(aniversario) Hace un siglo: “INÚTIL MASACRE”

 

Benedicto XV

Ya había empezado la primera guerra mundial el 28 de julio de 1914 entre las dos alianzas opuestas: por un lado las llamadas “potencias centrales” (Alemania e Imperio Austro-Húngaro) y por el otro Inglaterra, Francia y Rusia. Fue llamada “la grande guerra” porque involucró a 70 millones de soldados en la contienda más grande de la historia hasta ese momento. Tendrá el saldo final de unos diez millones de soldados muertos, más siete millones de civiles. El papa Benedicto XV fue elegido el 6 de setiembre de 1914 y dos días después hizo el primer llamamiento para frenar la guerra en pos de negociaciones. Estaban implicadas las dos terceras partes de los católicos del mundo (124 millones por parte de los aliados y 64 millones por parte de las potencias centrales). Esta guerra fue traumática para el Papa, en especial por la división que creó entre los católicos alistados en bandos opuestos y fogueados por un nacionalismo desmedido. No solo la guerra alejaba de su ministerio a numerosos sacerdotes movilizados, sino que presentaba un espectáculo bochornoso con cristianos que se odiaban y se mataban unos a otros, con obispos y sacerdotes enfrentados entre sí.

Desde un primer momento el Papa denunció la guerra en sí misma con un acento fuertemente crítico, sin hablar de guerra justa en ningún caso. Buscó quedar arriba de las partes con una declarada neutralidad, para poder realizar su rol diplomático en todos los países y eventualmente una mediación. Al declarar la neutralidad del Estado pontificio, su decisión fue atacada por todos los bandos y hasta se llegó a insultarlo en todos los idiomas. Los franceses lo llamaban “boche”, un término despreciativo con el cual designaban a los alemanes; otros lo tildaban de “Franzosenpapst, Pilatos XV, Maldito XV etc.. El Papa intentó obtener una tregua para la Navidad siguiente que muchos soldados llevaron a cabo contra la voluntad de sus mandos. Otras confesiones cristianas echaban leña al fuego hablando de “cruzadas”. Benedicto se negó a calificar la guerra de cruzada como pretendían muchos y ni la consideró justa para nadie, a pesar de que la invasión alemana de Bélgica, que se había declarado neutral, fuera contraria a todas las reglas del derecho internacional. El Papa estaba en contra de la guerra en sí misma, dado el poder destructor de las armas modernas. En enero de 1915 denunció la guerra no como una contienda sino una “matanza cruel”. Dado el clima de exaltación nacionalista reinante, no fue escuchado y menos comprendido. Cada bando lo acusó de estar a favor del contrario. Benedicto no se calló y se mantuvo firme en su actitud hasta el final. El 25 de mayo de 1915 calificó la guerra de “horrible carnicería que deshonra a Europa”. Hizo todo lo posible para que su país, Italia, no entrara en guerra. Condenó la agresión a Bélgica en 1914; el gobierno de Bélgica se lo agradeció, los alemanes protestaron. Benedicto estaba convencido de que solo un cese de los combates que no acarreara el aniquilamiento de ninguno de los beligerantes ofrecería la posibilidad de una reconstrucción en paz, de la futura Europa. Fue profético porque el tratado de Versalles con el hundimiento de Alemania, será justamente el motivo principal del rearme alemán con Hitler.

“HORRIBLE CARNICERÍA”

El pontificado de Benedicto XV ocupa un lugar especial en la historia del servicio a la paz que la Iglesia ha prestado. Cuando la guerra llegó a estancarse mientras morían miles y miles de jóvenes en las trincheras, Benedicto creyó llegado el momento. Los primeros contactos se establecieron con Alemania enviando a Munich al cardenal EugenioPacelli. El primero de agosto de 1917 el Papa hizo llegar a los gobiernos de los países beligerantes un mensaje en vista de la paz y la reorganización internacional con un rol arbitral de la Iglesia. Es la famosa “Nota a los jefes de las potencias beligerantes”. Las propuestas eran concretas: evacuación del norte de Francia y Bélgica, restitución a Alemania de sus colonias; renuncia reciproca a las indemnizaciones de guerra, libertad de los mares, desarme simultaneo, institución de un arbitraje obligatorio, solución equitativa de los problemas pendientes. La iniciativa no tuvo éxito. Tras la entrada de los Estados Unidos en guerra los aliados se sentían seguro de la victoria. Desde el púlpito de Notre Dame de París el p. Sertillanges se dirigía al Papa diciendo: “No podemos confiar en una paz conciliadora; somos unos hijos que dicen no, como el aparente rebelde del evangelio”. Leon Bloy llegó a comparar al Papa con Poncio Pilato. La reacción de la opinión pública fue más hostil que la de las cancillerías. La que tuvo una repercusión mundial y quedó en la historia fue la definición de la guerra , presente en la Nota, como de una “inútil masacre”. El Papa en aquella época usó expresiones aún más fuertes refiriéndose a la guerra: “es el suicidio de la Europa civilizada” (4-3-1916); “es la más turbia tragedia de la locura humana” (4-12-1916). El Papa al mismo tiempo que condenaba el nacionalismo desmedido y violento, desarrollaba una intensa actividad diplomática y un extraordinario esfuerzo de ayuda humanitaria a las víctimas de la guerra. Intervino públicamente a favor de Rusia azotada por el hambre, a favor de Austria por una situación parecida. El Papa fue dejado afuera en las negociaciones que desembocaron en la paz de Versalles. Se sintió desilusionado porque en el marco de la cristiandad vigente, no se reconocía su rol en favor de la paz. Consideró que los tratados de Versalles y Saint-Germain, con la rendición incondicional de Alemania, se inspiraban en sentimientos de venganza más que de justicia y siguió pidiendo que cesaran los odios y la desconfianza mediante la reconciliación mutua. Benedicto escribió también tres cartas (que no tuvieron respuesta) al Sultán turco para que parara la masacre de los armenios. La experiencia del conflicto y de las negociaciones fracasadas y el convencimiento de que la nueva paz no se basaba en fundamentos sólidos hizo que la Sociedad de las Naciones no tuviera el aporte de la Iglesia. Es justicia recordar a este Papa, calumniado e incomprendido, como un gran artífice de paz.

P.C.

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