MASACRE DE MANAUS Y CÁRCELES ALTERNATIVAS

APAC:
APAC: “el delito queda allá afuera”

En la guerra violenta que a comienzos de enero se desató en la cárcel de Manaus aparentemente entre bandas de narcotraficantes, hubo personas decapitadas, otras quemadas; se usaron machetes, cuchillos, armas de fuego. Hubo 60 muertos y más de cien fugitivos. Se trata de una cárcel de máxima seguridad con una sobrepoblación del 200%. Brasil cuenta con la cuarta población carcelaria del mundo (600 mil presos, 250 mil en espera de juicio) después de Estados Unidos, Rusia y China, viviendo en situaciones inhumanas. Desde 2005 a 2015 hubo en Brasil un incremento del 80% de presos; y de los que salen en libertad el 85% vuelve a delinquir.

El arzobispo de Manaus Sergio Castriani dijo en un comunicado: “Después de 40 años de pastoral penitenciaria podemos afirmar que el actual sistema no recupera al condenado, sino que por el contrario promueve una escuela de criminalidad en vez de ofrecer oportunidades de trabajo a las personas. La raíz del problema carcelario en Amazonia y en todo Brasil es la falta de políticas públicas”. El Papa también, refiriéndose a la masacre de Manaus, pidió cárceles más humanas a lo que contestó el gobernador de Amazonia José Melo diciendo que “eran todos asesinos y violadores; no había ningún santo entre las víctimas”. Las masacres continuaron en Boa Vista con otros 33 presos asesinados. La Iglesia brasileña desde hace años apoya y promueve unas cárceles alternativas, donde no hay guardiacárceles, ni armas ni muros y los que reinciden en el delito son tan solo el 8,2%. Son las APAC (Asociación de Protección y Asistencia a los condenados), una asociación civil fundada por el  periodista y abogado católico Mario Ottoboni y surgida hace 40 años en el marco de la pastoral penitenciaria de San Pablo. Las APAC son reconocidas por la ley y los tribunales en 17 estados de Brasil. En ellas los condenados descuentan la pena trabajando y estudiando, cuidando ellos mismos del establecimiento con una comisión elegida por ellos mismos; los presos (al máximo 200) son conocidos por el nombre y tienen las llaves de sus habitaciones. Hay un horario comunitario y ocho horas de trabajo para todos; nunca ha habido motines. Ya hay otros 23 países interesados en esta experiencia.

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