SE LLAMABA PAULINA

Tenía 10 años, estaba gravemente enferma y la madre escribió al Papa. La carta de respuesta llegó cuando la niña ya había muerto y se la leyó en el funeral. “Querida Paulina. Puse sobre mi escritorio las fotos que me mandaste; veo en tu mirada la luz de la bondad y de la inocencia. Te envío esta carta; leéla junto a tu mamá y el beso que ella te dará será también el mío. Uno mis oraciones a las tuyas y a las de los que están rezando por ti; así haremos una cadena larga que llegará hasta el cielo. Pero el primer anillo de esta cadena eres tú. Habla con Jesús de ti, de tu papá y mamá que necesitan ser consolados y ayudados en este momento. Seguramente sabrás sugerirle a Jesús lo que hay que hacer para ellos; pedile también para mí y yo lo haré por ti. Te abrazo fuerte fuerte y te bendigo de todo corazón junto a tus papás y hermanos. Francisco”.

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