(cultura) Horizontes críticos del pensamiento latinoamericano:

La pedagogía histórico-crítica de Demerval Saviani

demerval_savianiLa fuerte convicción de que es necesario recuperar la historia de las ideas de nuestro continente (siempre rica, vasta, novedosa, escondida y sobre todo nuestra) nos lleva a ofrecer propuestas alternativas a los marcos hegemónicos de pensamiento sobre identidad y cultura. El último referente sobre el que expusimos en este ciclo de pensadores fue Carlos Real de Azúa, un referente en quien se fragua por un lado la filosofía y por otro, la pedagogía. Sobre esta bisagra articulamos la propuesta del brasileño Demerval Saviani (1943), filósofo y docente, fundador de una corriente de pedagogía dialéctica denominada histórico-crítica. Sus análisis críticos advierten, desde la década de los ochenta, sobre los urgentes problemas educacionales de nuestro tiempo.

 

La preocupación de revisar nuestras matrices de pensamiento, recuperando la idea de reflexionar desde América Latina sobre nuestros procesos históricos es uno de los propósitos de este artículo. El otro es poder reencontrarnos con la vigencia de un pensador de la pedagogía crítica de las últimas décadas.

La escuela y la Democracia, la actitud del educador y el problema de la marginalidad son algunos de los motivos del autor, cuyos argumentos más precisos sobre la complejidad de estos temas aparecen en su ensayo intitulado “Escuela y Democracia” (1988).  Para Saviani es fundamental asumir la relevancia del doble desafío que supone: por una parte, haber comprendido el carácter no neutral de la educación, tan importante en una sociedad capitalista, y, a la vez, lograr la articulación de una perspectiva pedagógica que construya el campo educativo como espacio de conflicto, de construcción de cambios y de profundización de la vivencia de la democracia. El conjunto de perspectivas conceptuales parte de la clasificación de las teorías sobre la educación en críticas y no críticas, según el grado en que incorporan el carácter político e ideológico de lo educativo en sus elaboraciones. Tanto Saviani como el norteamericano Henry Giroux se ubican dentro del mismo paradigma de la pedagogía crítica, por ende, podemos encontrar similares desarrollos en sus concepciones:

-La posibilidad de pensar a la educación como un ámbito en el que se procesan formas de reproducción y promoción de las desigualdades, y a la vez como un espacio relevante para los procesos de resistencia y transmisión de formas alternativas de ver el mundo e intervenir sobre él.

– La recuperación de los educandos como sujetos políticos que portan una historia y construcciones culturales particulares vinculadas a posiciones de género, raza y clase social.

– La visualización de los docentes como intelectuales y trabajadores de la cultura, trascendiendo la noción de técnicos o aplicadores de recetas propia de las pedagogías tecnicistas y de la visión desvalorizadora de los mismos promovida por los sectores socialmente dominantes.

– La construcción de la educación como una esfera pública, fundamental para el desarrollo y la profundización de una sociedad democrática.

Educación para una práctica de la libertad

dermeval-saviani-pedagogia-histricocritica-primeiras-aproximaes-1-638Esta concepción de una pedagogía para la práctica de la libertad, de la que ya nos hablaba Paulo Freire a fines de los sesentas, supone un abordaje de las relaciones entre conocimiento, autoridad y poder. Retomando la potencia de la propuesta pedagógica de Paulo Freire, Saviani sostiene que no existe una pedagogía desinteresada que rehúya de sus compromisos políticos y morales, así como tampoco una que pueda ser definida exclusivamente como mera técnica o método. De lo que se trata es de poder comprender que los educadores tienen el sobrecogedor reto de crear nuevas estrategias colectivas que ofrezcan a los estudiantes la esperanza y las herramientas necesarias para revivir a la educación como una respuesta política y ética. En este sentido, una lectura atenta de los aportes de Saviani permitiría reflexionar sobres las consecuencias perniciosas de reducir los procesos de enseñanza a saberes instrumentales, o no considerar seriamente la necesidad de colocar la educación en el lugar de un espacio social de deliberación y promoción de valores para la igualdad y la justicia. Por esto mismo, además de mostrarnos los efectos nocivos de una educación subordinada a los valores del mercado y de la competencia, nos ofrece interesantes instrumentos para repensar nuestro propio compromiso con la sociedad en la que vivimos.

Una teoría pedagógica más satisfactoria para las clases populares

Desde el punto de vista de nuestro autor, las políticas públicas en Brasil no han acertado en sus respuestas a los problemas de la educación, tratando, en cambio, de generar mecanismos compensatorios que mantienen incambiado el paradigma de la pedagogía tradicional. En uno de sus trabajos en que aborda la conexión entre marginalidad y educación señala lo siguiente:

“La estrategia accionada para superar el problema de la marginalidad se propone nivelar las precondiciones de aprendizaje por la vía de compensación de las desventajas de los niños carenciados. Debo decir que no considero a la educación compensatoria una teoría educacional, porque no acarrea determinada propuesta pedagógica ni explicita los mecanismos que rigen la organización y el funcionamiento de la educación. Tampoco creo que contribuya al proceso de transformación estructural de la sociedad (como sería el caso de una teoría crítica de la educación). Es decir, la educación compensatoria configura una respuesta no-crítica a las dificultades educacionales. Hay que ver que una vez que se acumularon las evidencias de que el fracaso escolar, incidiendo predominantemente sobre los alumnos socio económicamente desfavorecidos, se creyó que se debía a factores externos al funcionamiento de la escuela. Por lo tanto, se trató de actuar sobre esos factores, pero con un sobreentendido falso de que la función básica de la educación es la de igualación social. Por ende, se sigue pensando que para que la escuela cumpla su función igualadora es necesario compensar las deficiencias cuya persistencia acaba, sistemática y paradójicamente, por neutralizar la eficacia de la acción pedagógica. Se compensa, pero no se formula una nueva interpretación de la acción pedagógica.  Ésta sigue siendo entendida en términos de la pedagogía tradicional. La educación compensatoria comprende un conjunto de programas destinados a compensar deficiencia de salud y de nutrición, familiares, emotivas, cognitivas, motoras, lingüísticas, etc. Tales programas acaban colocando bajo la responsabilidad de la educación una serie de problemas que no son específicamente educacionales, lo que significa, en verdad, la persistencia de la creencia ingenua en el poder redentor de la educación en relación con la sociedad. Se atribuye entonces a la educación un conjunto de papeles que, en suma, abarcan las diferentes modalidades de política social. La consecuencia es la pulverización de esfuerzos y recursos con resultados prácticamente nulos desde el punto de vista propiamente educacional”.

Un “efecto derrame” de estos mecanismos compensatorios es evidente sobre el fracaso escolar. Saviani llega a la conclusión de que este problema que involucra sobre todo a los niños de las capas más vulnerables en la enseñanza primaria debe ser sometido a crítica. Los mecanismos compensatorios terminan por configurar una nueva forma de rondar el problema en lugar de atacarlo de frente. Habría que analizar si luego de tantos años de comedor escolar y de políticas asistenciales han disminuido los índices de fracaso escolar de primero a segundo grado de primaria. No obstante, el autor no niega la importancia de los diferentes programas de acción social, sino que más bien advierte sobre el peligro de considerarlos programas educativos, lo cual implicaría un alejamiento en lugar de una aproximación a la comprensión de la naturaleza específica del fenómeno educativo.image

Sus reflexiones se proponen sacudir la máquina político-educacional y las realidades vivenciadas por educadores y educandos, para que la educación no esté al servicio de la política (son prácticas distintas y conviene no confundirlas) aunque ambas dimensiones se articulan.  La contribución más importante de Saviani es la que nos interpela a pensar en la escuela como un lugar de diálogo, de participación social, de ciudadanía y como un ámbito democrático de respeto a las diferencias. Se impone el esfuerzo de ejercer una conciencia crítica, luchando por acceder a los conocimientos para transformar la sociedad, socializando el saber en una construcción colectiva. Pero, sobre todas las cosas, se precisan educadores capaces de hacerse dos preguntas fundamentales: ¿cuál es el modelo de sociedad que estimula con su modelo educativo? O más aún: ¿de qué modo la modalidad educativa que desarrolla afecta o no las condiciones de vida social de los educandos o del sistema social en que ellos están inmersos? Aproximarse a una respuesta, aun dando pasos lentos y repletos de obstáculos, sería el deber de toda persona que lleva una misión tan importante como la de educar.

 

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