DIÁCONOS PERMANENTES: LOS QUE MÁS CRECEN

Desde 2000 a 2015 los Diáconos casados han aumentado un 14,4%. Pasaron de 39.564 a 45.255 y el crecimiento se da en todos los continentes. En su reciente viaje a la ciudad de Milán (Italia) donde los Diáconos Permanentes son más de 4.000, el Papa se ha alegrado por su presencia creciente en la Iglesia y a la vez  advirtió: “Tenemos que estar atentos a no verlos como medio curas y medio laicos, porque al final pueden terminar siendo ni lo uno ni lo otro. Tampoco es justa la imagen que algunos se hacen de los Diáconos como intermediarios entre los fieles y los pastores. Está la tentación clerical del que le gusta ocupar el lugar del cura y la otra del que se conforma con ser el chico de los mandados”. El Papa recordó que el de ellos es un carisma claro en la Iglesia y hay que protegerlo. “Los primeros cristianos inventaron los Diáconos para servir a las viudas y a los huérfanos, para servir a la comunidad. Por lo tanto el servicio al altar, el servicio a la Palabra, el servicio a los pobres es su misión especifica”. A diferencia de los Diáconos Permanentes, en la Iglesia disminuyen los presbíteros. Para el cardenal Walter Kasper, la solución de este grave problema es urgente; en Alemania hay actualmente 40 seminaristas en todo el país. Según Kasper, el Papa está de acuerdo que en las Conferencias Episcopales se discuta sobre la posibilidad de que hombres casados, experimentados en la vida de la Iglesia, puedan acceder al sacerdocio en determinadas circunstancias. Sobre esto escribe el teólogo Carlos Schickendantz: “La disminución continua de ordenaciones al presbiterado representa una tendencia consolidada que no parece vaya a cambiar en el corto y mediano plazo en los países occidentales. La vida cotidiana de los presbíteros se verá más exigida y su desempeño se irá concentrando en la actividad sacramental, empobreciéndose así su cercanía a la gente y la experiencia satisfactoria del liderazgo comunitario. Todo esto ya es una realidad, muchas veces estresante. No es suficiente una mayor participación de los laicos; es necesario el ministerio ordenado para el desarrollo normal de las comunidades cristianas. Podría empezarse con la ordenación sacerdotal de Diáconos Permanentes con buena formación teológica y pastoral, en los lugares donde las Conferencias Episcopales lo crean oportuno. Hoy el trabajo pastoral para nuevas vocaciones sacerdotales entre los jóvenes, no parece una respuesta suficiente”.

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