(Biblia) Simón el embaucador

Hay un raro y misterioso personaje marginal en el libro de los Hechos de los apóstoles.

Aparece poco pero es muy interesante lo que se habla de él. Quizás para algunos su presencia era bastante irrelevante, pero a la luz del complicado siglo XXI en que vivimos resulta profundamente iluminador.

Pero dejemos que la Palabra nos hable.

En el capítulo 8 de los Hechos se nos habla de que los cristianos de Jerusalén salieron de la ciudad, pues sufrieron una tremenda persecución por parte de la oficialidad religiosa judía. Fueron considerados heréticos, y se los persiguió para eliminarlos como grupo. En esta persecución que comenzará con la muerte de el diácono Esteban, el primer mártir cristiano tuvo un papel importante Saulo de Tarso, quien llamaríamos nosotros después de su conversión, el apóstol Pablo (Hechos cap. 7).

Uno de los compañeros de Esteban viaja a Samaría huyendo de sus perseguidores, pero no se queda callado, predica a Cristo entre los samaritanos. Obtiene muchas conversiones, y el rostro de la ciudad de Sicar, cambia radicalmente, pasan de la desesperanza a la alegría, y muchos abrazan la fe y piden ser bautizados. (Hechos 8,4-8).

Pero previamente a esto, la ciudad estaba deslumbrada por un mago que decía hacer milagros y prodigios, así como sanaciones milagrosas, se llamaba Simón.

“Había llegado a la ciudad antes que Felipe, un hombre llamado Simón. Tenía muy impresionada a la gente de Samaría con sus artes mágicas, y se hacía pasar con gran personaje. La gente decía de él: “Este hombre es la fuerza de Dios” y la gente le seguía.

Pero cuando Felipe les habló del Reino de Dios, y del poder salvador de Jesús el Mesías, tanto los hombres como las mujeres creyeron y se hicieron bautizar. Incluso Simón creyó y se hizo bautizar. No se separaba de Felipe, y no salía de su asombro al ver los prodigios y las señales milagrosas que se realizaban.

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén tuvieron noticias de que los samaritanos habían aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, ya que todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, y sólo habían sido bautizados en el Nombre del Señor Jesús. Pero entonces les impusieron las manos, y recibieron al Espíritu Santo. Al ver Simón que mediante la imposición de manos de los apóstoles, se trasmitía el Espíritu, les ofreció dinero, diciendo: “denme a mi también este poder, de modo que a quien yo les imponga las manos descienda el Espíritu”. Pero Pedro le contestó: “¡¡Al infierno irás tú y tu dinero!! ¿Crees que el don de Dios, se puede comprar con dinero?

Tu no puedes esperar nada, ni tomar parte en esto, porque tus pensamientos no son rectos ante Dios”. Hechos 8,9-21.

 

Conclusiones para el hoy

Este texto no sólo sirve para entender lo que es la simonía, pecado llamado así por este personaje en cuestión. O sea la venta y el comercio de las cosas sagradas.

A diferencia de Simón, ni Jesús, ni Felipe, ni ningún auténtico predicador y pastor cristiano, es movido por la codicia, o el afán de lucro.  Se contentará con vivir al día y con un sencillo aporte de su comunidad. La austeridad y modestia es la virtud de un buen mensajero de Jesús.

Se supone que no es bueno ni deseable hacer negocio o ganar poder y prestigio con la Palabra de Dios y su mensaje. Algunas veces la gente pregunta a los párrocos, cuánto salen los casamientos y los bautismos. Pero estos no están en venta, ni pueden ser tratados como mercaderías pues son un sagrado don de Dios. Como dijo Jesús a los apóstoles. “Sanen enfermos, curen leprosos, y echen los demonios. No cobren nada por eso, ustedes recibieron estos dones gratuitamente, no cobren por ellos”. (Mateo 10,8)

Fue esta también una de las tentaciones que tuvo que superar Jesús en el desierto. (Mateo 4,5-7)

Pero hay hoy algunos que no sólo no superan esta tentación sino que la eligen y abrazan con verdadero entusiasmo.

Son los “evangelistas de la prosperidad”  que tienen su exponente más visible en los tele-evangelistas estadounidenses, como la asesora espiritual de Donald Trump, que pertenece a esta corriente teológica.

Pero por estas latitudes sureñas tenemos al que mejor encarna hoy a Simón el mago. El antiguo empleado de quinielas de Río de Janeiro, el autoproclamado obispo y Pastor supremo de la llamada Iglesia universal del Reino de Dios, que por estas latitudes se identifica con el lema de “Pare de sufrir”. Este nuevo Simón el mago, compra su popularidad y  presencia, sobornando a políticos, mezclándose en asuntos de lavado de dinero, e incluso colocando senadores y diputados en el parlamento de Brasil.

Tiene hermosas mansiones en Estados Unidos, y varios coches propios. Nada en la abundancia, pidiendo a sus fieles que le den dinero a la Iglesia, para obtener luego la curación de enfermedades, trabajos mejores, resolución de conflictos familiares y buenas ganancias monetarias. Sus pastores -que hablan abrasilerado, aunque no todos vienen de Brasil- tienen presencia abundante en la TV Latinoamericana.

En un video, filmado clandestinamente por un periodista argentino (tipo cámara oculta) recomendaba a sus pastores que si querían ser buenos pastores de su Iglesia, debían obtener las mejores ganancias de sus ovejas.

Estos seudo pastores no citan mucho el Evangelio, pues el contenido de su prédica contradeciría muchas de las doctrinas que exponen y defienden.

Parece que el mago Simón ya no es más samaritano, sino brasilero.

 

Eduardo Ojeda.

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