(cultura) La violencia (Letra y música Tabaré Cardozo)

Aquí abundan las palabras soeces, tal vez alguien plantee que no es propio de la Revista Umbrales, traer un tema así, que puede herir la sensibilidad de los espectadores. El problema es que Tabaré Cardozo utiliza el lenguaje de todo un grupo social marginado. El llamado “Lumpen” o simplemente “los pichis despreciables” en el lenguaje de otros integrantes de la misma sociedad.

Vengo de las cabezas soy una banda descontrolada,

hoy no me cabe nada, vas a correr porque sos cagón.

Son todos unos putos, unos amargos, unos buchones,

llaman a los botones, vinieron todos se quedan dos.

Hoy vas a correr, porque sos cagón,

con el culo roto, porque mando yo.

Voy a salir de caño, ya estoy re duro, estoy re pasado,

como ya estoy jugado me chupa un huevo matarte o no.

Mi vida es un infierno, mi padre es chorro, mi madre es p***,

vos me mandás la yuta y yo te mando para el cajón.

Yo soy el error de la sociedad,

soy el plan perfecto, que ha salido mal.

Vengo del basurero que este sistema dejó al costado,

las leyes del mercado me convirtieron en funcional.

Soy un montón de mie*** brotando de las alcantarillas,

soy una pesadilla de la que no vas a despertar.

Vos me despreciás, vos me buchonéas,

pero fisurado, me necesitás.

Soy parte de un negocio que nadie puso y que todos usan,

es la ruleta rusa y yo soy la bala que te tocó.

Cargo con un linaje acumulativo de misia dura,

y un alma que supura veneno de otra generación.

Yo no sé quien soy, yo no sé quien sos,

el tren del rebaño se descarriló.

Ya escucho las sirenas la policía me está encerrando,

uno me está tirando me dio en la gamba, le di a un botón.

Pasa mi vida entera como un tornado escupiendo sangre,

manga de hijos de p*** me dieron justo en el corazón.

 

Comentario

Agarrate Catalina

Muchos de nosotros podemos a veces sentir desprecio y rechazo por esta gente. Pero no podemos evitar que este tema nos golpee donde más nos duele.

Algunas aclaraciones de glosario:

Cabezas: o también llamadas “bocas” son los lugares clandestinos donde se vende y se puede encontrar pasta base, una droga hecha con los desperdicios de la preparación de la cocaína, y que genera una fuerte adicción. Uno de sus efectos es la violencia. Causada por el síndrome de abstinencia que fuerza al adicto a buscar desesperadamente dinero para comprar más droga, esta afecta al cerebro, y en casos extremos puede ser causa de locura.

“Yuta”: Término despreciativo aplicado a los policías, que muchas veces provienen del mismo estrato social que los delincuentes.

“Salir de caño, o estar reduro”: Significa que se está con una dosis muy elevada de droga en la sangre, y eso lleva a una dosis de violencia mayor.

Misia dura: Es una forma de expresar que se está en la miseria más absoluta, que lleva al grado de no comer bien, y vivir en “basureros” o sea en lugares marginales, y en condiciones de vida más que duras.

El que canta y narra, narra su propia vida, su miseria de la infancia, con padres ladrones y madres que se prostituyen para vivir. En un hacinamiento y maltrato constante.

Cualquiera que visite una de las cárceles de nuestro país, puede constatar fácilmente que estas condiciones de desamor, de abandono y maltratos, y cuando no, abuso infantil en todas sus repugnantes formas son el pasado más inmediato de esta población carcelaria.

Si, porque la mayor parte de estos reclusos son gente muy joven. Compañeros de comunidad que visitan los establecimientos como el COMCAR por ejemplo, se sorprenden de la juventud de los reclusos. El promedio de edad es entre los 18 y los 20 años, ese es el grueso de la población carcelaria.

“Amargos y Buchones.” Gente que denuncia a la policía a los que delinquen. Se les juzga como seres cobardes, que les odian. Que llaman a la Policía en lugar de enfrentarles ellos mismos. Esta canción destila odio. Odio contra la población normal, contra los ciudadanos que viven en una casa de material, que pueden disponer de dinero para comer todos los días, dar educación y ropa a sus hijos.

No es contra los más ricos. No se dan cuenta de que la gente de modestos recursos que tiene trabajo, y que quiere tan sólo vivir en paz, no es del todo culpable de lo que les pasa.

Están hablando la gente marginal, son los delincuentes, los que gritan su violencia. O al menos como el compositor los ve.

Me atrevería a decir que es una pintura bastante convincente. Son los niños maltratados y abusados, metidos en el barro de la miseria más grande, los que ya crecidos se rebelan y nos acusan a los “normales” de lo que viven. Nos amenazan con la muerte y sobre todo con una muerte llena de humillación y maltratos previos.

Dicen que dejarán “con el c… roto” a los que amenazan. No olviden que los que hablan han sido violados y maltratados, cuando pequeños, en varios casos por sus propios padres o familiares cercanos. Por eso amenazan de hacer lo mismo a los otros.

Viven en el miedo y el terror, y hoy tienen ganas de desquitarse con el primero que encuentren. No entienden, no conciben, que otros tengan desde niños, un hogar normal, cuando ellos no tuvieron nada. Su odio y rabia son viscerales y les consumen.

No es esta canción una apología de la violencia, ni es una justificación de los maleantes y delincuentes juveniles y adultos.

Pero es una constatación dramática y demasiado clara y gráfica de toda una generación perdida, y lastimada. A pesar de todo tal vez algunos de ellos puedan ser rehabilitados.

¿Error de la sociedad? Muy cierto. De toda la sociedad. Podríamos haber hecho algo. Nuestros gobiernos deberían haber previsto esto que pasa hoy.

Es algo que se viene alimentando desde los años 1950 en adelante cuando empiezan a surgir los asentamientos.

Es cierto también que hay algunos elementos imponderables como la libertad humana, y la capacidad del hombre de rectificar caminos.

Varias personas en esta situación se han logrado rehabilitar a pesar de todas las “misia duras” sufridas.

Es cierto también que hay personas que viven en situación de marginación y no delinquieron y trabajan. Esto también es cierto, pero en estos casos siempre hubo alguien que los quiso y no les maltrató o les dio buen ejemplo.

 

La pastoral penitenciaria trabaja llevando la Palabra de Jesús, y sin condenar, preguntar y acusar tratan de hacer ver a estas personas, que la culpa de su desgracia no la tienen los demás. Sólo tal vez la tengan los que les miran con odio y desprecio, pero nunca se preocuparon de ellos. Sin embargo Jesús les ama, y si ellos escuchan su Palabra y tratan de vivir su mensaje, se pueden liberar de su condición y sobre todo de su odio.

Está claro que la inmensa mayoría de la población no es la responsable de lo que ocurre. Pero es cierto que hay una responsabilidad social. Si vivimos encerrados en nuestra vida personal, y en el reducido entorno en que nos movemos, pero cerramos los ojos ante la desgracia de esta gente, sólo alimentaremos el problema, y ciertamente nos golpeará algún día de cerca.

Dicen los militantes católicos que trabajan en Pastoral Penitenciaria, que no siempre se les entiende y valora lo que hacen, en el entorno de sus propias familias, e incluso en sus comunidades parroquiales no tienen apoyo y muchas veces les dicen que están perdiendo el tiempo.

Muchos dicen que los “chorros” deben ir a la cárcel y “pudrirse allí”. Pero si respondemos al odio y a la agresión con más odio y agresión, la violencia nos estallará en la cara.

Encarcelar a esta gente nada soluciona, sólo posterga el problema. Hay que sacar de la miseria a estas familias que los generan.

A veces habrá que quitar de sus familias a muchos niños que sólo están sufriendo abusos y son obligados a mendigar y robar por sus propios padres, que no les aman, sino que los explotan.

¡Hay mucho por hacer! Pero debemos hacerlo, todos.

Eduardo Ojeda.

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