TESTIMONIO: LA VIDA IMPOSIBLE DE KAROLINE MAYER

baaace1d5e669324La llaman “Madre Teresa de Chile”. Fue religiosa de las Siervas del Espíritu Santo. A los 25 años llegó a Chile desde Alemania. Pensaba ir misionera a China o a la India, pero la enviaron a Chile y allí hasta hoy sigue trabajando entre los más pobres de las poblaciones, desde hace 48 años.

 

“Yo pensaba trabajar como médico en los lugares más perdidos y más pobres del mundo; quería anunciar a los más lejanos la buena noticia del amor de Dios que tanto necesita la humanidad”, escribe. Estudió enfermería en la universidad pública de Santiago y después, con el permiso de la Congregación, se fue a trabajar en una villa miseria cerca del basural de Las Condes, barrio de clase alta.

Recuerda: “Yo sentí finalmente que ese era mi lugar de misión, donde Jesús me llamaba. Quería llegar a ser uno de esos pobres. Sufrí el hambre con la gente, las pulgas, los piojos. Me infecté, pero no me importaba; quería dar testimonio de Jesús, aunque durante meses no hablé de Él. Ellos veían a la Iglesia muy lejos. Cuando se enteraron de mi identidad, se preguntaban qué buscaba allí una monja y no me tenían en cuenta; me cuestionaban como que iba allí para convertir a la gente y llevarla a la iglesia. Yo por otra parte me sentía impotente viendo a los niños desnutridos sin ir a la escuela”. Karoline cuenta como después se encontró con un misionero francés, un cura obrero que vivía en una choza e iba organizando pequeñas comunidades de base, leyendo el evangelio y bajándolo a la vida concreta de la gente. La preocupación por los niños desnutridos la llevó, con algunas mujeres, a ir a los supermercados para pedir alimentos sobrantes. Consiguió una olla grande y así empezó su primer comedor infantil con 150 niños, para que las madres pudieran salir a trabajar. Comenta feliz: “Esta era la multiplicación de los panes. Esto era algo que Dios había hecho de la nada. Pero me seguían llamando “gringa” y también “yanqui”. Todavía yo no residía plenamente con ellos en el barrio. Pero quería vivir con ellos y como ellos, en una “callampa”(casa de cartón y lata)”. Decía Karoline: “ Si quieres evangelizar, necesitas la confianza de las personas; para eso tienes que acercarte lo más posible a ellas. Solo estando cerca del mundo obrero es posible comprender su manera de pensar; es un idioma distinto”.

A comienzos del año 71 la Hermana Karoline, a través de su Congregación, pidió al Vaticano poder vivir en un rancho. “Me contestaron que lo hiciera tres veces por semana. Pero si Jesús hubiera hecho así, hubiera bajado tres veces por semana a esta tierra. Por fin mi Congregación consiguió una casita en esa zona de emergencia con dos hermanas dispuestas a acompañarme, a medio metro de la choza de un vecino alcoholizado. La población tenía trece mil habitantes y ya habíamos organizado dos asilos infantiles. Pero en esa época muy politizada hasta mis superioras empezaron a verme como rebelde y metida en política. Cuando por unas injusticias salí en los diarios y por televisión, en marzo del 73 me sacaron del país. Ya en Europa, con el golpe de Pinochet, desde Holanda me enteré que yo estaba en la lista negra y no podía volver. Sin embargo yo quería volver y después de un mes de recogimiento y oración, decidí dejar la Congregación para ser fiel a mi gente. Mil veces había prometido a los pobres de mi barrio que no los hubiera abandonado. Encontré el apoyo de Henriquez Silva, obispo de Santiago,  y con una laica consagrada volví a los asentamientos, viviendo en una casita de madera, colaborando con las obras sociales de la Iglesia y con el obispo Jorge Hourton”. Con la vuelta de la democracia Karoline creó, con ayuda de Europa y del estado chileno, la Fundación “Cristo Vive” en 1990; un centro de rehabilitación de la droga, atención a personas de la calle, talleres para mujeres, dispensario, centros infantiles, con cantidad de voluntarios. Hasta el día de hoy Karoline sigue al frente de esa obra, con sus juveniles 72 años. Lleva al pecho una cruz y una insignia que dice: “No al lucro”, el lema de los estudiantes chilenos que hoy piden enseñanza gratuita. Su obra se extendió hasta Perú y Bolivia. Su pequeña comunidad de mujeres consagradas se llama: “Comunidad de Jesús”. La secretaria de la Fundación asegura: “Sus días son muy largos y nunca se sabe a qué hora terminan, porque si llega a alguien a medianoche o en la madrugada se levanta para atenderlo o acompañarlo a un velorio; siempre está llena de energía”. Todavía maneja el jepp. Ha adoptado a una pequeña que le habían dejado en casa. Recibió cantidad de reconocimientos públicos, hasta la visita de los tres últimos presidentes. En el 2008 escribió un libro fascinante: “El secreto siempre es el amor”. Admira al Papa Francisco porque, “como Jesús, es un provocador, cuestiona el sistema económico actual que estafa al pueblo y nos pide que hagamos lío”. Ella entiende que “la Iglesia debe renunciar al poder. No hay que buscar la riqueza ni el poder, sino el servicio. Hay que jugarse por la gente y luchar contra las causas políticas, sociales y económicas que provocan injusticia y pobreza. Hoy la Iglesia ya no se confronta con esta problemática, como cuando fue un faro para el mundo durante la dictadura. La cúpula de la Iglesia se ha desconectado de los pobres”. A Karoline se la ve siempre sonriente. Su vida es una vida imposible de entender, pero realizada y feliz.

P.C.

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