LA BATALLA DEL “GENDER”

1640Ha parecido a algunos un contrasentido la afirmación del Papa, en el viaje de vuelta de Azerbaiyán, sobre la “guerra mundial contra el matrimonio” y la “colonización ideológica” de la juventud sobre el tema “gender” por un lado, y por el otro su actitud de compasión y misericordia para con los homosexuales. En realidad, ya en el n.56 de “Amoris Laetitia” el Papa denuncia “la ideología llamada “gender” que niega la diferencia y la reciprocidad natural entre varón y mujer y que presenta la perspectiva de una sociedad sin diferencias de sexo. Esta ideología lleva a proyectos educativos y orientaciones legislativas  que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre varón y mujer. Es inquietante que esta ideología determine también la educación de los niños. El sexo biológico y su rol socio-cultural se pueden distinguir, pero no separar”. Hablando a los obispos polacos en julio del año pasado el Papa lamentaba: “Hoy a los niños en ciertos lugares se les enseña que el sexo se puede elegir. Son colonizaciones ideológicas apoyadas, aún financieramente, por países muy influyentes”. El Papa recordó el episodio de un niño de diez años que, a la pregunta qué haría de grande, contestó que quería ser mujer, porque se lo habían enseñado en la escuela. Según esta ideología, el género (masculino o femenino) es una construcción de la sociedad y de la cultura; no es una herencia. El ser varón o mujer debe dejarse a la libre determinación del individuo; y esto es posible gracias a los adelantos de la ciencia. La mentada contradicción del Papa por otra parte no existe, porque otra cosa es “acoger, aceptar y acompañar a las personas que tienen la tendencia homosexual o hagan esta opción, incluso que cambien de sexo, porque así haría Jesús que no rechazaba a nadie”, dijo el Papa. Esto no es buenismo ni relativismo, sino una actitud evangélica. Hace poco el Papa recibió en el Vaticano a un transexual católico, Diego Neria, el cual declaró después: “Me siento ahora muy querido por Dios. Somos gente que llevamos toda la vida pensando que estamos condenados y no tenemos lugar dentro de la Iglesia. Son miles las personas que desean acercarse a la Iglesia, pero no se atreven porque hay personas que las marginan, las tachan de pecadores, de enfermos mentales. Le hacen así un flaco favor a la Iglesia”.

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