LOS 500 AÑOS DE LA REFORMA

(el encuentro de Lund)

el Papa en Lund
el Papa en Lund

Lund es una pequeña ciudad (82 mil habitantes) de Suecia , con mil años de historia. Allí se inauguró con la presencia del Papa, el 31 de octubre pasado, la solemne conmemoración de los 500 años de la Reforma Protestante cuando el monje  Martín Luther el 31 de octubre de 1517 proclamó 95 tesis teológicas para la reforma de la Iglesia, en Wittemberg (Alemania). Los actos conmemorativos se realizaron en Lund porqué la Federación Luterana Mundial nació en esa ciudad en 1947; ahora tiene sede en Ginebra (Suiza), agrupa a unas 145 iglesias, representando a 72 millones de fieles en 78 países. En Europa hay tan solo 36 millones; 21 millones hay en África. Los Luteranos son la primera Iglesia nacida de la reforma de Lutero. El movimiento Luterano dio origen a numerosas Iglesias, en particular a los Reformados y a los Anglicanos, bajo el denominador común de “protestantes”. En la actualidad hay 500 millones de personas en alguna de las distintas formas del protestantismo moderno.

 

Suecia es un país de 10 millones de habitantes de antigua tradición luterana; los católicos son tan solo 119 mil y tienen como referencia la única diócesis de Estocolmo. El histórico encuentro del Papa con las autoridades de la Federación, tuvo lugar en la catedral de Lund, construida en 1145; el último obispo fiel a Roma de esa ciudad, murió en la cárcel en 1553. El Papa aceptó la invitación de ir a Lund, no para celebrar la dolorosa ruptura de hace 500 años, sino para dar un paso más hacia la reconciliación entre cristianos, unidos por el mismo bautismo y la misma fe en Cristo y su Evangelio. Esta conmemoración, a diferencia de todas las anteriores, tuvo por primera vez un carácter ecuménico y fraterno. Antes que nada se rindió gracias a Dios por los 50 años de diálogo intenso y fecundo entre católicos y luteranos después del Concilio Vaticano II. En segundo lugar se pidió perdón por los errores y pecados cometidos de ambas partes, con dolorosas consecuencias que llevaron a las guerras de religión de los siglos 16 y 17 y a un constante enfrentamiento. En tercer lugar hubo un compromiso común de conversión al Evangelio, de diálogo y cooperación al servicio de los más necesitados y de la paz. Por eso la conmemoración no tuvo un tono triunfalista por parte de los luteranos ni polémico por parte de los católicos, tal como sucedía en el pasado. El diálogo con los luteranos fue el primer dialogo bilateral que la Iglesia Católica inició con los protestantes en 1967, hace 50 años, en el cual se descubrió que es mucho más lo que nos une de lo que nos separa. Hubo después de esa fecha varios acuerdos a nivel teológico. El más importante fue firmado por ambas partes con el documento sobre la Justificación del 31 de octubre de 1999 en Augusta (Alemania). Con la palabra “justificación” se entiende que todos los hombres son salvados (=justificados) por pura gracia y misericordia de Dios, en Jesús. La absoluta gratuidad de la salvación hace que nuestras obras buenas no sean la condición para merecerla, sino la necesaria respuesta de amor al don incondicionado de Dios. El último gran documento bilateral es del 2013 y se titula: “Del conflicto a la comunión”. Partiendo de este documento se ha preparado el reciente encuentro. En la celebración litúrgica de Lund cinco jóvenes han presentado al altar 5 velas reflejando los cinco compromisos de ese documento en busca de la “unidad visible”.

LUTERO REVALORIZADO

Lutero ha sido revalorizado en estos últimos años por historiadores católicos más desapasionados, objetivos y documentados. Los obispos alemanes lo han llamado: “pionero religioso, testigo del Evangelio y maestro de la fe”. Muchas de sus 95 tesis siguen teniendo vigencia. La Iglesia Católica no renuncia a la validez de la oración por los fieles difuntos, pero “hoy Lutero no protestaría por el tema de las indulgencias como las ha interpretado el Papa Francisco en “Misericordiae vultus”, dejando de lado comparaciones penales de cancelación de años o días de castigo en el fuego del purgatorio como si fuera la cancelación del pago de una multa y usando imágenes mercantiles”, escribe el teólogo Juan Masíá Clavel. Aún con todos los errores que cometió, Lutero rechazó el capelo cardinalicio que se le ofreciera para obtener su silencio y a los magistrados de las ciudades alemanas les pidió que todo el dinero que debían al Papa por impuestos, rentas, indulgencias etc., se lo entregaran a las escuelas para la educación de los niños más pobres. Al volver de Armenia en junio pasado, el Papa Francisco afirmó: “Creo que las intenciones de Lutero no eran equivocadas; era un reformador. Tal vez algunos métodos no fueron correctos. Pero en aquel tiempo la Iglesia no era ciertamente un modelo para imitar. Había corrupción, mundanidad, apego al dinero y al poder; por eso protestó. Ha sido una medicina para la Iglesia”. Son frases que del lado católico más tradicionalista varios cuestionaron y por el lado protestante tuvieron la respuesta del pastor Paolo Ricca: “La reforma no se dio por motivos éticos de corrupción etc., sino por motivos teológicos”. Sin embargo Ricca añade con respecto a Lund: “lo de Francisco es un gran paso porqué considera la Reforma como un evento positivo en la historia de la Iglesia, algo que hizo bien también al catolicismo. La principal característica de Francisco es que es un hombre libre y solo las personas libres son capaces de algo nuevo”. En una entrevista a “Civiltá Católica” el Papa dijo también: “Lutero fue un reformador en un momento difícil; dio un gran paso para poner la Palabra de Dios en manos del pueblo. Quiso poner remedio a una situación compleja. Después, en parte por situaciones políticas y también religiosas, esa reforma se convirtió en separación y no en un proceso de reforma de toda la Iglesia; porqué la Iglesia siempre ha de reformarse”. El Papa piensa que el dialogo teológico es importante, pero no suficiente; hay que acercarse, crear un clima de confianza y respeto, caminar juntos, unidos en la oración y practicando el “ecumenismo de la misericordia” hacia los más pobres. También dijo: “El proselitismo es pecado, porqué pretende convertir la Iglesia en una organización que busca prosélitos. La Iglesia crece por atracción. El proselitismo es el veneno más potente contra el ecumenismo. Los mejores reformadores son los santos de ambas iglesias. Quedar cerrados en perspectivas rígidas no tiene futuro; no hay posibilidad de cambio. No se puede ser católicos y sectarios”. El Papa Francisco revalorizó la figura de Lutero reconociendo que él “no quería la división , ni crear una nueva iglesia; quería renovar la única iglesia, lo que no fue posible en esa época”. Obviamente el Papa no rescata la figura de Lutero en su totalidad y menos en sus errores, pero sí en sus intenciones iniciales y en los aspectos de la reforma que trajeron frutos buenos también para los católicos. Ahora ya Lutero no es “el jabalí que ha entrado en la viña del Señor para destrozarla” (Leon X), pero  tampoco el Papa es “el Anticristo” que proclamaba Lutero.

DIFERENCIAS

Este acercamiento, impulsado por el Papa y que comparten los luteranos, no elimina las graves diferencias que aún quedan, por ejemplo en como interpretar la “unidad visible” que todos se proponen. Ya no se habla de convertirse de una Iglesia a otra, sino de convertirse todos a Cristo y a su Evangelio. No hay acuerdo en múltiples temas éticos, sobre la organización de la Iglesia, los ministerios, la Eucaristía. Entre los ministros luteranos, hay mujeres que son pastores y obispos pero para la Iglesia Católica no se trata del Orden Sagrado, que solo se da en la Iglesia Ortodoxa. El diálogo teológico es positivo y promisorio. Según el cardenal Walter Kasper es con los luteranos que se ha dado hasta ahora “el diálogo más avanzado”.  Por su parte la mujer obispo luterana Margot Kaessmann afirma: “el Papa Francisco es un Papa reformador y nos encontramos en un muy buen momento desde el punto de vista ecuménico. San Ignacio de Loyola, igual que el Papa actual, también quería reformar la Iglesia. Francisco es un Papa que está cerca de las personas. Lo que yo admiro en la Iglesia Católica Romana es la unidad global de la Iglesia a pesar de las diferencias internas. Nosotros los luteranos y reformados nos separamos más fácilmente. Lo que yo le pido a los católicos es que la mujer pueda ser sacerdote y obispo, porqué el bautismo nos da a todos la misma dignidad. La mujer ayuda en la Iglesia a estar más cerca de las personas”. Por su parte el pastor Paolo Ricca pide ahora  que “las iglesias evangélicas sean reconocidas como “Iglesias” y no como simples “comunidades eclesiales”; pide además “una plataforma doctrinal común, formulada en forma conjunta sobre lo que es “lo esencial cristiano” para que haya comunión de fe y se establezca cuales son las doctrinas, opciones éticas y prácticas de piedad sobre las que se pueda tener opciones distintas sin romper la comunión”.  Por otra parte hay que reconocer que en todas las Iglesias el ecumenismo es hoy todavía un hecho minoritario. Frente al encuentro de Lund, un Manifiesto Evangélico global de 50 teólogos ha declarado que “los temas que ha impulsado la Reforma siguen todavía vigentes para la Iglesia entera. El catolicismo romano es un sistema religioso que no está basado en la sola Escritura; para él la Escritura no tiene la última palabra. Prueba de ello son los dogmas de la Infalibilidad pontificia, de la Inmaculada Concepción y de la Asunción que no tienen ningún apoyo  bíblico”. Por parte de muchos pentecostales y neopentecostales, que están en constante aumento, hay disconformidad con las iglesias protestantes secularizadas que practican el ecumenismo y se están vaciando de feligreses; en Suecia tan solo el 2% de los luteranos va al culto dominical. Y acusan a la Iglesia Católica que por estar perdiendo adeptos se esté acercando ahora a las iglesias históricas que antes había combatido. A pesar de estas dificultades el Papa Francisco considera que “no podemos resignarnos a la desunión, al distanciamiento que la separación ha producido. Es el momento de superar las controversias y los malentendidos del pasado”. El Papa confía en el ecumenismo “de los pequeños pasos”, un ecumenismo que debe ser compartido por las bases, por las Iglesias Locales, los curas y los laicos, so pena de quedar en los escritorios como puro papel.

                                                                                Primo Corbelli

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