CHILE: ¿IGLESIA EN CRISIS?

libro_chipaiscatoEn 20 años la Iglesia en Chile ha perdido un 1% de feligreses cada año. Lo dice el teólogo jesuita p. Jorge Costadoat que añade: “La gente cree en Dios, reza, pero la práctica religiosa es baja y no se ven signos de recuperación. El Cristianismo del tiempo  de Cristiandad que se recibió por tradición y como parte de una cultura y sociedad cristiana, y que no es fruto de una conversión personal a Cristo y al Evangelio, no resiste y es de baja calidad. La fe se ha transmitido de un modo masivo y automático sin verdadera iniciación religiosa. San Alberto Hurtado se preguntaba ya en 1941 sobre este fenómeno en un libro muy famoso: “¿Es Chile un país católico?”.

Hoy la situación es preocupante. Lo más fácil en este caso es imputar la crisis a la jerarquía eclesiástica: mala formación del clero, falta de imaginación en la implementación del Concilio, relaciones infantiles entre sacerdotes y laicos, bajas vocacionales. Pero también hay un cambio cultural que socava los valores tradicionales. Predomina hoy la ley del mercado y de la ganancia; todo es relativo, todo se vende, todo se compra. A nivel de Iglesia algunos buscan simplemente sobrevivir a cualquier costo, otros quieren volver a las seguridades del pasado, otros le echan la culpa de todo al Concilio. Sin embargo creo que lo mejor sería buscar lo esencial del Evangelio, del Dios de Jesús, rico en misericordia y liberador, con una fe comunitaria y solidaria. La Iglesia en Chile ha de liberarse del sello clerical de cristiandad que la vuelve irrelevante y en vez de atraer a la gente la espanta. El impulso del Papa en favor de una “Iglesia en salida” va en sentido contrario de un retraimiento autorreferencial. Urge por ejemplo “desclericalizar” la Misa. Muchas de las palabras rituales aún sacralizan papas, obispos y sacerdotes y consagran la separación entre sagrado y profano. Si hay algo que no se soporta más en la Iglesia, es el clérigo que marca la diferencia, una clase de sacerdotes que demonizan al mundo. Los textos litúrgicos deberían ser actualizados a la luz de los signos de los tiempos, ciertas lecturas del Antiguo Testamento eliminadas. No puede ser que se diga “palabra de Dios” después de que el profeta Elías degolló a 450 profetas de Baal y todos respondan: “te alabamos Señor”. En la Iglesia hay que impulsar todos los cambios que hagan más comprensible el amor de Dios para con el hombre y más creíble el amor entre cristianos y de los cristianos para con el mundo”.

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