Retrato: Fray Jerónimo Bórmida, OFMCAP.

Se llamaba José Ruben Bórmida Rodríguez, nació en la ciudad de Montevideo, en el barrio Atahualpa, el 9 de setiembre de 1939, sus padres fueron María Dildevana Rodríguez Román y José Bórmida Batto.

A los 12 años ingresó al seminario menor y liceo de los capuchinos. El inicio del noviciado fue el 12 de febrero de 1956 en San Francisco de Carrasco, profesando los votos simples el 13 de febrero del año siguiente. Esperaron la edad necesaria para que profesara de modo perpetuo, un día después de su cumpleaños, el 10 de setiembre de 1959. La ordenación presbiteral fue el 21 de julio de 1963.

Entre la formación del hno. Jerónimo, además de los requeridos eclesialmente, figura el estudio de Bellas Artes en Montevideo, siendo también alumno de Lino Dinetto, y Pintura-escultura en París. Hizo la licenciatura en Teología en Friburgo y el doctorado en Roma.

En la Orden colaboró en diversos oficios y servicios, siendo guardián, Ministro provincial, prefecto de estudios, formador y Definidor general entre otros; viviendo en las fraternidades de San Antonio, San Francisco de Carrasco, Minas, Friburgo, Colegio internacional, Curia general, San Francisco de Nuevo París, Sayago, Punta Carretas, Quilmes, Real, La Teja, Curia provincial y Mar del Plata.

En el año 1967 con otros profesores fundó el ITUMS (actual Facultad de Teología del Uruguay). Fue cofundador del Departamento de teología para laicos del ITUMS, profesor en varias materias: teología fundamental, hebreo, teología oriental, introducción a los sacramentos, unción de los enfermos, teología franciscana.

Hermano capaz e inteligente, sumamente original en su elaboración teológica, las clases, su arte, su modo de relacionarse; siempre a la vanguardia en métodos y formas de estudio. Provocador, locuaz e irónico. Su teología era de una real fidelidad creativa a la fe de la Iglesia.

Una anécdota lo pinta en su sentido del humor y su creatividad provocativa: en una reunión de presbíteros, le comenta a José Gottardi -en ese entonces, arzobispo de Montevideo-:

“Estoy cansado de leer sobre adulterio, asesinatos, incesto, traiciones y violencia”. A lo que el obispo le comentó: “Es cierto ya casi no leo el diario, porque me voy a encontrar con todas estas cosas”, entonces Jerónimo le dice: “No Monseñor, estoy leyendo la Biblia”.

El paso de los años le empezó a pasar factura, se cuentan varias. Sufrió varias intervenciones quirúrgicas y tratamientos. Últimamente con la salud deteriorada se optó por llevarlo desde Montevideo hasta Buenos Aires para atenderse en la clínica San Camilo. Luego de una compleja operación y ya en la sala de cuidados intensivos su cuerpo sufrió una descompensación general y sólo podía mantenerse con asistencia mecánica. La hermana muerte corporal, de quien hablaba con gran elocuencia especialmente en los últimos días, imaginando un posible reencuentro con sus padres y familiares, lo vino a buscar en la tarde del 11 de febrero de 2017.

Jerónimo se destacó por su febril intuición teológica. Llegaba a grandes afirmaciones por ese medio y luego las desarrollaba con profundidad asombrosa. Utilizaba una pedagogía provocadora, con mucha ironía, causando no pocas veces perplejidad en su auditorio. Cuestionaba de tal manera que nunca dejaba indiferente a quienes lo escuchaban. Esa pedagogía de choque, de impacto se conjugaba con una didáctica clarísima. Sus numerosos escritos fueron publicados de forma alternativa por las grandes editoriales, pero además, él mismo los hacía llegar a todos a través de material mimeografiado, fotocopiado, grabado en diskets, videos y CDs, según haya sido el avance de la tecnología. Todo el mundo entendía sus explicaciones, eso mismo despertaba muchas objeciones, ya que como buen profesor de Teología fundamental, ponía en crisis los fundamentos mismos de la fe. Y como apologeta presentaba la fe a la cultura anticlerical propia del Uruguay, desafiando racialmente la racionalidad atea o agnóstica y dialogando con el mismo lenguaje de sus interlocutores. Él mismo se definía como un gran creyente poco practicante.

En el campo del franciscanismo era más autodidacta que lo que se formó al respecto, sin embargo, eso no impidió que llegara a ser un especialista en la materia, sobre todo en hermenéutica de textos primitivos. La familia franciscana de muchos países de América Latina y España se beneficiaron de sus cursos y clases. Muchos de los actuales presbíteros uruguayos fuimos formados por él. Los centros franciscanos de Argentina y Uruguay lo tuvieron entre sus profesores más destacados y significativos.

Tenía muchos seguidores y discípulos fervientes, muchos de ellos recibían sus “divagues teológicos” un nuevo género literario en el que conversaba en voz alta con sus lectores comunicando sus búsquedas e impresiones sobre los distintos desafíos que el Evangelio presenta a nuestra fe.

En estos “divagues”, a modo de síntesis teológica espiritual, se refiere al infierno, al cielo, al paraíso, al purgatorio, al pecado, a la gracia, Cristo, el Espíritu, Dios Padre, la Iglesia, etc. Pero bajando a tierra, y con palabras sencillas y profundas. Todo este material seguirá enriqueciendo nuestra vida, y ayudándonos a reflexionar sobre los grandes temas de la fe.

Que las puertas de la morada del Señor se abran para ti, hermano Jerónimo.

Ya te imagino tomando mate con San Francisco y conversando sobre las maravillas de Dios.

Pbro. Eduardo Ojeda.

(Agradecemos la colaboración invalorable del Pbro. José Luis Sereijo, OFMCAP).

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