AUSTRALIA: ESCÁNDALO Y VERGÜENZA

 

Después de los escándalos de pedofilia por parte de sacerdotes en Irlanda, Estados Unidos, Alemania y con los Legionarios de Cristo, ahora le ha llegado el turno a Australia. Una comisión oficial establecida por el estado en el año 2012, la “Real Comisión sobre respuestas institucionales por abusos sexuales de niños”, terminó su investigación con el resultado de que el 60% de los casos denunciados de abusos sexuales con menores, ha tenido lugar en instituciones religiosas, especialmente católicas. En casi dos tercios de los casos, está involucrada la Iglesia Católica. La investigación se ha realizado con el consentimiento de la jerarquía eclesiástica en monasterios, parroquias, colegios, asociaciones de beneficencia, organizaciones comunitarias, boy scout, clubes deportivos… Desde 1950 al 2015 han sido presentadas 4.444 denuncias de pedofilia en casi mil estructuras pertenecientes a la Iglesia Católica. Se han identificado 1.880 abusadores (597 religiosos no sacerdotes, 572 sacerdotes, 543 laicos, 96 religiosas…); 500 siguen desconocidos. El 7% del clero australiano es acusado de abusos sobre menores. La Comisión afirma que las víctimas han sido ignoradas y las denuncias también, los curas trasladados, los documentos perdidos o destruidos. Ha prevalecido el secreto y el encubrimiento. También George Pell, ex arzobispo de Sydney, ha sido acusado de haber encubierto abusos. La Iglesia de Australia que desde hace un tiempo ha constituido un “Consejo por la verdad, la justicia y la sanación”, ha reconocido que las conclusiones “destrozan la imagen y credibilidad del sacerdocio y los números son impactantes, dramáticos”. Su secretario Francis Sullivan habló de un “inmenso fracaso de la Iglesia en la protección de los niños. Como católicos agachamos la cabeza con vergüenza”. Con parecidos términos se ha pronunciado la Conferencia Episcopal. Comenta el historiador católico Alberto Melloni: “No es un delito “católico” porqué invade a muchos otros contextos educativos. No es un tema típicamente celibatario, porque la gran mayoría de abusadores son personas sexualmente activas. Sin embargo estos crímenes humillan la Iglesia Católica en su mismo clero y devastan su autoridad con una fuerza impresionante. Si bien es en la sociedad donde se consume el otro 99% de estos crímenes, en la Iglesia tocan su esencia misma y vanifican su demasiado lenta reforma para hacerla menos distante del Evangelio. Hay que reconocer que un obispo que encubre estos delitos, no sirve para su ministerio. Ya no basta invocar palabras como “tolerancia cero”. Las normas del Papa Francisco han empezado una poda que será dolorosa y dramática, o no será”.

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