TESTIMONIO: LIBERAN AL P. MOURAD

father_jacques_mourad_credit_terre_sainte_mag_cna_10_14_15El p. Jacques Mourad es un monje sirio del monasterio de Mar Musa que estuvo preso más de cuatro meses en manos del Estado Islámico. Se le había dirigido a él también la amenaza: o la conversión al Islam o la muerte por decapitación. Fue encerrado en un baño sin ventanas. Antes que él había sido raptado el italiano p. Paolo Dall´Oglio, un jesuita que hacía parte de su comunidad; de él hace tres años y medio que no se sabe más nada. Confiesa el p. Jacques: “Lo que más me atormentaba era que siendo nosotros los que nos habíamos consagrado al diálogo con los musulmanes, eran justamente ellos, nuestros hermanos, que nos perseguían. Sin embargo el octavo día me vino a ver el gobernador de Raqqa, la capital siria del Estado Islámico, que me habló de manera pacífica de política y de nuestras religiones y antes de irse me dijo: “padre, considere esto como un tiempo de retiro espiritual”.

Esta frase marcó mis días; hice precisamente los que él me dijo. Rezaba mucho, especialmente el rosario y pensaba: “no soy el primero ni seré el último. Soy uno de los miles y miles de víctimas de esta guerra; quizás sea justo que yo sacerdote comulgue con todas estas víctimas inocentes. Y después, me decía, ser mártires por el Señor es un honor”. Preguntado sobre la posibilidad de diálogo con los terroristas islámicos: “El mundo musulmán tiene muchos problemas en su interior, hay visiones distintas. También el mundo cristiano tiene sus desafíos, pero quizás sabe embellecer mejor la fachada del edificio. He vuelto de esta experiencia de cautiverio, con la convicción todavía muy fuerte de que el diálogo, el esfuerzo de construir puentes, es el único camino eficaz para desarmar la violencia y construir una verdadera paz. Es cierto que parece haber un proyecto de expulsión de los cristianos de estas tierras, pero es un proyecto político de los gobiernos, no del Islam. Los cristianos resisten y se quedan cuando los pastores están cercanos a sus ovejas”. El p. Jacques contó después que en la aldea donde era párroco, cuando llegaron los terroristas, fue recluido con otros 250 cristianos y nadie renegó de su fe. Ahora el p. Mourad llevó a Italia a cinco jóvenes cristianos sirios, entre 20 y 28 años, para que estudien en la Universidad Católica; todos sueñan ser útiles para un futuro de paz en Siria. Su monasterio fue totalmente destruido. El p. Mourad no siente rabia ni desesperanza: “Después de la experiencia que viví, las cosas materiales no tienen mayor importancia; lo importante, lo sagrado, es el hombre”.

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