ANTONIO POSSAMAI: PREGUNTAS INTRIGANTES

diocesedejiparana.org.br
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Antonio Possamai es obispo emérito de Ji-Paraná, una diócesis de la Amazonia brasileña -la que pastoreó de 1983 a 2007- foco de numerosos conflictos relacionados con el campo y la tierra. Allí fue martirizado el comboniano Ezequiel Ramin en 1985 por defender a los campesinos pobres. Afirma el obispo: “Uno de los pecados más grandes de nuestra Iglesia es que no educamos a nuestra gente para vivir la fe tanto en la dimensión estrictamente religiosa como en la dimensión socio-política. El problema está en una catequesis muy limitada, restringida y superficial solo para niños y adolescentes, en vista de los sacramentos. Es una catequesis que no lleva a vivir la fe en todas las circunstancias de la vida. Solo buscamos amansar, resignar, domesticar a la gente para que siga las costumbres tradicionales y no transmitirles convicciones de fe.

Estamos preocupados por misas, paramentos vistosos, sacramentos, novenas, fiestas, tómbolas; nos hemos convertido en una Iglesia que no incomoda a nadie. Me pregunto cómo el clero, como consecuencia de una formación precaria que no abordaba las cuestiones  relacionadas con la Doctrina Social de la Iglesia, pueda estar comprometido hoy con la formación social de la gente y ser capaz de analizar éticamente el tiempo que estamos viviendo. Los Consejos Pastorales muchas veces se reúnen para tratar sobre dinero, paredes, manutención, medios para recaudar más..; falta preocupación por los sufrimientos de la gente y de los pobres de las periferias que siguen aumentando porque el latifundio avanza. Hay inclusive diócesis y parroquias que rechazan la formación en temas sociales y políticos. Hay canales de televisión católicas que ni siquiera mencionan el trabajo de las Pastorales Sociales de la Iglesia; no dan a conocer las luchas para defender la vida de los pueblos indígenas, negros, descendientes de esclavos, sin tierra, sin techo. No es posible ser cristianos sin defender a los más pobres. Amazonia fue conquistada masacrando a varios pueblos indígenas y sigue siendo expoliada, provocando la emigración de la gente, expulsada por la soja, el ganado, los pesticidas, la contaminación de las aguas, falta de saneamiento básico, educación precaria, proliferación de enfermedades a las que no atiende el actual y vergonzoso sistema de salud. Después del tiempo pos-conciliar, muy fecundo, han llegado los movimientos eclesiales que en general no se preocupan de estos temas, lo que ha tenido como consecuencia que ahora hay una Iglesia callada, poco profética”. Las palabras inquietantes de este anciano obispo de 87 años de edad y de 24 de ministerio episcopal en Amazonia, no son sin embargo de amargura sino de esperanza porque en el Papa Francisco ve un “regalo de Dios a nuestros pueblos”. Su sueño de una “Iglesia pobre para los pobres”, es un sueño largamente esperado.

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