CHINA: RIGORISMO Y NEGOCIACIÓN

China: más de 100 millones de cristianos
China: más de 100 millones de cristianos

Según noticias de prensa especializada, el diálogo actual entre las dos comisiones del Vaticano y de China mira sobre todo a acelerar el proceso de unificación de las dos comunidades (la “patriótica” y la “clandestina”), ya prevista en la Carta a los Católicos Chinos del año 2007, y a preservar la apostolicidad de la Iglesia en el nombramiento de obispos a través de acuerdos posibles, aún  si limitados. El diálogo actual es serio  y sistemático y ya empezó en el 2014. Según filtraciones, el gobierno chino reconocería el derecho del Papa al nombramiento de los obispos. La Conferencia Episcopal China presentaría al Papa una lista de tres candidatos y la última palabra sería del Papa.

Actualmente el gobierno comunista ve crecer el Cristianismo y también la autoridad del Papa; los cristianos son más de cien millones (la mayoría protestantes), más que los inscriptos al partido comunista. Hay más fieles los domingos en las misas que en Europa. El pasado 30 de julio falleció el obispo de Xiapu, Huang Shonchen, y en su funeral hubo miles de fieles. De sus 60 años de sacerdocio, pasó 35 en la cárcel y en los trabajos forzados. Obispo en 1985, a pesar de no estar reconocido por el gobierno, fue tolerado y su labor fue extraordinaria con 60 sacerdotes, 200 religiosas y 300 vírgenes consagradas dedicadas a la evangelización. El centenar  de obispos por el 70% actúan legalmente; el 30% actúa en forma clandestina. El Vaticano pide la plena legitimación de los clandestinos y está dispuesto a reconocer a los 8 obispos ordenados sin el consentimiento del Papa, excepto dos por evidente inmoralidad. La reciente noticia de la ordenación ilegítima de un obispo clandestino por parte de otro obispo clandestino, ha preocupado a muchos si se tiene en cuenta el llamado del cardenal Zen Ze-Kiun de Hong Kong en mayo pasado para contrarrestar los acuerdos entre el Vaticano y China, invitando a seguir su propia consciencia y a desobedecer al Papa si fuera necesario. También se han conocido las nuevas normas del gobierno chino sobre actividades religiosas, que establecen un control todavía más obsesivo de la vida de los creyentes: restricciones sobre las construcciones de edificios, personal extranjero, información religiosa, multas exorbitantes, prohibición absoluta a los miembros del partido de participar de cualquier culto. Sin embargo los diálogos entre el Vaticano y China progresan en forma satisfactoria, aún si lentamente. La ordenación episcopal hecha recientemente contra la explícita voluntad de Roma de no proceder más con la ordenación de obispos clandestinos como al tiempo del Papa Juan Pablo, no va a paralizar los diálogos. De hecho el nuevo obispo ya ha sido excomulgado por su obispo legítimo, también clandestino. Sin embargo no deja de ser una herida dolorosa en el corazón de la Iglesia China, la que podría llevar, si se repite, a un cisma de los clandestinos. El hecho confirma la existencia entre los clandestinos de franjas rigoristas que rechazan el diálogo con el gobierno y tildan de “traidores” a los que están a favor de los acuerdos. Esa sorda oposición ya se percibió cuando salió la Carta del Papa Benedicto a los católicos chinos en el 2007.

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