VENEZUELA: POR QUÉ EL DIÁLOGO FRACASA

protestas en Caracas

Recientemente el titular de la Conferencia Episcopal, obispo Diego Padrón, había dicho: “El fracaso del dialogo fue culpa del gobierno y también de la oposición. No puede haber un dialogo en el que una de las partes lo quiere controlar todo y del otro lado no se llevan objetivos y propuestas claras, dispuestos a ir por etapas. Se acusa a la Iglesia de tomar partido. La Iglesia es imparcial, pero no neutral. No estamos ausentes del conflicto social e intervenimos, pero no en el sentido partidista sino como un servicio al país”. En realidad el gobierno y la oposición son el problema, no la solución según Luis Badilla de El Sismógrafo. “Se trata de minorías ruidosas incapaces de dialogar que han tenido como rehén al país, mientras la inmensa mayoría de la población sobrevive, solo preocupada por su subsistencia diaria. Ninguna de las dos partes representa una solución; ninguno reconoce al otro como interlocutor y solo busca eliminarlo. Aumentan los muertos y la violencia, pero tampoco las dos partes han pedido al Vaticano , como lo han hecho 12 países, una verdadera mediación. Desde hace 4 años el país está paralizado por el odio recíproco, la ambición y los intereses políticos impidiendo un diálogo sincero. Siguiendo de este modo, solo queda la guerra civil que puede ser evitada por la intervención internacional y un nuevo proceso electoral, ya que es el pueblo el que ha de decidir. La Iglesia sigue estando al lado del pueblo en sus urgencias, pero también ella ha sido arrastrada a menudo por la oposición con el peligro de mezclarse en un conflicto estrictamente político ya que la Iglesia no es patrimonio político de nadie”. Mientras tanto el pueblo sufre por falta de alimentos y medicinas. Un sacerdote de 35 años, José Luis Arizmendi ha muerto en el hospital por falta de antibióticos; era sacerdote desde hace dos años. El obispo de San Cristóbal Mario Moronta ha escrito: “El derecho a la protesta no puede ser ni criminalizado ni reprimido con violencia, pero toda manifestación debe ser pacífica; cualquier tipo de violencia, venga de donde venga, es repudiable. Las protestas de la sociedad civil tienen su razón de ser. Es urgente el diálogo no condicionado entre todos con el cumplimiento de los acuerdos que se vayan logrando y que los dirigentes políticos no se dejen llevar solo por sus intereses particulares”.

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