CHINA: ALGO SE MUEVE

El  Secretario de Estado del Vaticano Pietro Parolin confirmó que  una delegación vaticana ha estado en Pekín a mediados de octubre pasado. Según él se está llevando a cabo un “diálogo muy positivo” que produjo “satisfacción de ambas partes”. La delegación vaticana formada por seis miembros visitó la catedral de Pekín, se reunió con el obispo Joseph Li Shan (reconocido por el gobierno y el Vaticano) y visitó el Seminario. Ya desde 2007 a 2009 había habido dos encuentros en Pekín y varios en Roma; se estaban produciendo nombramientos de obispos de común acuerdo entre Pekín y Roma. En marzo del 2011 la comisión vaticana sobre China pidió a los obispos chinos no participar a las reuniones convocadas por la Asociación  Patriótica, lo que generó que se ordenaran nuevos obispos sin el consentimiento de Roma. Estos obispos fueron excomulgados y el diálogo se paralizó.

En agosto del año pasado el obispo Joseph Zhang Yiulin volvió nuevamente a ser elegido con ambos consentimientos. Eran tres años que ya no se ordenaban obispos, con la necesidad urgente que hay de pastores. Hasta el clero clandestino espera un acuerdo con el gobierno. El cardenal Parolin ha recordado recientemente que siempre la Iglesia ha evitado ser y aparecer como un instrumento de intereses occidentales, siendo que su misión es religiosa y no política. No se trata de una religión “extranjera”; la Iglesia quiere ser autóctona e inculturarse en la cultura china. Pero sigue habiendo oposición dentro mismo de la Iglesia a esta política por parte de los que dicen que se quiere acordar con el gobierno comunista sobre la piel de los católicos chinos. El obispo emérito de Hong-Kong Joseph Zen se opone al diálogo si no hay una evolución en la política de libertad religiosa. Meses atrás el mismo había invitado a los católicos chinos a la objeción de conciencia  frente a un eventual acuerdo entre el Vaticano y China. Esta postura radical es un índice seguro de que algo se mueve. Recientemente se llamó a silencio porque “el tiempo del debate se ha agotado y solo queda la obediencia al Papa y a la conciencia personal”. Zen está con la línea de la firmeza porqué no cree en la buena voluntad de los comunistas. Su sucesor sin embargo, John Tong Hon, apoya el trabajo del Vaticano; para él hay que “chinizar” cada vez más a la Iglesia Católica; y la verdadera cuestión es la reconciliación entre católicos para poner fin a un pasado histórico de sufrimiento e incomprensiones.

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