su hijo mayor que ya contaba con 16 años de edad estaba trabajando en un pueblo cercano. Partelli extrañado porque era domingo, le preguntó de que trabajaba. Ella le respondió : “Es actor Padre, y trabaja haciendo de paralítico para el Pastor evangélico del pueblo vecino.”

¿Y por casa como andamos? Recordemos las denuncias que hacía Lutero en el siglo XV, fundadas ciertamente, sobre ciertos predicadores católicos, que prometían indulgencias a cambio de donaciones económicas, y prácticamente le aseguraban al Pueblo que si eran generosos en sus donaciones, irían al Cielo. El poder religioso, es muy atrapante.

¡Cuantas veces se organizan guerras santas en Nombre de Dios! Y no lo hacen sólo los Yihaidistas.

¿O acaso George W. Bush no invocaba a Dios y su fe cristiana, para convencer a su pueblo, de luchar contra el terrorismo?

No podía decir a su Pueblo que lucharan por los intereses petroleros de EEUU en los cuales su familia estaba directamente implicada. Nadie va a ir a morir a un frente de batalla por los intereses económicos de sus líderes, pero si por Dios.

Tercera tentación. La tentación del poder, y la manipulación de la gente.

“Entonces el diablo le llevó a una montaña muy elevada y desde allí le mostró todas las naciones del mundo con todas sus grandezas y riquezas, y le dijo: “Todo esto te lo daré, si te postras ante mi, y me adoras. Pero Jesús le dijo: “Apártate de mi Satanás, pues está escrito: “adorarás al Señor tu Dios, y sólo a él servirás.”  (Mt. 4, 8-10)

Hay muchos que cayeron en esta tentación. (Hitler, Stalin, Pinochet, Fidel Castro, Maduro….)

El demonio le ofrece a Jesús todas las riquezas del mundo, si le adora.

Pero no le muestra oro, o joyas o piedras preciosas, o palacios suntuosos.

La verdadera riqueza del mundo para Jesús son los seres humanos, la gente.

Le ofrece entregárselos. Le asegura que harán lo que él les pida. Y por supuesto la Tierra se volvería un paraíso. Imaginen que si Jesús lograra que todos hicieran su voluntad se acabarían las guerras, la explotación del hombre por el hombre…..etc. Si, muy hermoso, pero….¿a qué precio?

La Iglesia ha pasado por eso. ¿Qué pasó con las cruzadas, y con la Inquisición? Y a veces sigue pasando. Obligamos a la gente a hacer el bien, los amenazamos con el Infierno, nos sentimos con la autoridad divina de decirles como tienen que vivir.

Es por una noble causa. Pero Jesús advierte que la libertad del Hombre es sagrada, y que atentar contra ella, es igual que adorar a Satanás como Dios.

Dios nos hizo libres y no desea la alabanza de esclavos.

Y si miro a mi gremio. ¿Cuántas veces los sacerdotes actuamos como dueños de la comunidad, y tomamos decisiones arbitrarias, discriminamos, pasamos por encima de los laicos, pues por ser pastores nos creemos más cerca de Dios?. Es por una buena causa sí. Pero ¿a qué precio?

Eduardo Ojeda

2 comentarios en “Biblia: las tentaciones de Jesús, y las nuestras

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