NUNCA SIN EL OTRO: PAULO EVARISTO ARNS, PROFETA DE AMÉRICA

El 14 de diciembre pasado fallecía a los 95 años el cardenal brasileño Paulo Evaristo Arns, un protagonista del post-concilio y un extraordinario profeta en los años de plomo de América Latina.

Su lema episcopal como obispo y después arzobispo de Sao Paulo fue: “De esperanza en esperanza”. Efectivamente fue un icono en la segunda mitad del siglo XX de esperanza para miles y miles de personas en Brasil y fuera de Brasil, víctimas de las brutales dictaduras militares. “Pastor intrépido, auténtico testigo del Evangelio y de atención permanente a los más desfavorecidos”, dijo de él el Papa Francisco. Fue arzobispo por 28 años de la metrópolis de Sao Paulo de 1970 a 1998, llegando a tener 9 obispos auxiliares. Era franciscano, descendiente de alemanes, el quinto de trece hijos (su hermana Zilda fue la creadora de la Pastoral da Criança en Brasil), intelectual y escritor fecundo. Su figura y su magisterio fueron decisivos al enfrentar la dictadura militar de Brasil (1964-1985), en la defensa de los valores democráticos y de los derechos humanos, con las denuncias contra la tortura (hasta lideró una campaña nacional contra la tortura), la creación de la Comisión de Justicia y Paz, favoreciendo la lucha en defensa de los perseguidos del régimen. Amenazó con excomulgar a los investigadores policiales que se negaban a dar información sobre los presos políticos; denunciaba las desapariciones y prisiones arbitrarias.

Como presidente de la Conferencia Episcopal firmó un documento excepcional por la época: “Testigo de paz”. Aún con soldados y tanques rodeando la catedral, en 1975 en una celebración ecuménica culpó directamente al régimen militar del asesinato del periodista Vladimir Herzog. El dictador, general Garrastazu Medici le había intimado: “Usted ocúpese de su Iglesia que yo me encargo del país”. Salvó a muchísimas personas, inclusive a refugiados políticos de otros países; el argentino Adolfo Pérez Esquivel fue salvado dos veces por Arns de las garras de la dictadura brasileña. Además de la Comisión, Arns disponía de un órgano informativo (“Clamor”) donde se documentaban torturas, asesinatos, desapariciones, atropellos: el boletín  tenía amplia difusión clandestina en todo el cono sur. Dom Paulo recibió por todas estas luchas el Premio Nansen de la Onu, el Niwano y muchos otros, pero siempre le quedó un dolor: “Lo que más me hizo sufrir fueron las madres y esposas de los desaparecidos políticos que buscaban apoyo y consuelo. Los rostros de esas mujeres y madres, me dejaron en la memoria una profunda huella de dolor. Lo que más me ha hecho sufrir fue no haber podido aliviar tanto sufrimiento”, dijo.

 

“CONSIDERO UNA GRACIA…”
A nivel eclesial, nunca buscó el protagonismo. Había rechazado en tres ocasiones el ofrecimiento del episcopado, pidiendo en cambio ser enviado como misionero a Japón o a la Amazonia. Fue Papa Montini, su amigo, que logró convencerlo. Su primera preocupación fueron los pobres. Vendió el edificio episcopal por cinco millones de dólares y distribuyó el dinero entre los pobres. Compró terrenos para marginados y sin techo en la periferia de la ciudad y él fue a vivir en el popular barrio de Sumaré. Dirá un día: “Considero una gracia haber actuado siempre a favor y al lado de los predilectos de Nuestro Señor. No tomar partido para los pobres, es traicionar el Evangelio”. Arns conocía las periferias de su ciudad, las cárceles, los hospitales; sabía visitar casa por casa. Pablo VI le había encomendado estudiar la pastoral de las grandes megalópolis. El trabajo hecho fue juzgado “óptimo” por el prefecto de la Congregación de los Obispos de aquel tiempo, pero tres años después la burocracia vaticana ya lo había archivado. Dom Paulo fue un pionero en la promoción de las comunidades eclesiales de base y se valió de la inspiración y la ayuda de Paulo Freire. Levantó más de 2.000 comunidades de base en las zonas más alejadas y 1.200 centros comunitarios. Esa fue la llamada “Operación Periferia” para asistir y evangelizar a los habitantes de las “favelas”. Quizás su obra mayor fue el proyecto “Brasil , nunca más”, desarrollado con el rabino Henry Sabel y el pastor presbiteriano Jaime Wright con un equipo de investigadores. Fueron recogidas en más de un millón de páginas informaciones provenientes de 707 procesos militares. El libro fue esencial para la identificación y denuncia de los crímenes del régimen militar y aceleró su caída. Arns fue varias veces amenazado de muerte y en 1992 sufrió un grave accidente al ser atropellado por un coche militar, del cual se salvó por milagro. Era el sistema usado en aquel tiempo para con los obispos como en el caso de los argentinos Zaspe, Angelelli, Ponce de León, Sueldo.. En 1982 los cardenales Arns y Aloisio Lorscheider, ambos franciscanos, acompañaron a Leonardo Boff al Vaticano, cuando este fue citado por el cardenal Ratzinger para un proceso doctrinal. Arns, según cuenta Boff, le dijo a Ratzinger: “El documento que usted publicó sobre teología de la liberación no corresponde a los hechos y a los hechos nosotros los conocemos; esta teología es buena para los fieles y las comunidades. Usted se ha puesto del lado de los enemigos de esta teología, o sea de los militares y los grupos conservadores que hay inclusive en el episcopado. Espero un nuevo documento, positivo, que valores este modo de hacer teología partiendo de los sufrimientos de los pobres y en pos de su liberación”. Lo que sucedió tres años después.

Despedida de dom Paulo Evaristo Arns, en Catedral da Sé.

En 1983, el año siguiente, Juan Pablo II que nunca entendió ni comulgó con las posturas del cardenal Arns, intervino la arquidiócesis de Sao Paulo, la segunda más grande en el mundo después de la de Ciudad de Méjico y la dividió en cuatro diócesis distintas. Arns sufrió mucho por esto, debido a la experiencia hecha de una colegialidad enriquecedora con sus obispos auxiliares. La medida papal fue presentada por la prensa, aún sin pruebas convincentes, como un castigo del Vaticano a su labor pastoral. Arns pasó sus últimos años en silencio, en las afueras de Sao Paulo. La noticia de su muerte sin embargo movilizó al pueblo que no se había olvidado de él y los funerales fueron un triunfo; hubo tres días de luto nacional.

                                                                                PRIMO CORBELLI

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