(tema central) 500 años de Reforma: la libertad como clave

La Reforma Protestante no solo es un hecho religioso que marcó la historia occidental y cristiana con un mensaje de transformación al interior de las Iglesias sino que impactó en diversos ámbitos políticos, culturales y sociales. La Reforma generó una serie de profundos cambios: contextos de mayor pluralidad cristiana, despliegue del sujeto y su libertad, bases para sociedades más democráticas, pero también hoy dan nombre a nuevas formas de religiosidad que se distancian del evangelio y del mensaje de los reformadores.

Aunque quizás esta historia la solemos contar a partir del día en que el monje alemán Martin Lutero clavó las 95 tesis en la catedral de Wittenberg o de los cambios político-religiosos introducidos por Juan Calvino en Ginebra. También debemos recordar que hasta nuestros tiempos han llegado movimientos muy perseguidos, previo a la reforma como lo fueron los valdenses en el siglo XII en el norte de Italia y sur de Francia, así como otros movimientos que aspiraban por cambios más radicales como los anabaptistas, entre los cuales podemos destacar a los menonitas, los cuales fueron atacados por los propios luteranos.

El contexto de conmemoración de los 500 años de la reforma, más allá de celebraciones, pedidos de perdón y reencuentros necesarios entre católicos y protestantes. Nos debe llamar la atención sobre problemáticas que hoy se repiten, guerras en nombre de Dios, muerte o discriminación al que piensa diferente, poca participación de mujeres, niños en la toma de decisiones, concentración de poder, venta de la salvación y nuevas indulgencias. Por esto la memoria histórica debería ser una oportunidad para aprender de la historia de la humanidad y también de los errores y aportes de las comunidades de fe.

Por esto para entender y poder separar la paja del trigo, qué son y qué no, ese conjunto tan amplio de Iglesias bajo la titulación de “evangélicas” o “protestantes”, podemos ir a las bases de las propias críticas que el monje ya había planteado.

Martin Lutero nació el 10 de noviembre de 1483 en Eisleben, Alemania. La migración de su familia a Mansfeld -donde su padre Hans Luder trabaja en la minería de cobre- le posibilita estudiar latín en Magdeburgo y ser seminarista en Eisenach. En 1501 inicia sus estudios universitarios en Erfurt (filosofía) hasta obtener su título de Magister Atrium en 1505. Cierta vez, en el camino de vuelta a Mansfeld vivencia una aterradora tormenta eléctrica que le lo impulsa -mediante una promesa- a ser monje. Su primer visita a Roma se presenta como punto de quiebre teológico donde él mismo describirá como un piadoso peregrinante que recorrió todas las Iglesias y catacumbas quedando impresionado por la comercialización y externalización de la piedad.

En tanto profesor, la interpretación de la Biblia se transforma en el centro de su trabajo teológico. Es un proceso de profundización que deviene en una lectura cada vez más crítica de la teología escolástica. Su planteamiento era que la teología escolástica no daba respuestas a la angustia e inseguridad de la salvación de su época. La teología de Lutero despliega una fuerza crítica que cuestiona el esquema de pensamiento que lleva al ser humano a la desesperación y a la desesperanza.

Lo que más indigna teológicamente a Lutero es el negocio de las indulgencias. Ante Dios no vale ningún mérito ni rendimiento. Su acusación central a la jerarquía de la Iglesia era que su pretensión de poder se encuentra enraizado en un sistema que trabaja con el miedo (a la perdición, el diablo y el infierno).

El Papa en Suecia por los 500 años de la Reforma

Este año se cumplen 500 años de la Reforma Protestante cuya fecha simbólica es el 31 de Octubre de 1517 donde Lutero supuestamente clava sus 95 tesis en la catedral de Wittenberg y quiebra el vínculo con la Iglesia hegemónica. Quizás esa imagen de Lutero clavando las tesis en la puerta pueda entenderse como una caricaturización del hecho de que envió una carta al Arzobispo con unos cuantos planteamientos teológicos que, para criterio de Lutero, habían de ser revisados para reformar la Iglesia. Interesante en este hecho no es sólo el contenido teológico de esa carta sino la manera en que Lutero firma. Se trata de la primera carta que Lutero firma como: “Martin Luther” haciendo un juego de palabras entre su apellido paterno Luder y la palabra grecolatina Eleutherios, el libre.

Este hito representa un quiebre del personaje histórico que viene acompañado de la reflexión de que el Evangelio, la afirmación de la gracia de Dios es el fundamento y sostén de la fe. Solo la fe se aferra a la promesa y encuentra allí la certeza de la salvación. No es la autoridad del Papa o de la tradición eclesiástica que son determinantes, decisivas o normativas, sino solo la Palabra de Dios. Si hasta 1518 las expresiones de Lutero venían siendo cuidadosas y en muchas cuestiones impregnadas de piedad tradicional y eclesialidad, eso cambia rotundamente.

En su escrito “A la nobleza cristiana de la nación alemana acerca del mejoramiento del estado cristiano” (1520) se dirige al laicado y desarrolla su teoría y doctrina acerca del “sacerdocio universal de todos los creyentes” exponiendo que por medio del bautismo ya todos hemos sido ordenados sacerdotes. Somos sacerdotes los unos de los otros mediante Cristo, no mediante la Iglesia. La Iglesia ya no es comprendida como una organización autoritaria y jerárquica sino como comunidad de creyentes unidos en Cristo. La libertad cristiana es libertad para el amor por la afirmación del amor divino. Cristo toma todos los pecados y le regala al ser humano su justicia. El ser humano liberado trata a los demás como Cristo le ha tratado. Ya no vive el ser humano de sí mismo, sino en Cristo por la fe y en el prójimo por el amor.

El sacerdocio universal de todos los creyentes aparece como superador de la teocracia autoritaria. No es solo un decir, sino que plantea un concepto de gobierno vinculado y vinculante. Se trata de otra manera de relacionarnos. Es la fuerza liberadora del Evangelio que es para todos y es gratis.

La libertad cristiana

Una de las claves del mensaje de la Reforma protestante es la libertad y una de las grandes discusiones teológicas y filosóficas de Lutero con Erasmo de Roterdam y otros contemporáneos tuvo este eje.

Los grandes cambios paradigmáticos propuestos por la Reforma protestante han sido un aporte a la democracia, al acceso la información y la educación en toda la sociedad. A nivel eclesial aportaron al sacerdocio universal, la lectura de la Biblia en la propia lengua, la salvación por la fe a través de la gracia y otros cambios que son fundamentos de una libertad cristiana que quedaron en el maquillaje externo de las Iglesias. En pleno siglo de tecnología y comunicación, donde la democracia, la equidad y la libertad están en la boca de políticos, religiosos y referentes sociales, nos encontramos frente a situaciones políticas y espirituales que denotan limitaciones parecidas que las que hace 500 años movieron a Lutero y muchos otros reformadores a protestar contra la Iglesia Católica Romana y el sistema político de su tiempo.

Martin Lutero en su texto “La libertad cristiana” asienta dos afirmaciones del Apóstol Pablo que son paradójicas: “El cristiano es señor de todas las cosas y no está sujeto a nadie. El Cristiano es servidor de todas las cosas y está supeditado a todos”. Las mismas explicadas en Corintios 9:19 Por lo cual siendo libre en todo, me he hecho siervo de todos y Romanos 13:8 No debáis nada a nadie, sino el amaros mutuamente.

En la Iglesia y la sociedad solemos escuchar un fuerte discurso de obediencia, de deber ser, de deber tener y de deber hacer, a un cumplir con determinados parámetros, normas morales o pautas de consumo y comportamiento social. El marketing busca regular qué consumir y dicta un camino de cómo ser felices a través del tener y el poseer, cada segundo de publicidad consumida por millones son el ágora de los dioses del mercado. Otros templos, los religiosos, a veces solo reproducen en sus “prédicas” y formas, las mismas lógicas que el mercado y que el sistema plantean. Jesús ya advirtió a sus discípulos sobre la lógicas de los gobernantes, los que se enseñorean y ejercen autoridad y les planteó algo radicalmente diferente: “no será así entre vosotros”. Hoy muchas Iglesias hacen eco de los mismos mensajes de este mundo: “sálvese quien pueda”, “seamos exitosos y prósperos”, “barramos debajo de la alfombra”, “siempre fue así”, “no te metas, mejor no denuncies” y la lógica de la violencia, la retribución o el silencio quedan perpetuadas. Lutero retomando a Pablo nos dice que “el cristiano es libre de todas las cosas y soberano de ellas, sin que precise, por tanto de obra buena alguna para ser justo y salvo. La fe es la que da de todo en abundancia.” Mientras tanto los templos se han llenado de predicas no evangélicas y prácticas que no conducen a la libertad basadas en el amor.

500 años después de la Reforma, quizás hay reformas que nunca se dieron en el seno de las Iglesias.  La crítica luterana al poder sacerdotal y a la figura de poder acumulado en obispos, papas y otros clérigos tiene total vigencia.

Los medios de comunicación masiva muestra como diferentes líderes religiosos ejercen su poder desde las cúspides, regidas por el amor al poder y a su propia figura, alejadas del amor al prójimo, que es la única sujeción a la que debemos los cristianos nuestra libertad. Lutero nos plantea que todos somos sacerdotes, pero el sacerdocio como “ministro” “siervo” y “administrador” es un concepto que sea desenfocado de su sentido original que ha perdido su foco en Cristo y el prójimo. “Pero el caso es que dicha administración se ha trocado en un dominio y poder tan mundano, ostentativo, fuerte y temible que el verdadero poder temporal no puede ya compararse con él, ¡como si laicos y cristianos fueran dos cosas distintas! Claro es que con ella se han despojado totalmente de su sentido a la gracia, la libertad y a la fe cristianas (…) ¿Y qué se nos ha dado a cambio? Muchas leyes y obras humanas, haciéndonos así verdaderos esclavos de la gente más incapaz del mundo.”

Se siguen levantando templos, santos, limosnas e indulgencias, caridad para los pobres y mantenimiento de la injusticia. Opulencia de viejos y nuevos palacios, religiones y religiosos ostentan títulos y mantienen su poder terrenal en base al ejercicio de un poder opresor, que ni ama ni sirve.

El Evangelio desafía ayer y hoy los poderes religiosos, políticos y económicos, que buscan negar el valor y la libertad de cada uno y cada una. No es una libertad para someter o para consumir, no es una libertad “liberal” que va hasta donde el otro me permite, no es una libertad que tolera al otro, sino es una libertad en Cristo por la fe y la gracia, y es una libertad basada en el vínculo y el amor con el y la prójima. Amar y ser libres.

Stefanie Kreher/ Lic. en Teología por ISEDET, Argentina.

Nicolas Iglesias Schneider / Lic. en Trabajo Social por la UDELAR, Uruguay.

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