ARGENTINA: “ENORME MALENTENDIDO”

En ocasión de la reunión plenaria de obispos, estos dieron difusión el 2 de mayo a la noticia de que la Iglesia promovería un diálogo para la reconciliación nacional con respecto a las víctimas de la guerra sucia de los años setenta en pos de la “cultura del encuentro” auspiciada por el Papa. Esta noticia se dio en concomitancia con la otra de que el Vaticano, la Nunciatura y la Curia abrirían sus archivos con unas 3 mil cartas y documentos de la época. Será un camino de reflexión de largo alcance. Enseguida hubo un duro rechazo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Ellas “no agraviaron a nadie, ni tienen sentimientos de rencor, odio o revancha. El ámbito de este tema es la justicia. La reparación hay que buscarla por medio de la verdad y la justicia: lo de los obispos es un disparate” (Estela de Carlotto, de las Abuelas). Nora Cortiñas, de las Madres Línea Fundadora: “Es abrir una herida más, en vez de cerrarlas. Nosotras queremos justicia porque aquí hubo un genocidio. Es una hipocresía lo que hace la Iglesia; fue partícipe de la dictadura y ahora nos pide reconciliación. La Iglesia bendijo las armas que han asesinado a nuestros hijos”. También un comunicado de las Abuelas se negó a “un diálogo con quienes secuestraron, torturaron y desaparecieron a nuestros hijos y nietos” y acusó a la Iglesia de ser cómplice de las desapariciones. Por su parte Hebe de Bonafini, líder del otro grupo de Madres, hizo con algunas de ellas una sentada frente a la sede de la Conferencia Episcopal debajo de un gran cartel: “Ni olvido ni perdón ni reconciliación: mil años de prisión”. Durante la misma asamblea los obispos escucharon los testimonios de familiares de desaparecidos y de militares. Una de esos testigos, Graciela Fernandez Mejide ex integrante de CONADEP con Ernesto Sábato y madre de un desaparecido, declaró: “He concurrido a la cita, pero dudo que sea eficaz. Si ni los protagonistas de la lucha armada ni los militares piden perdón, es imposible hacer algo. La reconciliación no se puede imponer . Sin arrepentimiento y rechazo de la violencia, es imposible. Además no es prioritaria la problemática de la reconciliación; lo prioritario debe ser la atención a un tercio de la población que está en la pobreza. Aquí es donde hay que buscar consensos; las heridas del pasado se irán cerrando con el tiempo”.

La iniciativa de los obispos argentinos, mal comunicada y muy criticada tratándose de un asunto que ha sido fuente  de un grave desprestigio de la Iglesia en el pasado, se dio lamentablemente en forma concomitante con la reducción de penas por parte de la Suprema Corte a varios represores y al procesamiento del ex capellán de la Jefatura de Policía de Rosario de aquel entonces, Eugenio Zitelli. El presidente de la Conferencia Episcopal José Maria Arancedo atinó a decir solamente: “Quizás la Iglesia no hizo todo lo que podía hacer y de eso ya pedimos perdón; pero no se puede hablar de complicidad de la Iglesia con la dictadura”. Fue el obispo de San Isidro, Oscar Ojea, quien aclaró las cosas, frente a las duras criticas de amplios sectores. Dijo: “Ha habido un enorme malentendido sobre el objetivo de este camino de reflexión que no es otro que hacer un examen de conciencia, sanar y cerrar nuestras heridas sobre aquellos años. Se trata de un camino de reflexión interno. Una reflexión que debe empezar adentro mismo de la Iglesia porque las visiones no son unánimes. No ha habido ninguna convocatoria para reconciliar a familiares de desaparecidos con militares. Reconciliación no es impunidad o perdón a la fuerza. Es un camino largo que supone primero hacer memoria, reconocer la verdad, respetar la justicia que incluye la reparación y después abrirse al diálogo para poder construir la fraternidad. Conocemos la desproporción en la gravedad del delito que existe entre el terrorismo de estado y la guerrilla. No hicimos dialogar entre ellas a las personas de distinto signo que dieron testimonio. Queremos ayudar a, través del tiempo, a suturar las heridas del pasado. Responsable del proceso es la Comisión de Pastoral Social y del tema se seguirá hablando entre nosotros en las 8 regiones pastorales del país”. En la misma línea declaró el obispo Jorge Lozano: “La Iglesia no busca el olvido. Con la palabra “reconciliación” no estamos  buscando dar marcha atrás con los juicios de lesa humanidad. La invitación de la Iglesia es que quien tenga algún dato sobre centros clandestinos de detención o de menores apropiados, los den a conocer”. Quizás debido a estas controversias y agresivas polémicas aún en lo social, a las que ahora llaman “grietas”, el Papa no viajó hasta ahora a la Argentina: tampoco lo hará en 2018 mientras sí lo hará a Chile y Perú.

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