(tema central): Reino de Dios ¿esperanza para la humanidad o utopía?

Es un tema muy importante del cual poco se habla: la gente del siglo XXI no sabe de qué se trata, tal vez pueda pensar en un cuento de niños… pero las personas adultas no se dedican a los cuentos de niños.

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El autor: teólogo valdense Pablo Ricca

Jesús, en cambio, no habló de nada más: solo habló del Reino de Dios (o Reino de los cielos, para evitar pronunciar el santo nombre de Dios). Toda su predicación y misión giró alrededor de este único tema. Desde los comienzos hasta el final Jesús no se ocupó de nada más. La primera palabra que se recuerda de Jesús en el Evangelio se refiere al Reino: “el Reino de Dios está cerca, conviértanse”; la última palabra también: “hoy estarás conmigo en el Reino”; las parábolas, herramientas fundamentales de la enseñanza de Jesús, son en un 90% parábolas del Reino: narran de forma comparativa lo que el Reino es, se aparece (el Reino es como…); Jesús usa las parábolas porque el Reino no se puede definir, no se puede decir lo que es: solo se puede decir a qué se parece, porque es una realidad divina que, como Dios, está más allá de cualquier descripción humana. Solo se puede comparar con algo que sea parte de nuestra experiencia cotidiana: no se puede definir sino solo comparar. Y la ética de Jesús, toda su enseñanza (pensando en particular en el sermón de la montaña, casi una síntesis de su enseñanza moral) es la ética del Reino. En el centro del sermón de la montaña está la famosa palabra: “busquen primero el Reino de Dios y todo lo demás se les dará por añadidura”. El Reino de Dios es el corazón de la revelación de Jesús, a través de sus obras, palabras y vida.

Jesús no habla de otra cosa que del Reino; pero del Reino otros hablaron: profetas y sabios del periodo inetertestamentario. ¿Cuál es la novedad de Jesús? Solo en un aspecto la predicación del Reino es novedosa en Jesús,  porque él dice que “el Reino de Dios está cerca”, se nos acercó. Está aquí, “dentro de ustedes”: ésta es la novedad. Todos tenían una idea del Reino, todos esperaban su llegada; pero esta llegada parecía indeterminada, una espera sin límites, quien sabe cuando…. Esta es la novedad de Jesús: ¡el Reino está aquí! Es un cambio fundamental, que Jesús ha llevado a su generación. Para Jesús el Reino es mucho más que una esperanza: es una realidad, la realidad, la única cosa que valía la pena describir, lo único sobre lo cual Jesús quería atraer la atención; el único tema, la realidad misma. El discurso sobre el Reino es absolutamente central en la predicación, en la vida en la experiencia de Jesús de Nazaret; y en Jesús de Nazaret los cristianos ponen su fe y confianza.

Características fundamentales del Reino de Dios en Jesús
La primera.
No es superfluo decir que el Reino es de Dios: no es mío, ni tuyo, ni nuestro. Es de Dios. Jesús afirmando que el Reino es de Dios excluye dos otros reinos de los cuales se hablaba en su tiempo: el reino de David, o de Israel; y el reino del César, de Pilato, de Roma. No es el reino de David el que anuncia Jesús: hoy el reino de David es el reino de la Iglesia o de las Iglesias. El Reino de Dios puede estar en la Iglesia católica, o en la valdense o en la bautista, pero es de Dios y no es de la Iglesia; puede estar en la Iglesia o fuera de ella, pero la cosa importantísima, la primera precisión de Jesús es que no es el Reino de la sinagoga, no es el Reino de David y del sueño teocrático de los zelotes: es de Dios, no de Israel. maxresdefaultTampoco es el Reino del César. Cuando Jesús se encuentra frente a Pilato lo invita a no tener miedo, ya que Jesús no está interesado en su reino. Jesús es rey, pero un rey muy diverso del rey de Pilato. El Reino que Jesús anuncia es de Dios, no del emperador romano. El Reino de Dios no es de este mundo; es aquí, frente a Pilato, casi desafiando su reino y su manera de reinar, de ser rey, pero Jesús es rey del Reino de Dios, no del reino del César. Es decir: el Reino de Dios no es un proyecto político, no es la mejor democracia del mundo, no es la república que todos sueñan. El mejor reino terrenal y humano no es el Reino de Dios; el mejor Reino del mejor Cesar no es el Reino de Dios. El Reino de Dios es otra cosa. Es de Dios y no del Cesar. Esta es la primera y fundamental característica del Reino de Dios; fundamental para entender bien dónde nos lleva Jesús, con su discurso sobre el Reino de Dios.

the-passion-of-the-christ_2La segunda característica es la que Jesús recuerda a Pilato: el Reino de Dios no es de este mundo; está en este mundo, para este mundo, pero no es de este mundo; es decir: las reglas que lo gobiernan, los criterios de juicio en base a los cuales se constituye no son las reglas de los reinos de la tierra, no son los criterios de juicio que valen en este mundo. Jesús es rey, pero un rey completamente diferente en comparación a los reyes que vivieron, viven y vivirán en este mundo. Nunca ha vivido un rey como Jesús: uno que no gobierna con la ley, sino con el Evangelio, con el Amor en definitiva; no tiene en la mano un cetro, sino una caña; no tiene en la cabeza una diadema sino una corona de espinas; no está sentado en un trono sino está clavado en una cruz; y en esta cruz, según el evangelista Juan, hay una inscripción en tres lenguas que proclama la realeza de Jesús: Jesús el Nazareno, Rey de los Judíos. Un rey de este tipo nunca se vio en la tierra y nunca más se encontrará uno parecido. Sin embargo, ésta realeza tan rara Jesús la vivió en esta tierra, entre los reinos de esta tierra, casi como desafío a los reinos de este mundo, como señal que Dios reina de otra forma y no como los reinos de esta tierra. El hecho que la realeza de Jesús ha sido vivida en este mundo significa que es practicable, que no es una realeza de las nubes o más allá de las nubes. Tiene valor en esta tierra, a pesar que en este mundo fue crucificada: pero Jesús la resucita, Dios la resucita; tiene valor, pero es crucificada.

La tercera característica es muy interesante: el Reino de Dios, así como Jesús lo describe, parece ubicarse en el ámbito de la vida común y corriente, profana, la vida de todos los días y de todas las personas, que no tiene nada de particularmente religioso o eclesiástico. Es sorprendente que de todas las parábolas del Reino, ninguna se desarrolla en una sinagoga o en el templo, en un ámbito religioso, ninguna tiene como protagonista un hombre religioso, un fariseo o un sacerdote… Todas las parábolas se desarrollan en lo profano: un campesino que siembra, una mujer que pone levadura en la harina, un mercante de perlas, uno que encuentra un tesoro en un campo que no era suyo, un pescador que tira las redes y separa los peces comestibles de los que no los son. Todas parábolas de la vida cotidiana y profana: ¿qué significa esto? Significa una cosa simple, importante y olvidada: el Reino de Dios es laico, no pertenece al universo religioso. Nadie se lo esperaba. Parece natural identificar todo lo que es de Dios con lo que es de la Iglesia: parece lógico y natural… Pero Jesús hace un discurso diverso: convoca el Reino de Dios en el espacio laico, en el espacio de todos. Es una característica extraordinaria: el Reino de Dios hay que buscarlo en el espacio profano y laico.

La cuarta característica del Reino es que está escondido. No es evidente ni aparece; no se nota, así como la perla hasta que está en la almeja o el tesoro mientras está enterrado, o la semilla bajo tierra, o la levadura en la masa: no se ven, no se notan y sin embargo están ahí; así el Reino de Dios está escondido, no es evidente, no se ve. Entonces ¿Cómo discernirlo? Hay que dejarse guiar por la Palabra, por las comparaciones y ejemplos que Jesús propone: este es la verdadera tarea de la comunidad cristiana, el discernimiento de la presencia del Reino de Dios en el mundo profano.

La quinta característica del Reino de Dios es que es simultáneamente presente y futuro. Por un lado Jesús dice que el Reino está entre nosotros, pero también nos enseña a rezar diciendo “venga tu Reino”. ¿Cómo explicar esta doble dimensión presente y futura? Se puede explicar con el hecho que el Reino es escondido (presente) y debe ser manifestado (futuro); también si se considera que el Reino es de Dios, Dios es eterno y resume en sí mismos presente, pasado y futuro; donde está Dios está también el futuro, el futuro germina y crece. Por eso que está bien hablar de esperanza hablando del Reino, porque la esperanza está en el futuro; tener futuro significa tener esperanza. Dios no es rehén de nuestro presente y su Reino tampoco, por eso es presente y futuro. Dios no es una realidad encerrada, delimitada: por eso que el futuro pertenece como dimensión al Reino de Dios.

Contenidos del Reino de Dios
Son estos contenidos que hacen central el Reino en la fe cristiana. Son estos que mostrarán que el Reino de Dios es esperanza para la humanidad y más que esperanza. Para introducir estos contenidos, nuevamente es importante volver a subrayar que el Reino es de Dios: Dios es el único autor, el único que lo genera; no es obra nuestra, pero nosotros, además que rezar para que venga, podemos construir parábolas del Reino. Porque Jesús no solo narró parábolas, también construyó parábolas; y esta es nuestra tarea si queremos ser discípulos de Jesús, para continuar su predicación del Reino de Dios. También es importante volver a afirmar que el Reino de Dios Jesús lo ubica en la laicidad, en lo profano. El Reino de Dios no es el Reino de las Iglesias: sería oportuno que las iglesias hablaran menos de ellas mismas y un poco más del Reino de Dios y que éste volviera a ser el tema central de la predicación y del testimonio de las iglesias, como lo hizo Jesús. Entonces la tarea es liberar a Dios de la cárcel religiosa, es decir de la idea que Dios está dentro de la religión y no afuera. Necesitamos un Dios que se desplace en el mundo profano, y la función de la Iglesia será la de discernir esta presencia; no identificar la presencia de Dios con la presencia de la iglesia, sino discernir la presencia de Dios en el mundo.

Primer contenido: la curación, la sanación. Fue, junto con la predicación, lo que más preocupó Jesús. Jesús predicaba el Evangelio del Reino, sanando toda enfermedad; envía a los discípulos encargándole de sanar a los enfermos y diciéndoles que el Reino está cerca de ellos. La humanidad está enferma físicamente, moralmente, socialmente: Jesús envía a sanar y a decir que el Reino está cerca. Primero la sanación y luego el anuncio. ¿Es posible esta sanación? Sí, a condición de tener una fe grande como una semilla de mostaza. La Iglesia es comunidad terapéutica, que sana: tarea maravillosa. Alguien podrá decir que no tiene la capacidad de Jesús, que era Hijo de Dios; pero el verbo griego que traducimos con “sanar” significa también “curar”, “encargarse del cuidado de”: es verdad que no siempre se puede sanar, pero siempre se puede encargarse del cuidado, y esto también es una forma de sanación, cuando la enfermedad del otro me interesa, y yo no puedo vivir como si el otro no estuviera enfermo. Ahí está la explicación del hecho que Jesús paraba cuando uno le pedía ayuda o sanación: a diferencia de la mentalidad antigua, donde la enfermedad era un problema individual, ya que Dios castiga individualmente, y no se podía entrar en el juicio divino, Jesús para, sana, se encarga del cuidado de quien lo busca, porque su enfermedad es un problema también de Jesús, también de su comunidad. Entonces el Reino de Dios está cerca ahí donde se cuidan los enfermos, enfermos de toda formas, ahí donde la enfermedad llega a ser problema de todos y no solo del enfermo. En este sentido, un servicio de salud gratuito y abierto a todos sería una parábola del Reino de Dios.

Usina Cultural del Hospital Vilardebó
Usina Cultural del Hospital Vilardebó

Segundo contenido: un gran número de los sanados por Jesús eran endemoniados, los que hoy serían los enfermos psiquiátricos, que en la visión de aquellos tiempos eran considerados poseídos por el demonio: Jesús echa a estos demonios. Es una profecía extraordinaria del Reino como el lugar donde los demonios son echados, no atormentan más. Hoy hay muchos demonios: la violencia, la mentira (nunca fue tan difícil como hoy conocer la verdad), la posesión o propiedad (qué difícil es hoy para todos compartir algo con los demás)… El Reino de Dios está cerca ahí donde los demonios son echados, donde la sociedad es liberada de estos demonios que la contaminan; y cada una de estas liberaciones son parábolas del Reino de Dios.

Tercer contenido: el pan de cada día. La más grande de las parábolas del Reino puesta en obra por Jesús es la multiplicación de los panes y los pescados, y el último gesto realizado por Jesús con sus discípulos fue la fracción y el compartir el pan eucarístico. La primera petición del Padre Nuestro que tiene que ver con nosotros es “danos hoy el pan de cada día”, antes de pedir el importantísimo perdón. Sin duda Jesús dijo que “no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, pero la persona vive antes que nada de pan. También Jesús dice de preocuparse por el alimento que da la vida eterna (Jn 6) pero lo dice luego de haber multiplicado los panes y los pescados, es decir, luego que la muchedumbre fue saciada. El pan es la prioridad en el Reino de Dios. Dios en primer lugar quiere que haya pan para todos: hoy hay hambre y muerte por falta de pan y es la mayor de las blasfemias u ofensas que desde la tierra sube hacia Dios; y somos nosotros los que ofendemos a Dios cuando miramos impotentes y sin hacer nada a los hermanos cercanos o lejanos que sufren por falta de pan. El Reino de Dios está cerca ahí donde se da hoy la multiplicación de los panes y los pescados, y en cada lugar donde el pan es partido y compartido, ahí se da una parábola del Reinos de los cielos.

El cuarto contenido del Reino es el cambio de lugar en las jerarquías humanas. Jesús varias veces dijo: “muchos de los primeros serán los últimos y muchos de los últimos serán primeros”. El Reino de Dios es nuestro mundo, pero al revés. Dios le da la vuelta porque está mal edificado y está mal edificado porque los primeros son siempre más primeros y los últimos son siempre más últimos. Este es el sentido del cambio, no simplemente crear una jerarquía al revés, sino abolir, en lo posible, las jerarquías. Y luego crear, como dice san Pablo, las condiciones para la igualdad donde, dice Pablo hablando del maná, quien cosechó mucho no le sobró y quien cosechó poco no le faltó. Igualdad: una palabra que parece hoy prohibida; en cambio es una palabra evangélica, una palabra del Reino donde somos todos hijos y entonces hermanos y entonces, en la medida de lo posible, iguales en dignidad. Allí donde en el mundo se acerca esta situación de igualdad, ahí el Reino de Dios está cerca: es otra parábola del Reino.

Marcha de la Diversidad, Montevideo.com.uy
Marcha de la Diversidad (Montevideo.com.uy)

El quinto contenido es la inclusión. Cuando Jesús encuentra un excluido, como Zaqueo, dice: “él también es hijo de Abrán”; lo dice también para una mujer que él sana. Es decir: Jesús incluye al excluido. Esto también es el Reino, la inclusión de los excluidos. Nadie está afuera. Allí donde hay una persona o una institución que incluye y no excluye, ahí está el Reino de Dios, allí se da otra parábola del Reino.

El sexto contenido es la no violencia. Jesús fue profeta sin armas. El siglo XX fue el más violento de la historia, pero también fue el siglo donde vivieron figuras extraordinarias, testigos de la no violencia que pagaron con su vida su opción de paz: Ghandi, Martin Luther King y muchos otros. Un siglo violentísimo, pero también el siglo donde apareció la aurora de una nueva civilización: una civilización no violenta es totalmente diversa de las otras, y es nueva en comparación a las anteriores. La conversión a la no violencia es la más difícil porque nadie cree en ella, todos tiene objeciones y el camino de la no violencia resulta bastante desierto. Pero cada vez que en el mundo se da un comportamiento o una opción no violenta, ahí el Reino de Dios está cerca y ahí vemos una parábola del mismo Reino.

El Jesús misericordioso de Pasolini
“Misericordia, no sacrificios” (en Pasolini)

El último contenido, que sería el primero y fundamental en el sentido que revela la liberación de Jesús, es la misericordia, la piedad, la compasión, el perdón. Es esta la palabra decisiva y última que mejor revela el Reino de Dios, es decir el corazón de Dios: la misericordia. Allí donde hay perdón real, piedad, compasión, ahí está el Reino de Dios, ahí se narra una parábola del Reino de Dios.

Si este es el contenido del Reino, el Reino de Dios es no solo la esperanza del mundo, sino la vida misma del mundo.                             

Pablo Ricca, biblista de la Iglesia Valdense

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