(Tema Central) LOS CINCUENTA AÑOS DE “CARTA A UNA PROFESORA”

Ha pasado medio siglo de la muerte del cura Lorenzo Milani y de aquella “Carta a una profesora” escrita por sus alumnos que, desde una pequeña parroquia de montaña  sin caminos, sin agua, sin luz ni teléfono, puso en jaque todo el sistema escolástico de aquella época.

Según estos chicos ese sistema, en vez de combatir las injusticias sociales, las multiplicaba. Eran chicos que al comienzo no sabían ni leer ni escribir y que el cura había ido a buscar uno por uno entre los 120 habitantes de esa aldea perdida. Los que quedan vivos de estos chicos, hijos de campesinos y montañeses, suspendidos y rechazados por la escuela oficial, son ahora gremialistas, escritores, maestros etc. y hasta uno de ellos es presidente de la provincia de Florencia y rige una Fundación dedicada a su maestro. Milani era un sacerdote de Florencia (Italia), hijo de madre judía y de padre agnóstico, que se convirtió a los 20 años al Catolicismo y se destacó por su apasionado amor a la Iglesia y a los jóvenes.

Recuerda uno de esos jóvenes, Agostino Burberi: “La de Milani era una escuela de vida. Duraba 12 horas al día con distintas actividades y todo el año. No había cátedra, bancos ni pizarra. Las cosas se aprendían haciéndolas. El principio de Arquímedes lo hemos estudiado construyendo el acueducto para traer agua a Barbiana. Él quería que nos abriéramos al mundo. Un día nos llevó a Milán a ver la Boheme; él nos acompañó pero se quedó afuera porqué les estaba prohibido a los curas. Nos impulsaba a aprender idiomas para ir a trabajar al extranjero si fuera necesario. Había que aprovechar todo el tiempo posible para después ser útiles a  los demás. Nos ha enseñado a abrir los ojos, a ser hombres libres, a llevar esperanza..”. Otro ex alumno de don Milani: “Desde los 11 años he aprendido en la escuela de don Milani que el objetivo de la vida y de nuestros conocimientos es dedicarse al prójimo y al bien de la comunidad. Ya no es tiempo de limosnas sino de opciones de vida”. Para Milani, aún el apostolado y la evangelización no tenían sentido si la gente no comprendía lo que se les decía.. Por eso fundó una escuela para marginados. Lorenzo Milani murió el 26 de junio de 1967 a los 44 años, veinte días después de la publicación de “Carta a una profesora”. Era su obra maestra escrita por sus alumnos, con su asesoramiento. Era una denuncia demoledora de las instituciones educativas, de su “autoritarismo, conformismo, sus muros de papel y de incienso”.

CONFINADO A LA MONTAÑA

En 1958 Milani desde Barbiana donde había sido confinado por su obispo, acusado de ser un cura “rebelde”, ya había escrito “Experiencias Pastorales”. Estamos en las montañas del Mugello en Toscana donde él había creado una escuela popular. La publicación fue sacada enseguida de la circulación por ser un despiadado análisis de la realidad eclesial. El libro terminaba con una “Carta desde la tumba a los misioneros chinos que vendrán a evangelizar Toscana” y firmaba: “Un sacerdote blanco del fin del segundo milenio”. A Milani le gustaba gritar la verdad sin eufemismos. Decía: “Existe en la Iglesia la ley de la buena educación. Quien dice cojones va al infierno. Quien en cambio no dice eso pero les pone un electrodo, es recibido como una gran autoridad. Siento con tristeza que la Iglesia no llame las cosas con su propio nombre”. En 1965 publica lo que sería otro detonador: “La obediencia ya no es una virtud” en respuesta a los capellanes militares de Toscana donde afirma: “Deseamos todo lo contrario de lo que ustedes desean. Me pregunto como harán ustedes para predicar el amor a los enemigos”. Hace un dramático alegato contra toda guerra y defiende a los objetores de conciencia que se niegan al servicio militar. Escribe: “A Norimberga y Jerusalén han sido condenados los que habían obedecido. Fueron los cultores de la obediencia ciega. Junto a un crimen como el de Hiroshima había también unos miles de cómplices (políticos, científicos, técnicos..) que no se sienten responsables de nada. El hombre de las cavernas si pegaba una paliza a alguien, sabía de hacer el mal; el aviador y compañeros que con la bomba atómica mataron de golpe a 200 mil japoneses, no se sienten responsables de nada. Según algunos teóricos el único responsable del asesinato de seis millones de judíos fue tan solo Hitler. Pero Hitler era irresponsable porqué, según dicen, estaba loco. Entonces aquellos crímenes nunca existieron, porqué no tienen autor”. A Milani unos excombatientes le hicieron proceso. Entonces don Milani escribió la “Carta a los jueces”. En ella llega a decir: “La tragedia de vuestro oficio de jueces es que tienen que juzgar con leyes que no son justas y que hay que cambiar. Si un oficial da ordenes de paranoico, los demás solo tienen el deber de atarlo bien fuerte y llevarlo a una clínica”. Y termina diciendo: “No me divierte la idea de ir a hacer de héroe en la cárcel, pero no puedo dejar de declararles de forma explícita que seguiré enseñando a mis muchachos lo que les he enseñado hasta ahora”. Erik Fromm se declaró entusiasta de esa carta y llegó a compararla a la autoapología de Sócrates. Milani fue condenado en la segunda etapa del proceso, pero ya había muerto. Antes de morir de leucemia y en extrema pobreza, dio órdenes que se lo vistiera con los ornamentos sagrados , con los zapatos de montaña puestos, y dejó escrito en su testamento a los jóvenes: “Los he amado más que a Dios, pero creo que a Él no le afectarán estas sutilezas y todo lo pondrá a su cuenta”.

 

CARTA A UNA PROFESORA

Es el trabajo de 8 muchachos entre 13 y 16 años, hijos de leñadores y pastores, que habían fracasado en los institutos de enseñanza oficial. El prior de Barbiana les había dicho: “Cuando el pobre sepa expresare y dominar la palabra, terminará la tiranía del político, del patrón, del usurero”. Les había hecho constatar que ellos no conocían más que 250 palabras, mientras que el patrón conocía miles y por eso seguía habiendo esclavos. La “Carta a una profesora” se presenta escrita por un solo muchacho y empieza así: “Querida señora, usted ni siquiera se acordará de mi nombre. Yo en cambio he pensado mucho en usted, en sus colegas, en esa institución que ustedes llaman escuela, en tantos chicos que ustedes rechazaron…”. La primera parte del libro se titula: “La escuela obligatoria no puede eliminar”. Los jóvenes escritores proponen no aplazar nunca y dar una enseñanza a tiempo lleno. “Ustedes saben muy bien que para explicar todo el programa a todos, no bastan esas pocas horas diarias. Ustedes han resuelto el problema de un modo clasista. A los pobres les hacen repetir el curso; a la pequeña burguesía les dan clases particulares pagas. No se tiene en cuenta que los hijos de los ricos tienen la ventaja de un apoyo cultural en casa y en su ambiente, mientras que los hijos de los pobres tienen que trabajar en el campo o en la fábrica todo el día para ganarse la vida como sus padres”. Siguen diciendo: “A los desganados hay que darles una finalidad. El fin último es una sociedad de iguales donde todos sus miembros sean soberanos; el gran objetivo es la solidaridad, el servicio a la comunidad pero en lo inmediato se trata de comprender a los demás y hacerse comprender. Por lo tanto hay que estudiar muchos idiomas más allá de las sagradas fronteras de la patria, y que sean todos actuales. Solo el idioma nos hace iguales. En Barbiana no hay nadie “incapacitado para estudiar”. No se parece a una escuela; solo hay grandes mesas que sirven para estudiar juntos y para comer. No hay exámenes y las clases son dialogadas. Los más grandes nos enseñan. Si hubiera alguien sin bases, lento y desganado, parecería que toda la clase fuera para él solamente; hasta que él no haya entendido, los demás no siguen adelante. Al año siguiente de entrar, yo ya era  maestro y enseñaba geografía, matemática y francés a los recién llegados. Enseñando, aprendía muchas cosas. Hay chicos con los que vendría la gana de echarlos, pero si los perdemos, la escuela no es una escuela. Sería como un hospital que rechaza a los enfermos y cura a los sanos”.  En Barbiana la escuela duraba todo el día con la sola interrupción del almuerzo y unos trabajos comunitarios por la tarde. No había premios ni diplomas; pero no faltaban libros, revistas, mapas, instrumentos de medida, discos… Había una lectura comunitaria del diario, razonando las noticias a lo largo de dos horas. Se hospedaban jóvenes extranjeros, muchos de ellos africanos, así como se enviaban jóvenes de Barbiana al extranjero. Se invitaba también a periodistas, políticos, profesores, sacerdotes y pastores para charlas con los alumnos. Todos ellos se apoyaban mutuamente; era una escuela de estilo comunitario y solidario, donde los más fuertes ayudaban a los más débiles y en esto don Milani era inflexible.

 

LA HISTORIA ES PARA LA VIDA

El supuesto autor de “Carta a una profesora” escribe: “La historia de lo que va del siglo era lo que yo sabía mejor: revolución rusa, fascismo y nazismo, guerra y resistencia, liberación de los pueblos de África y Asia..; era lo que vivieron mis abuelos y mis padres. Y después la historia que vivo yo, o sea el diario de cada día que en Barbiana se lee en voz alta, de cabo a rabo; hasta en época de pruebas se sigue robando dos horas para la lectura crítica del diario. Ustedes dirán que hay poco en el diario que sirva para los exámenes, lo cual confirma que hay poco en la enseñanza de ustedes que sirva para la vida. Juan, que trabaja en una fábrica, no tiene necesidad de saber si fue Júpiter quien parió a Minerva o viceversa. Hablé con un chico expulsado de secundaria; no sabía nada de nada pero para decir Gibraltar decía: “Columnas de Hércules”. ¿Usted se lo imagina en España sacando un pasaje para las Columnas de Hércules en la estación del ferrocarril? Hay padres que dicen, inculcados por ustedes, que “no nos tocó un hijo inteligente. ¡Paciencia·. Irá a trabajar al campo como nosotros”. También las maestras se enamoran  en un primer momento de las criaturas, pero si después las pierden, no tienen tiempo de llorarlas; hay tantas criaturas más que esperan. Ustedes dicen que hay que tratar a todos por igual al dar las notas. No hay nada más injusto que dividir en partes iguales entre desiguales. Ustedes dicen que bochan a los imbeciles y perezosos. Por consecuencia, implícitamente sostienen que Dios hace nacer a los imbeciles y a los perezosos en la casa de los pobres. Pero Dios no comete estos desaires. Es más fácil que sean ustedes los que los cometen. Una enseñanza selectiva les quita a los pobres los medios de expresión y a los ricos el conocimiento de la realidad; es un pecado contra Dios y contra los hombres. Ustedes quieren que los pobres sean mudos, pero ustedes son ciegos”.
Hablando más directamente de los libros de historia que se estudian en la escuela oficial, sigue diciendo nuestro escritor, siempre con espíritu polémico pero desgranando unas cuantas verdades: “Los vencidos son todos malos y los vencedores todos buenos. Solo se habla de reyes, generales y de estúpidas guerras entre naciones. En cuanto a las penas y a las luchas de los trabajadores o se pasan por alto o se las aparta en un rincón.
Un hombre extraordinario como Gandhi normalmente está despachado con pocas palabras, sin una mención a su pensamiento y a sus métodos no violentos de lucha. Usted por ejemplo no sabe en realidad lo que es un sindicado, no conoce la historia del movimiento obrero, los contratos de trabajo; nunca fue a comer a la casa de un obrero. Cuando hay huelga del gremio de transportes, lo único que sabe es que el embotellamiento de transito afecta a su vida privada. En los libros de historia y geografía de ustedes hay cualquier cosa, menos lo que se refiere al hambre de inmensas poblaciones, a los monopolios, a los sistemas políticos corruptos y al racismo”.
“TAMBIEN ENCONTRARÁS A DIOS”.
Siguen diciendo los autores reales del libro: “Pasamos años en la escuela pública con historias antiguas como Ilíada, Odisea, Eneidas y ni un solo minuto con el Evangelio. En literatura el capítulo más largo tendría que dedicarse al libro que más huellas dejó en la historia y que cruzó todas las fronteras, el Evangelio, que habría que estudiarse en cualquier escuela y en cualquier curso, más allá de la confesión religiosa que se tenga”. En Barbiana se hacía Catequesis, pero también Historia de la Iglesia con sus luces y sombras. Siempre resonaba una denuncia de don Milani contra una Iglesia aliada del poder: “Nuestra tragedia se llama tener sacramentos, cámara y senado, prensa y radio, campanarios, pulpitos y escuelas a nuestra disposición; y ser odiados por los pobres y amados y obsequiados por los más fuertes”. Y añadía: “Es un preciso deber de piedad filial decir la verdad sobre la Iglesia; ella es mi madre y aunque fea, jamás la traicionaré. Es un deber criticar  e informar a los pastores y obispos porqué muchas veces no saben lo que pasa y no hay que tratarlos como niños. Errores en la Iglesia hay muchos. A una madre no se le pide que sea perfecta para amarla. Pero la infalibilidad pontificia no abarca a los 75 cardenales, a los 281 obispos de Italia ni a los 5 jesuitas de la Civiltá Católica”. El supuesto autor de “Carta a una profesora” concluye diciendo: “He aprendido que los problemas de los demás compañeros son iguales a los míos; si los enfrentamos juntos, esta es la verdadera política”.
La experiencia de la comunidad de Barbiana es muy similar a lo que propone Paulo Freire y varias de sus propuestas siguen siendo actuales y validas también para nuestros países. Para llevarlas a cabo Milani no propone la violencia sino tan solo un cambio de mentalidad, el voto, la huelga y la objeción de conciencia. Su lenguaje es el lenguaje duro del medio obrero, si bien él provenía de un ambiente acomodado; solía decir que había hecho en su vida el milagro de que un camello pasara por el ojo de una aguja. En una de las cartas que escribió a su madre que trataba de  sacarlo de aquel lugar, don Milani se niega y le dice: “La grandeza de una vida no se mide por el lugar y por el cargo; la posibilidad de hacer el bien no se mide por el número de los feligreses. Yo no he buscado hacer carrera. Tengo 42 años y soy párroco de 42 almas, pero me siento parte viva de la Iglesia”. A quién le exponía sus dudas de fe: “Es inútil que te rompas la cabeza en la búsqueda de Dios. Cuando hayas perdido la cabeza como yo por amor a estos pobres de Dios, también encontrarás a Dios”.
                                                                                         PRIMO CORBELLI

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