(editorial) Cuáles alianzas para la evangelización

La victoria de Donald Trump y el inicio de su presidencia con los primeros actos han levantado discusiones, polémicas, posiciones favorables y contrarias, así como era previsible. También en ámbito católico, y no solo en Estados Unidos, se señalaron varias voces, algunas muy destacadas, sobre todo en contra de la política antimigratoria y proteccionista del neo presidente.

Esperar de un líder de gobierno un cambio positivo es razonable; pero confiar en él para una política cristiana es contradictorio, así como acusarlo de abusar de su poder cuando lo hace en los límites de las leyes. Una renovación cristiana de la sociedad o, ¿más modestamente?, de la iglesia no puede depender de un presidente o un gobernador: en este sentido es bastante desubicado dedicar mucha energía en el análisis de los programas de gobierno y, tal vez, en la formación de los líderes.

Samuel Ruíz, obispo de San Cristóbal de las Casas (México), decía en una entrevista a Juan José Tamayo, que salió después de cinco años de su muerte: “Los pobres no pueden ser evangelizados si nosotros somos propietarios de latifundios. Los débiles y oprimidos se alejan de Jesucristo si nosotros aparecemos como alineados a los poderosos. Los analfabetas no podrán ser evangelizados si nuestras instituciones religiosas siguen buscando el paraíso de las grandes ciudades, y no los suburbios o las aldeas rurales”.  El problema no es si tal presidente tiene o no programas cristianos: el problema es que no se puede confiar a él la tarea propia de las sal de la tierra.

Coherentemente seguía Ruiz: “Cuando los pobres descubren que no solo tienen obligaciones sino también derechos y puede haber un nuevo tipo de sociedad que no se base ya en la concentración del poder y del dinero sino en la intercomunicación de los bienes, entonces surge la esperanza”. Se trata de pensar la Iglesia de otra forma, sin compromisos o esperanzas en el poderoso de turno, sino al lado de los que sufren ya sea carencias y sea discriminación o enfermedad.

Qué signifique esto, lo dice en la misma entrevista Samuel Ruiz con dos ejemplos. Uno sobre el tema del ecumenismo: “Para nosotros lo más importante no es si estamos o no con la teología de la liberación; lo importante es si estamos con los pobres, si optamos concretamente por su promoción y liberación. También el ecumenismo quizás en Europa se de a través de los diálogos teológicos; aquí se da caminando juntos en la opción por los pobres. En ella coincidimos de manera extraordinaria católicos y evangélicos. A veces nos sentimos más cómodos con ellos, que en nuestras propias conferencias episcopales. La pregunta finalmente es para todos si amamos a Cristo en el prójimo, sobre todo en los más pequeños”. El otro ejemplo es sobre la posibilidad de vivir la fe desde la realidad propia o autóctona, sin necesidad de importar modelos o paradigmas, casi que sea preciso un paso previo (occidentalización, formación teológica, conversión moral…) a la iniciación cristiana: “Los misioneros que salieron de Europa no solo evangelizaron sino que occidentalizaron. Eso fue lo que ocurrió en este continente; hubo la imposición de una cultura que venía de afuera y la eliminación de la autóctona. No había el respaldo en aquel entonces de una reflexión teológica sobre la validez de las culturas. El Concilio nos ha enseñado a respetar lo que Dios ha hecho en las culturas, lo salvífico que hay en ellas para llegar al surgimiento de Iglesias autóctonas, no autónomas, donde el evangelio y la Iglesia se encarnen en ellas, con sus propios agentes pastorales. Por eso hemos apostado aquí a los ministerios indígenas con más de 300 diáconos casados y cerca de 20 mil catequistas indígenas, por ser una diócesis de mayoría indígena. Además debemos poner fin al mito repetido con frecuencia de que América Latina es un continente católico. Si la Iglesia es una comunidad de fe, esperanza y caridad, esto no se ha realizado en América Latina. Hay incontables contra-testimonios en la Iglesia que constituyen obstáculos insuperables para la evangelización”.

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