(Biblia) Bernabé, apóstol y amigo fiel

San Bernabé

Cuando miramos la historia de un gran hombre, debemos tener en cuenta que no es un mágico accidente de su época, sino que ese hombre notable ha tenido gente amiga que lo ha ayudado a realizar todo su potencial. En el caso de Saulo de Tarso, al que nosotros conocemos como el apóstol San Pablo, hubo alguien clave, y que fue antes que nada un gran amigo, que lo acompañó desde el principio, y sin él San Pablo no hubiera sido el gran líder espiritual que fue. Se trata de Bernabé, que en el Nuevo Testamento es el único que es llamado junto con los 12 y con el mismo Pablo, apóstol de Jesús. La referencia la encontramos en la Primera Carta a los Corintios 9,1-6. En ella Pablo dice:


“¿No soy yo acaso libre? ¿No soy yo un apóstol? ¿No he visto a Jesús Nuestro Señor, y no son ustedes mi obra en el Señor? Aunque otros no me reconozcan como apóstol, para ustedes lo soy, y ustedes son en el Señor, la prueba de que yo hago obra de apóstol. Escuchen pues lo que responde a los que me critican. ¿No tenemos acaso derecho a que nos den de comer y de beber? ¿No tenemos derecho a que nos acompañe en nuestros viajes alguna hermana, como hacen los demás apóstoles, y los hermanos del Señor y el mismo Cefas (Pedro) ¿Solamente a Bernabé y a mi nos negarán el derecho a no trabajar?” .

 

Este pasaje es muy revelador, pues dice dos cosas que hacen a la categoría de Apóstol de Pablo y Bernabé.

Ambos son testigos de la Resurrección del Señor. En cuanto a Pablo, se sabe que éste alude a su visión del Resucitado narrada en Hechos 9, 1-6. Respecto a Bernabé, la tradición lo sitúa como uno de los 70 discípulos a los que Jesús envía (Lc 9-16) a los pueblos de Galilea a anunciar su Palabra. Se piensa que Bernabé formaba ya tempranamente la primitiva comunidad cristiana, pues lo vemos integrando esa comunidad en la misma ciudad de Jerusalén (He 4, 34-37) mostrando su generosidad.

¿Fue testigo entonces Bernabé de la Resurrección de Jesús? Si, con seguridad. Él fue uno de los discípulos de Jesús que le siguieron desde el comienzo de su vida pública, y fue ciertamente uno de los “500 hermanos” mencionados por Pablo, que le vieron luego de su Resurrección (1Cor 15,6)

El hecho de que Pablo los compare a Él y a su amigo Bernabé con Cefas, y a los demás apóstoles que forman el grupo de los 12 habla elocuentemente de la posición tan privilegiada que Bernabé había ocupado desde el comienzo en el grupo de los discípulos.

La Palabra apóstol, significa “enviado” y a nivel genérico se emplea para los discípulos que fueron testigos de la Resurrección, al igual que los 12, pero no significa que Pablo y Bernabé tengan la misma centralidad en la Iglesia que tenían los 12 desde los comienzos.

Por otra parte tanto Pablo como Bernabé cuentan con el aval de sus logros apostólicos y la fundación de varias comunidades cristianas, en las que trabajaron juntos, como Iconio, Listra, la Comunidad de la Isla de Chipre, o Filipos y la misma comunidad de Corinto.

 

Historia de Bernabé

Debemos decir desde el comienzo que Bernabé era judío, pero de la Diáspora *, ya que provenía de Chipre. Era de la tribu de Leví, su nombre en realidad era José. Era un hombre bueno y apreciado en la comunidad, ya que estaba “lleno del Espíritu Santo” así los apóstoles siguiendo la costumbre que Jesús había tenido con Simón al que llamó Pedro, le cambiaron su nombre por el de “Bernabé” que significa “el que conforta”. Nombre muy bien elegido. Bernabé traía paz a la comunidad, aún en los conflictos y era un hombre que no se dejaba ganar en generosidad (He 4, 36-37) Saulo de Tarso, en cambio era un joven fariseo discípulo de Gamaliel, un sabio maestro de la Ley que integraba el Sanedrín (He 22,3).

Fue testigo de cargo y estuvo de acuerdo con la condena a muerte de Esteban, el que primero fue ejecutado por seguir a Jesús (He 8,1-3). Incluso, organizó con el aval del Sumo Sacerdote, una persecución en contra de los discípulos de Jesús. Fue esto lo que le llevó a Damasco donde se encontró con Jesús Resucitado (He 9,1-11). Cuando Saulo, ya convertido y habiendo recibido el Bautismo, intenta en la misma ciudad de Damasco predicar el mensaje de Jesús, confunde a los que lo escuchaban, a los judíos que lo ven como un traidor a su causa, y a los judíos cristianos que no le creen y piensan que es un espía enviado contra ellos para perderles. Así que Saulo debe salir a escondidas de Damasco, pues los judíos le querían matar (He 9,23-25)

Cuando vuelve a Jerusalén intenta predicar pero le pasa lo mismo que en Damasco. Entonces, providencialmente, aparece Bernabé. Él le escucha con amor, y se hace su amigo, luego le presenta ante los apóstoles. Bernabé se da cuenta en seguida de la importancia del mensaje de Saulo, y al ver que no le aceptan logra legitimar su misión, presentándolo a los apóstoles y jugándose por él. Esta actitud le muestra como un gran hombre, que es fiel al Señor, y que sabe discernir lo que viene de Dios.

Sin el apoyo de Bernabé es muy seguro que Pablo habría terminado acuchillado o apedreado en alguna callejuela de Jerusalén. Los apóstoles le otorgan su aval, y consideran auténticos su llamado y su misión (He 9,26-30)

Pero aunque Saulo sigue predicando en Jerusalén, con la aprobación de la comunidad, sigue corriendo peligro, pues los judíos quieren matarle, así que los discípulos le envían de vuelta a Tarso. Allí irá a buscarle sacándole de su exilio Bernabé.

Antioquía

Allí en la ciudad de Antioquía, hay una comunidad cristiana. Pero en ella había una gran armonía entre cristianos judíos y cristianos de origen pagano.

Allí Pablo encuentra respiro, y su lugar, vive feliz en Antioquía. ¡Al fin puede predicar con libertad a Jesús, junto con el gran apoyo de su amigo Bernabé! Fue en esta ciudad donde por primera vez, los discípulos de Jesús son llamados cristianos (He 11,19-30)

Pero la comunidad de Antioquía, no comete el mismo error que la de Jerusalén, y no se encierra en si misma. Así el Espíritu Santo, elige a Bernabé y a Saulo para predicar el nombre de Jesús, en tierras lejanas.

El Espíritu Santo, habló entonces por medio de los maestros y profetas que adoraban a Dios:

“Sepárenme a Saulo y Bernabé, para una tarea que les tengo asignada”; (He 13:1,2)

Después de ayuno y oración, Pablo y Bernabé recibieron la misión y la imposición de manos (He 13:3). Partieron acompañados de Juan, apodado Marcos, (el que después escribiría el Evangelio que lleva su nombre) sobrino de Bernabé, a predicar a otros lugares, entre estos Chipre, la patria de Bernabé. Allí convirtieron al procónsul romano Sergio Paulo, de quien Saulo tomó el nombre para predicar entre los gentiles.

Fueron luego a Perge, en la provincia de Panfilia, donde se inició el más peligroso viaje misionero. Pero Juan Marcos no estaba muy decidido y les abandonó, regresando solo a Jerusalén. Luego prosiguieron su viaje misionero por las ciudades y naciones del Asia Menor.

En Iconio, capital de Licaonia, estuvieron a punto de morir apedreados por la multitud. Luego se refugiaron en Listra, donde el Señor, por medio de San Pablo, curó milagrosamente a un paralítico y por esa razón los habitantes paganos dijeron que los dioses los habían visitado, haciendo lo imposible Saulo y Bernabé evitaron que la población les ofreciera sacrificios y por eso se pasaron al otro extremo y lanzaron piedras contra San Pablo y lo dejaron maltrecho.

Tras una breve estancia en Derne, donde muchos se convirtieron, los dos Apóstoles volvieron a las ciudades que habían visitado previamente, para confirmar a los convertidos y para ordenar presbíteros. Recordaban que “es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios” (He 14, 22). Después de completar la primera misión regresaron a Antioquía de Siria (He 13,4-52/He 14)

Poco después, algunos de los judíos cristianos, contrarios a las opiniones de Pablo y Bernabé, exigían que los nuevos cristianos, antes de ser bautizados. fueran circuncidados. A raíz de eso, se convocó al primer Concilio de la Iglesia, que se celebró en Jerusalén, y donde Pedro, el apóstol Santiago y Juan, presidieron la reunión. Allí fue clave el testimonio de Pablo y de Bernabé, que narraron a todos los representantes de las comunidades cristianas que habían asistido, como los gentiles se convertían, y con que entusiasmo habían aceptado a Cristo en sus vidas.

Pablo y Bernabé habían predicado ya a los paganos, y sabían que si se les imponía la circuncisión, muy probablemente no aceptarían convertirse. Debemos entender que en aquella época en el mundo grecorromano, era muy habitual la ida a los baños o termas, públicas, en donde no sólo se bañaban sino que se encontraba la gente y se practicaba gimnasia y deportes, y eso no se hacía vestido con ropa deportiva, sino desnudos.

Por eso la palabra Gimnasia, tiene su raíz en la palabra griega “desnudo” o sea “gymnos”. Si no se hubiera aceptado lo que Pablo y Bernabé decían, hoy probablemente el cristianismo no existiría o hubiera quedado reducido a una secta minoritaria de la religión judía.

Pero obtuvieron el apoyo de Pedro y el de Santiago lo cual fue muy importante. Se declaró entonces que los gentiles convertidos estaban exentos del deber de la circuncisión. De todas formas en los ágapes fraternos eucarísticos + se pedía que los cristianos sólo comieran comida que fuera aceptable a los cristianos de origen judío (He 15, 1-35). Estos acontecimientos tuvieron lugar entre los años 47, y 50 D. C.

Conflictos entre Pablo y Bernabé

Saulo le propuso a Bernabé, que volvieran a visitar a las comunidades que se habían formado en su primer viaje apostólico.

Pero esta vez Bernabé no fue con él, por lo menos no partiría hacia Antioquía junto a Saulo. Lo que ocurrió fue a causa del sobrino de Bernabé. Juan, apodado Marcos y futuro evangelista. Marcos era aún muy joven y había tenido miedo, de acompañarlos hasta Asia, por eso Bernabé debería haber hablado con el muchacho, y lo habría convencido de ir con ellos.

Sin embargo Pablo no lo quiso llevar con ellos, pues les había abandonado, y podía volver a hacerlo. Pablo no confiaba en él. Bernabé, en cambio, más indulgente, deseaba darle una segunda oportunidad. Pero Pablo fue inflexible.

¿Dejaron de ser amigos? No, de ninguna manera. A veces los amigos discrepan, y tienen distintos puntos de vista. Pero eso no significa que su amistad se hubiera perdido. Simplemente y sin dejar de tenerse cariño mutuo se separaron en paz.

San Pablo se fue a su proyectado viaje con Silas y Bernabé partió a Chipre con Juan Marcos (He 15, 36-41)

Más tarde se volvieron a encontrar como amigos misionando en Corinto (1 Cor 9, 5-6), por lo que se deduce que Bernabé aún vivía y trabajaba en los años 56 o 57 D.C. Posteriormente San Pablo a través de su discípulo Timoteo, invita a Juan Marcos a unirse a él, cuando estaba preso en Roma (2 Timoteo 4,9-12). Esto nos indica dos cosas, una que Pablo ya se había reconciliado con Marcos, y que muy probablemente Bernabé ya había muerto, alrededor del año 61 o 62.

Hay tradiciones, pero no son muy seguras, que lo sitúan por aquella época predicando en Alejandría, y que lo señalan como el primer obispo de Milán.

Martirio

Hay escritos apócrifos que hablan de un viaje a Roma de Bernabé, y de que los judíos de la Sinagoga de Salamina, le dieron muerte por lapidación, hacia el año 61 o 62.

Tertuliano de Cartago, notable escritor cristiano del siglo II dice que fue Bernabé quien escribió la carta a los Hebreos, que durante mucho tiempo se la había supuesto escrita por San Pablo. Esta suposición de Tertuliano puede ser cierta, pero no hay pruebas de la misma.

*Notas: Diáspora, significa dispersión. Desde la vuelta del Exilio de Babilonia (538 antes de Cristo) y sobre todo tras la invasión de los sirios (Siglo II antes de Cristo) y la persecución sufrida por los judíos, muchos se instalaron en las ciudades del Mediterráneo y se alejaron de la Madre Patria, en gran parte escapando de estas persecuciones. Con el tiempo, y ya en la época apostólica, había prósperas comunidades judías en Alejandría, Corinto, en grandes regiones de Asia, y aún en la misma Roma. Estos judíos tenían sus propias sinagogas, y además peregrinaban a Jerusalén con cierta frecuencia (He 2,1-11).

*Los ágapes fraternos, eran la forma de celebrar la eucaristía, llamada en aquella época “la fracción del pan”, o “la cena del Señor” y se celebraba en la misma forma en que lo había hecho Jesús junto a los 12 apóstoles en el marco de una comida fraterna. Y como comían juntos judíos y  cristianos, debían compartir alimentos que ambos grupos pudieran comer (1Cor 11, 17-20/ He 2,42-47).

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